¿Quién indemnizará a los iraquíes?

Yusimí Rodríguez

Poster Girl

HAVANA TIMES, 25 abr — El título “Chica de Portada” puede sugerir una historia, ficción o no, sobre alguna de esas chicas hermosas (hermosura casi siempre ayudada por la computadora) que vemos en portadas de revistas exhibiendo sus rostros y cuerpos ideales e inalcanzables.

Pero no es ese el tema del documental norteamericano “Poster Girl” (título original), dirigido por Sarah Nesson, exhibido dentro del espacio Cerrando Distancia, durante la 11na Muestra de Jóvenes Realizadores, que se celebró en nuestra capital, del 3 al 12 de abril.

En 38 minutos, el filme cuenta la historia de Robynn, una norteamericana de 19 años, ex porrista, ganadora de una mención académica honorable al concluir la preparatoria, que decide unirse al ejército, porque “existe la tradición en mi familia… los militares son personas respetables que se sacrifican por el país…”.

Robynn recibe todo su entrenamiento militar, estudia el manual que le entregan y parte a Iraq con una idea romántica de la guerra.  En el filme, nos muestra fotos en las que aparece luciendo con orgullo su uniforme, nos cuenta que le gustaba mantener las botas lustradas.

En otra foto aparece sentada en el regazo de su madre mientras espera el avión que la llevará a Iraq; la cámara capta el orgullo materno. Estas y algunas otras fotos son prácticamente las únicas oportunidades que tendremos de ver a Robynn feliz y saludable a lo largo del documental.

La historia que importa en este documental es la que comienza cuando Robynn ha regresado de la guerra. Ha tenido que apuntar su arma a civiles, niños, mujeres indefensas. Lo peor es que en el momento le pareció normal, que no podía permitirse lo contrario.

No mostrar sensibilidad, les enseñan. Tuvo que ser incluso capaz de reírse de sus víctimas. Pero las cosas que ha debido ver y hacer Robynn, ni su madre las conoce con profundidad; nosotros, como espectadores, las percibimos más en sus silencios, las miradas perdidas, las peleas contra la pared, que en sus propios relatos.

Robynn es una de los tantos soldados norteamericanos que sufre de ansiedad, pánico, histeria; eso que se resume en un término que encuentro tan ambiguo como estrés post-traumático.  Y casi puede decir que es afortunada.

Regresó viva y con todas las partes de su cuerpo. Los dolores en la espalda no le impedirán caminar, no debería ser tan difícil recomenzar la vida, sino fuera por la vergüenza, la rabia contra sí misma, el odio por todas aquellas cosas en las que creía. “Nada me gustaría más que regresar a Iraq y pedir perdón a esas familias por ser su pesadilla”.

Ahora, mira la portada de una revista en la que aparece (porque Robynn ha sido, después de todo, una chica de portada) y se avergüenza de esa imagen que la muestra en Iraq, con su uniforme, junto a otras chicas del ejército, como una propaganda de la guerra.

Para solicitar una indemnización por los daños que le provocó el conflicto bélico, debe ser atendida por psicólogos que la evalúan desde sus cómodos escritorios, personas que no habrán visto la guerra más que en la pantalla del cine o de sus televisores, que le preguntan sobre sus ideas suicidas u homicidas en el mismo tono de cualquier pregunta trivial.

Y debe pasar por esto, y enviar los documentos con diagnósticos detallados, una y otra vez.

Pero esta historia, a diferencia de otras de mujeres y hombres que regresaron mutilados de alguna guerra o nunca regresaron, tiene un final casi feliz, o al menos esperanzador. Robynn, junto a otros veteranos de guerra, encuentra una vía de escape en el arte.

Aquellos uniformes que llevaron una vez con tanto orgullo son procesados hasta que no queda rastro de lo que son y lo que representan; los manuales son ahora utilizados para denunciar la guerra.

Al final del documental, Robynn y sus amigos exponen sus obras en una galería, y explican sus trabajos al público y los periodistas presentes. Robynn luce relajada y casi feliz, se permite incluso bromear con los presentes.

Con los créditos, nos enteramos de que ha cobrado el primer cheque de su indemnización.

Muchas cosas pudieron haber acudido a mi mente mientras miraba los créditos.  Por ejemplo, que en la guerra solo hay perdedores; o tal vez, pude pensar en el papel salvador del arte.

Pero lo primero que cruzó por mi mente fue una pregunta: ¿Quién indemnizará a los iraquíes?

Robynn tiene la suerte de mirar atrás con arrepentimiento, de pensar en un hipotético viaje de regreso a Iraq, a pedir perdón a las familias para quienes fue una pesadilla. Eso significa que está viva.

