Regidoras peruanas luchan en la tierra de glaciares derretidos

Por Milagros Salazar

HAVANA TIMES, 26 sep. (IPS) — Ciertos actos simbólicos resumen algunas luchas. En marzo unas 300 mujeres plantaron árboles en la cuenca del río Santa, en el departamento peruano de Ancash, para evidenciar su decisión de preservar el ambiente y enfrentar el cambio climático. Ahora existe una red de regidoras organizadas con este fin.

La organizadora de la plantación fue la única mujer regidora (concejala) de la municipalidad provincial de Recuay, Eugenia Maguiña, que convocó a las madres del programa asistencial alimentario para familias pobres del Vaso de Leche, a que participaran en la actividad el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo.

Con la iniciativa se buscó dar una prueba práctica de que “se puede contribuir a las soluciones de la mano de la población”, dijo a IPS.

Eran los días del nacimiento de la Red de Mujeres Regidoras de Ancash, que agrupa a unas 40 autoridades edilicias de los municipios de la zona media y alta de la cuenca del río Santa, que es una fuente principal de agua para la región del que dependen los habitantes de la zona andina y costera del centro-occidental y andino departamento.

Maguiña reconoce que los efectos del cambio climático afectan a todos los seres humanos, pero también aclara que hay algunos países y zonas rurales que son más impactados que otros, como es el caso de Perú y sus ecosistemas de montaña.

“Hay una injusticia climática es verdad, pero no podemos quedarnos sin hacer nada. Hay que contribuir en las soluciones”, aseguró a IPS, para detallar que las mujeres tienen que participar en ese proceso porque “son especialmente afectadas por las alteraciones del clima”.

Ancash, una región con algo más de un millón de habitantes y que vive principalmente de la agricultura y la ganadería, además del turismo y la minería, es un ejemplo de las relaciones ecológicas desiguales puestas en evidencia por el proceso del calentamiento global.

El Norte industrial es el gran responsable de la emisión de los gases de efecto invernadero que provocan el fenómeno, pero son los países del Sur en desarrollo y sus sectores sociales más vulnerables, como las mujeres, los que más esfuerzos deben hacer para adaptarse y mitigar sus efectos.

En Ancash se concentra un gran número de glaciares que son fuentes de agua y que se han ido extinguiendo por el incremento de las temperaturas. Se calcula que en los últimos 30 años, en Perú desaparecieron 25 por ciento de los glaciares andinos.

Debido a esta situación vulnerable, el no gubernamental Instituto de Montaña impulsó el trabajo de las mujeres regidoras como parte de un proyecto que ejecuta con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés), bajo el nombre ‘De las Cumbres a la Costa’.

La misión del proyecto es desarrollar modelos de conservación y uso sostenible de ecosistemas de montaña que regulen el ciclo del agua mediante el cultivo de pastizales y bosques. Y a la vez, capacitar a las autoridades locales y sensibilizar a la población en gestión ambiental y proyectos de adaptación frente al cambio climático.

El trabajo se concentra en dos de las 20 provincias de Ancash: Recuay (cuenca del Santa) y Bolognesi (cuencas del Santa, Fortaleza y Pativilca), en zonas que oscilan entre 3.000 y 5.000 metros sobre el nivel del mar.

“Con el retroceso glaciar cada vez será más difícil acceder a agua. Por eso es importante que los pastizales de la puna (tierra alta andina) almacenen agua en época de lluvia y que sirvan como fuente de agua en época de seca”, dijo a IPS Cristine Giraud, coordinadora del proyecto.

“La forestación es importante, además se benefician todos: las zonas altas y las ciudades”, detalló.

“Las mujeres generalmente son más conscientes de la escasez del agua porque debe velar por el cuidado de los hijos. Es clave incluirlas en este tipo de iniciativas de adaptación y mitigación del cambio climático”, agregó.

Giraud consideró que las mujeres son las más afectadas por este problema global debido a que son las que deben resolver las necesidades diarias en casa: agua, alimentación.

Estas zonas de Ancash viven principalmente de lo que produce la chacra (granja) y las alteraciones climáticas han provocado la pérdida de muchas cosecha, por temporadas de lluvias y sequía impredecibles o la aparición de plagas.

La representante del Instituto de Montaña resaltó que el proyecto tiene “un enfoque de género que busca rescatar el rol importante que tiene la mujer en la ganadería y la gestión de los ecosistemas de la puna así como su papel dentro de la familia”.

Como primer paso, las participantes de la red han trabajado en fortalecer sus liderazgos y adquirir mayores conocimientos en el tema ambiental y de cambio climático. De esta forma, podrán elaborar mejores proyectos en sus municipios e influenciar para que las demás autoridades trabajen en la misma línea.

“Las mujeres se desempeñan de manera tan o más profesional que los hombres. Son responsables en las tareas que asumen”, manifestó a IPS el alcalde de Recuay, Milton León.

Aseguró que en coordinación con otros dos alcaldes presentará al gobierno regional de Ancash un proyecto para forestar 11.000 hectáreas y se impulsará todo lo relacionado a la preservación de las fuentes de agua.

El alcalde de Recuay manifestó que es importante que las mujeres también adquieran mayor autonomía económica para vencer el machismo que hay en muchas familias. “Muchas de ellas necesitan salir adelante, hay varias madres solteras, por eso entre el 35 y 40 por ciento de los trabajadores en obras públicas del municipio son mujeres”, agregó.

La regidora Eugenia Maguiña manifestó que el machismo está dentro y fuera de casa, y que incluso varias integrantes de la red tuvieron que enfrentarse a sus esposos para que respeten su decisión de ocupar un cargo o asumir nuevos retos para sus comunidades.

Otra de las regidoras que conforma la red, Myriam Maguiña, del municipio distrital de Independencia, manifestó que la lucha debe darse a dos niveles: al interior de los municipios y recorriendo el terreno.

Como ejemplo citó el caso de una ordenanza municipal que ella impulsó para prohibir la venta de licor en altas horas de la noche cerca de los colegios y la plaza de Independencia debido al incremento de violencia. Las autoridades de su municipio no la respaldaron, pero sí los pobladores. Y su iniciativa finalmente se convirtió en una ordenanza.

“Si no logramos que la población se interese en estos temas del cambio climático, nuestros proyectos no van a tener respaldo y no se van a ejecutar”, enfatizó.

La regidora aseguró que es urgente que los pobladores abandonen ciertas prácticas como la quema de pastizales o la contaminación de los ríos con basura.

Independencia ya puso en marcha un proyecto de recojo de basura para proteger las fuentes de agua. En breve, Recuay hará lo mismo.
El proyecto del Instituto de Montaña continuará hasta el próximo año, pero la idea es que la red perdure más allá de la cooperación internacional y que permanezca alimentada por las propias autoridades y pobladores.

La red de regidoras de Ancash quiere cruzar otros puentes: conectarse con sus pares de departamento noroccidental de Piura que desde hace algunos años también trabajan unidas. “No somos islas, debemos trabajar juntas para hacer frente a este problema tan grave”, apuntó Myriam Maguiña.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *