Los padres de Plaza de Mayo

Por Marcela Valente

HAVANA TIMES, 8 abril (IPS) — Invisibles detrás de la arriesgada empresa de las Madres de Plaza de Mayo, padres de detenidos y desaparecidos por la última dictadura de Argentina sirvieron de soporte y empuje para esas mujeres cubiertas con pañuelos blancos.  Un documental permite ahora revivir sus experiencias.

“Los padres nos manteníamos en las esquinas que rodean la plaza de Mayo para saber si a ellas les pasaba algo”, cuenta uno de ellos en el filme “Padres de la Plaza.  Diez recorridos posibles”.  “Nosotros éramos acompañantes”, agrega.  “Éramos la retaguardia”, prefiere otro.

La película revela que, pese a estar en la segunda línea de batalla, también sufrieron y aún tienen “sueños” que no son, en este caso, proyectos.  Los padres sueñan con sus hijos secuestrados por la dictadura (1976-1983).  Se los imaginan mayores. “Sueño que lo veo. Que está vivo.  Que habla”, sonríe uno como si revelara que encontró un secreto para recuperarlo.

La pacífica batalla de las mujeres que en 1977 comenzaron cada jueves a dar vueltas alrededor del obelisco de la plaza de Mayo, el paseo existente frente a la casa de gobierno, permitió que la desaparición forzada de personas, que ellas vivían como una tragedia personal, se convirtiera en un delito conocido en el mundo.

Luego se agruparon las Abuelas de Plaza de Mayo, con la tarea específica de reclamar y buscar a sus nietas y nietos nacidos en cautiverio o secuestrados y entregados en adopción ilegal tras hacer desaparecer a sus padres.  También se congregaron los familiares de desaparecidos, los hijos y hasta los hermanos.

Pero los padres, su dolor y su lucha, quedaron opacados de alguna manera.

“El padre nunca tuvo una posición de lucha como las Madres, nunca nos organizamos, aunque siempre estábamos allí acompañándolas.  Las Madres no querían que estuviéramos, porque tenían miedo a que respondiéramos a las agresiones y nos llevaran presos”, recuerda uno en el filme.

Uno de los padres confiesa que recién hace dos años se animó a hablar de su hijo desaparecido públicamente.  No lo hacía antes, porque al intentarlo lloraba.

En diálogo con IPS, el director de la película, Joaquín Daglio, dijo que los padres “no pretendían un rol protagónico”.

“Ante la lucha pacífica de las madres, un símbolo tan fuerte, ellos acompañan”, plantea el cineasta, y explica que al asumir ese lugar ellos quedaron invisibilizados, aún cuando nunca se plantearon otra cosa.

La película trata de reivindicar a figuras que no estuvieron ausentes.  “Queríamos hacer un aporte para restituir la figura del padre”, dice Daglio.  “Generar un espacio en el cual su voz comience a ser escuchada y, a través de 10 historias de las miles posibles, mostrar la dimensión del genocidio”, añadió.

Tras la recuperación de la democracia se pudieron registrar casi 10.000 casos de personas detenidas y desaparecidas en los siete años de dictadura, pero las organizaciones defensoras de los derechos humanos llevan esa cifra hasta 30.000.

La película obtuvo una mención especial del jurado de la competencia nacional del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en noviembre en esa sudoriental ciudad de Argentina, y fue seleccionada para competir como mejor película en el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos en Barcelona, celebrado en diciembre.

Este mes será parte de la competencia en el Festival Internacional de Documentales “Todo Verde”, que se realizará en las ciudades brasileñas de Sao Paulo y Río de Janeiro.  En cambio su estreno comercial todavía no tiene fecha.  Creen que podría ser en el segundo semestre de este año.

El documental fue realizado en base a entrevistas a 10 padres de personas desaparecidas que aceptaron ser parte del proyecto: Teobaldo Altamiranda, Rafael Beláustegui, Mario Belli, Mauricio Brodsky, Ricardo Chidichimo, Oscar Hueravilo, Julio Morresi, Bruno Palermo, Jaime Steinberg (fallecido después de la filmación) y Marcos Weinstein.

Los padres aparecen en distintos escenarios que van de lo particular a lo general. Desde la historia íntima a la escena pública.

Primero hacen un recorrido por su casa, que a veces es también la de los hijos que ya no están. Muestran la vivienda, sus lugares.  Los tradicionales retratos en blanco y negro, pancartas en manos de las madres, allí se ven como cuadros muy bien enmarcados de una persona joven, o de un niño junto a sus seres queridos.

“Todas las historias son impactantes”, asegura Daglio.

Beláustegui, tiene tres hijos desaparecidos y sin embargo cuenta como su dolor es igual de infinito que el de los que perdieron uno.

Hay otro que revela que reconoció a su hijo muerto en la morgue y cuando volvió a retirar el cuerpo ya no estaba ni lo pudo recuperar.  Y está aquel que recibió un llamado telefónico de su hijo desaparecido y después de eso no supo más de él.

Luego tuvieron que escoger su lugar preferido: el bar y el de sus hijos fuera de la casa. Allí se repiten las escenas de padres caminando, de espaldas a la cámara, mostrando los distintos sitios elegidos. Finalmente hay una secuencia de todos los padres juntos, reunidos en la plaza de Mayo.

Los padres eligieron la calle de su infancia, el bar, el lugar de trabajo como los propios refugios. Y luego presentaron el sitio que fue importante en la vida de sus hijos: para algunos la escuela, para otros la plaza o el club. Uno solo optó por el cementerio, Morresi. Es el único que recuperó el cuerpo de su hijo.

En la última secuencia, los padres se encuentran en la Plaza de Mayo. Algunos se conocían ya, otros sólo de vista y se saludan por primera vez.

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