Ellos, los iraquíes, en el mejor de los casos, en este momento son amedrentados por otro soldado que se convertirá en su nueva pesadilla. Eso significa que aún no los han masacrado, que aún no han muerto en un bombardeo.

No dudo que Robynn es una víctima, que merece ser perdonada y perdonarse por lo que hizo; que merece reiniciar su vida y alcanzar algo de felicidad en este mundo.

Pero no puedo evitar pensar que ella se unió voluntariamente al ejército, pudo elegir y eligió la guerra. El pueblo iraquí no tuvo opción.


7 thoughts on “¿Quién indemnizará a los iraquíes?

  • el 1 mayo, 2012 a las 3:14 pm
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    Gabriel:
    Partamos de un principio: el comentario de Yusimí es sobre EEUU y las secuelas que dejó su guerra en Irak. En tal caso, lo de Angola está un poco traído por los pelos, ¿no crees? Entiendo que lo lógico habría sido suscribir o rebatir, o incluso aportar algo, a lo afirmado, o más bien, reinterpretado por ella. Pero bueno, ya que diste el salto del Asia Menor a África del Sur, revisemos algunos “por cuantos”.
    Lo de Angola fue en esencia un conflicto de la llamada Guerra Fría. Creo que no lo negarás. Y todos sabemos muy bien dónde encajaban las simpatías de La Habana en ese período. Una época de bloques político-ideológico-militares bastante bien definidos, los cuales contaron de forma paralela, y para el caso cubano, con una especie de apéndice, por llamarlo el algún modo: el enfrentamiento frontal al colonialismo, al neocolonialismo y al apartheid, enarbolados estos tres últimos, en esencia y en distintos momentos, por Portugal y Sudáfrica. O sea, que al margen de los compromisos cubanos con el campo socialista, es precio tomar en cuenta su temprano involucramiento, desde los años 60, con las fuerzas del MPLA. No te voy a hacer la historia del tabaco, pues hay mucha tela que cortar, pero sí es imprescindible tomar en cuenta la serie de vínculos que Cuba había ido forjando con los movimientos de liberación anticolonialistas africanos (no sólo con Angola; recordar las SWAPO de Namibia, entre otroas) y que, a mi entender, no pueden resumirse palmariamente en que “fueron a matar angolanos.” Tal visión, además de reduccionista, falsea las dinámicas que hicieron del cono sur africano el teatro de guerra tercermundista por excelencia durante el período de la GF. Resumiendo: Cuba asistía a un aliado (el MPLA), que coincidentemente ostentaba en ese momento el gobierno de la recién liberada República Popular de Angola, a petición suya. No llegó allí por decisión unilateral. Y más: si los angolanos lograron llegar un pacto final entre sus distintas facciones se debió en buena medida a que se evitó la victoria sudafricana sobre una Angola independiente.
    Saltemos ahora 38 años hacia el futuro, en 2003, y ¿qué encontramos? Se ha acabado la Guerra Fría. Al menos la de los grandes bloques. No hay Pacto de Varsovia y el comunismo parece una pieza de museo. EEUU reina en ausencia de cualquier rival digno de encarársele. Y como tal actúa: desafía a la ONU, e incluso a aliados tradicionales de la OTAN, como Francia. Engaña (o intenta engañar) a medio mundo con el cuento de las armas de destrucción masiva de Saddam. Al final invade Irak, un país soberano, pasando por encima de la oposición abierta de casi todo el planeta. Derroca a Saddam (que había sido su aliado en el conflicto con Irán), garantiza un escenario donde probar las armas que a su complejo militar le urgía vender, planta bandera en una zona de ricos recursos naturales y, de paso, va cerrando su proyectada operación de tenazas alrededor de China. Y todo esto, al precio de decenas de miles de vidas iraquíes y de dejar claro que a Washington no hay país, ley, opinión pública o Naciones Unidas que le cierre el paso. Bienvenida la nueva Roma.
    Gabriel, hay unas cuantas diferencias.

