México: Problema ambiental en 4 ruedas

Por Emilio Godoy

HAVANA TIMES, 29 julio (IPS) — Todas las mañanas el biólogo mexicano Luis Zambrano camina con su hija a la escuela, a pocos metros de su casa, en la delegación de La Magdalena Contreras, en el sudoeste de la capital mexicana.

“Pero si se construye la Supervía Poniente tendría que hacerlo en automóvil y eso me llevaría más tiempo”, relató a IPS Zambrano.

Al igual que otros proyectos viales en varias ciudades del país, esa ruta de cinco kilómetros, planificada por el gobierno izquierdista de la capital mexicana, sólo fomentará el uso del automóvil, además de otros impactos ecológicos, según expertos y miembros de organizaciones comunitarias.

A ello se suma la entrega de subsidios a la industria automotriz por parte del gobierno del presidente conservador Felipe Calderón.

“Se obliga a la gente a usar el automóvil. En mi ciudad no se puede hacer nada sin él. Han creado ciudades dormitorio que necesitan vía de comunicación”, se quejó ante IPS Bárbara Jacob, miembro del Consejo Ciudadano del Medio Ambiente de la central ciudad de Querétaro.

México emite anualmente 715,3 millones de toneladas de dióxido de carbono, uno de los gases responsables del aumento de la temperatura del planeta, según cifras gubernamentales.

El 60 por ciento de esas emanaciones devienen de la producción y el consumo de energía, incluyendo al transporte, 14,4 por ciento del manejo de desechos, 9,9 por ciento de la deforestación, 8,9 por ciento de los procesos industriales y 6,4 por ciento de la actividad agrícola.

El segmento del transporte, específicamente, emite unos 134 millones de toneladas de dióxido de carbono.

En 2007, la fabricación automotriz generó 140.000 toneladas de dióxido de carbono, según cálculos de Luis Conde, del Instituto Nacional de Ecología, solicitados por IPS. En 2005, esa cifra se estacionó en 0,16 millones. La principal fuente energética de ese ramo es la electricidad, con 71 por ciento del total.

Veinte millones de automóviles

“Las nuevas vías generan tráfico inducido. Está comprobado que ocasionan más tráfico del que había antes de la construcción”, señaló a IPS Gerardo Moncada, experto en transporte sustentable.

En México circulan unos 20 millones de automóviles, de los cuales aproximadamente cuatro millones corresponden a la capital mexicana.

El gobierno capitalino que preside Marcelo Ebrard, del izquierdista Partido de la Revolución Democrática, pretende iniciar el 1 de agosto las obras de la llamada Supervía Poniente, a un costo de 489 millones de dólares, que conectará mediante el pago de un peaje zonas del sudoeste citadino.

Para esa obra, la alcaldía ha expropiado tierras para la construcción de carreteras, túneles y puentes. Pero los afectados y habitantes de las colonias cercanas han interpuesto recursos de amparo para frenar el proyecto.

Paralelamente, el presidente Calderón anunció el 24 de junio la eliminación gradual del impuesto a la propiedad de vehículos nuevos, una decisión que según organizaciones ecologistas promoverá su uso.

Carreteras con beneficio social dudoso

A raíz de la crisis económica surgida en 2008 en Estados Unidos y contagiada a todo el mundo, en 2009 el gobierno mexicano traspasó subsidios por unos 2.120 millones de dólares a la industria automotriz.

En la central ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán, a 302 kilómetros de la capital mexicana, el gobierno estadual pretende construir una carretera de cuatro kilómetros de extensión para conectar un centro comercial con zonas urbanas que impactaría sobre la Loma de Santa María, uno de los principales reservorios de la región.

“Se planea sobre una falla geológica y su beneficio social es muy dudoso. Además, la Loma de Santa María es la principal fuente de agua de la zona”, indicó a IPS Tonatiuh Martner, investigador de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México.

En la metrópoli de Guadalajara, a 542 kilómetros al noroeste de la capital mexicana, el panorama no varía mucho en comparación con otras urbes mexicanas, pues la administración de ese estado quiere erigir la llamada Vía Express, un tramo elevado de 23 kilómetros que perjudicará a un parque cercano.

Paradójicamente, en 2011 Guadalajara acogerá el Congreso Internacional hacia las Ciudades sin Auto, organizado por la World Carfree Network, con sede en Praga y dedicada a promover alternativas al uso del automóvil.

Ante la construcción de esos ejes viales, un grupo de organizaciones creó la Coalición Ciudadana contra las Supervías, cuyo logo es un grupo de camionetas y camiones que transitan sobre un puente y que tala árboles a su paso. Esa red busca estudiar el impacto de esas obras y definir medidas en su contra.

En 2006 el gobierno de la capital mexicana levantó el segundo piso del anillo Periférico citadino, de 25 kilómetros de largo, con el objetivo de aumentar la velocidad del flujo vehicular y reducir el consumo de gasolina y emisiones contaminantes, metas que, según Moncada, no han sido alcanzadas.

La administración Ebrard ya construyó dos líneas del Sistema de Corredores de Metrobús, un modelo de tránsito rápido que avanza en un carril confinado, y traza una más. Para 2012, el objetivo es contar con 200 kilómetros de ese recorrido.

Además, tiende una nueva línea del Sistema de Transporte Colectivo Metro, de 24 kilómetros, que conectará el oriente y el occidente citadinos a partir de 2012.

Ebrard preside el Consejo Mundial de Alcaldes para el Cambio Climático, que realizará su cumbre en noviembre en la capital mexicana. A causa de la Supervía Poniente, organizaciones vecinales enviarán una carta para pedir a esa asociación que Ebrard abandone el cargo.

“Las medidas de mitigación no bastan. Si una obra de este tipo se hace bien, no se hace, me dijo una vez un colega”, recordó Zambrano, cuyo barrio está adornado con letreros que gritan “No a la supervía”.

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