  • el 1 mayo, 2012 a las 12:54 pm
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    100% de acuerdo con Gabriel, si dicen que la guerra de Irak fue por codicia de Estados Unidos. Alguien podria explicar cual fue el motivo de Cuba al intervenir en Angola? Seguridad nacional?Solidaridad con quien?Petroleo?Imperialismo cubano? En Angola se sacrificaron muchas vidas y se mataron muchos suenos de cubanos que nada tenian que hacer alla, y fue Etiopia, y fue Argelia y fue casi toda America Latina. El gobierno cubano es muy hipocrita cuando critica a Estados Unidos en su papel de “gendarme internacional” cuando por mucho tiempo escudados en la ideologia y en un papel de supeustos libertadores no han hecho mas que inmiscuirse en los asuntos internos de otros paises y al final no resolver nada.
    Ojala que el gobierno cubano le pida disculpas a Angola, Nicaragua,Granada,Etiopia, El Salvador, Venezuela, Bolivia,Argentina,etc. Entonces si tendria moral para criticar la politica exterior de los Estados Unidos

  • el 30 abril, 2012 a las 3:36 am
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    Isidro,

    Naturalmente no voy a hacer ningún paralelo entre la participación de Estados Unidos en Irak y la del gobierno cubano en Angola. Estados Unidos expulsó a un tirano y llevó la democracia a Irak —con todos sus problemas—. Cuba le echo gasolina a una terrible guerra civil en Angola poniéndose en un bando que quería el monopolio del poder en Angola con una dictadura. Por suerte la guerra civil de Angola finalizó con un acuerdo que permite que ahora los Angolanos puedan vivir en un sistema multipartidista donde pueden resolver sus diferencias democráticamente.

    Es decir, después de una guerra civil de mas de diez años con miles de muertos, la cosa acabó con un sistema democrático libre y multipartidista. Es decir, por ahí había que haber empezado, con lo que los angolanos se habrían ahorrado toda esa guerra y esos muertos.

    Te resumo el papel de Cuba en esa guerra. Cuba fue a Angola a matar angolanos.

  • el 26 abril, 2012 a las 2:16 pm
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    es muy dificil ponerse a pensar imparcialmente sobre los eeuu y sus injusticias bajo la lluvia de ataques permanente que mantiene la prensa nacional: la campaña política no da espacios al debate y ocasiona un rechazo general en la gente que prefiere salirse de todo y ocupar su mente en temas más apremiantes y aterrizados de la vida diaria.
    todas estas guerras pasaron y nosotros sólo vimos solo un pedazo de la historia, que adivino no es tan simple como nos la presentan.
    pero sí, aquí los eeuu son los malos de la película. tienen que cambiar este modus-operandi que no le hace bien a nadie ni a ellos mismo y creo que ya se aprecian los primeros pasos. espero que salga a relucir el potencial de una democracia para fomentar el cambio y el progreso.

  • el 26 abril, 2012 a las 9:12 am
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    Excelente entrada, Yusimí.
    No hay guerra simpática, más allá de los motivos que la generen. Toda conflagración bélica implica la autodestrucción del género humano y la acompañan secuelas que con frecuencia ni el tiempo puede borrar. Y estas secuelas, en el caso de Irak, saltan a la vista. Ya no está Saddam Hussein, pero Irak sigue siendo un sitio inseguro para muchos de sus habitantes, considerado además entre los más inestables del mundo. La violencia sectaria continúa reclamando vidas. Cada día. De ahí la importancia de este título, desde el cual ya se adopta una posición ética. El greueso del contingente bélico de EEUU se marchó del país en diciembre, dejando más de 100 mil muertos como resultado de la invasión, según cifras conservadoras. Hoy quedan unos cuatro mil efectivos estadounidenses allí. Para el Pentágono, buena parte de las decenas de miles de iraquíes muertos por sus ataques pasan a engrosar su lista de víctimas colaterales. A los habitantes del país no les queda más opción que resignarse a su papel de víctima propicia de una componenda más de los poderes establecidos en Washington.
    Y, Gabriel, sí, sería interesante contar con un audiovisual de los veteranos cubanos de Angola, al cabo de tantos años, como testimonio de un importante capítulo en la historia de Cuba. Mi hermano menor estuvo dos años y medio en el sur del país africano. Regresó a Cuba un tanto desajustado, como era de esperar del alguien cuya labor era rescatar a los pilotos caídos, de los que a veces apenas quedaban unos fragmentos desperdigados. Por eso dije al principio que no hay guerra simpática. Pero ojo, si sugieres un paralelo entre lo que hicieron (y hacen) los estadounidenses en Irak (y en tantas otras latitudes) y el papel de los cubanos en Angola, escogiste el símil equivocado.

  • el 26 abril, 2012 a las 9:03 am
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    Debe ser interesante ver el documental ese, Seguro que ahorita lo ponen por la Mesa Redonda que aveces resulta hasta instructivo, lastima que me haya cansado de tanta manipulacion en algunos de sus capitulos y ya no lo vea.

  • el 26 abril, 2012 a las 12:21 am
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    Pues a ver cuando se hace un documental semejante en Cuba sobre los soldados que lucharon en Angola, por poner un ejemplo.

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