Latinoamericanas inermes ante el cáncer por carencias sanitarias

Por Marcela Valente

HAVANA TIMES, 16 abril (IPS) — Más allá de los temores que despierta, el cáncer es una enfermedad prevenible, tratable y curable si se detecta a tiempo. No obstante, la suerte de millones de mujeres afectadas varía enormemente según donde vivan.

En países como Estados Unidos, Canadá, Israel o los de la Unión Europea, el tumor de cuello uterino se previene casi por completo. En cambio, en América Latina y el Caribe es el segundo tipo de cáncer más común entre mujeres, después del de mama.

Los datos pertenecen al informe Globocan 2011, una suerte de mapa mundial elaborado por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer con base a información aportada por cada país.

Allí se observa que en la región, el cáncer de cuello uterino, que se previene mediante la realización periódica del test de Papanicolau (Pap), es el primero en incidencia en los países con población más pobre:
Bolivia, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú.

También es el segundo más diagnosticado en Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay o Venezuela, con una incidencia todavía alta, según el informe de la agencia dependiente de la Organización Mundial de la Salud.

“Si uno mira el mapa del mundo, en países ricos predomina el cáncer de mama y en los más pobres el de cuello uterino”, confirmó a IPS la brasileña Marcia Moreira, médica epidemióloga de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Según la OPS, 40 por ciento de los cánceres diagnosticados en la región podrían evitarse mediante controles periódicos, siguiendo una dieta sana, evitando el tabaco, el alcohol en exceso y realizando actividad física regularmente.

Pero entre las mujeres más pobres, con menores niveles de educación, y menos acceso a la información, la principal falla es la falta de control, que hace que lleguen al hospital con hemorragias vaginales y un cáncer avanzado.

“La prevención depende mucho de la capacidad de las mujeres de negociar la protección (en las relaciones sexuales), de tener acceso a la información, a los servicios de salud, al diagnóstico precoz, al tratamiento oportuno”, precisó.

Moreira recordó que el virus del papiloma humano (vph) que se contagia mediante relaciones sexuales, está asociado a muchos casos de cáncer cérvico-uterino. Ese virus circula en países ricos y pobres, pero su derivación en cáncer se produce ante la falta de acceso de las mujeres a servicios de salud.

“A veces se hacen el Pap pero no vuelven y tampoco se les informa del resultado aunque sea malo. Las mujeres suelen ser las últimas de la familia en cuidarse y los servicios no van a buscarla”, advirtió.

“Están las que no van nunca a un control ginecológico, o las que, por ejemplo, van a acompañar a sus hijas a parir, pero a ellas, que son el blanco para la prevención de este tipo de tumor por tener 50 años o más, no se las ve”, admitió.

Un estudio realizado en Argentina por Silvina Arrossi, directora del estatal Programa Nacional de Prevención del Cáncer Cérvico-Uterino, revela que este tipo de tumor “refleja con máxima crudeza la desigualdad en salud”.

“Actualmente se la considera una enfermedad de la pobreza. Afecta principalmente a mujeres de bajo nivel socio-económico, socialmente vulnerables, que no acceden a servicios de tamizaje”, señala aludiendo a los controles ginecológicos periódicos.

“América Latina es una de las regiones del mundo con más alta incidencia de esta enfermedad y el relativo fracaso de los países latinoamericanos para prevenirla y controlarla contrasta con la disminución de la incidencia y la mortalidad por este mal en países como Estados Unidos o Canadá”, añade Arrosi.

Las diferencias no se dan solo entre regiones o entre países sino también dentro mismo de las fronteras nacionales. En las provincias menos desarrolladas del noroeste argentino, el porcentaje de casos de cáncer cérvico-uterino es casi cuatro veces superior al de Buenos Aires.

En los últimos años se desarrolló una vacuna para combatir el vph, aplicable a niñas antes de iniciar la actividad sexual. En Argentina fue incluida dentro del calendario de vacunación gratuita para niñas de 10 a
11 años de áreas con alto riesgo.

“En Panamá ya es masiva su incorporación, en Costa Rica se está considerando y en México se introdujo de forma experimental, pero es un proceso que tendrá efectos muy a largo plazo”, advirtió Moreira.

Entretanto, hay que seguir trabajando, recomendó. “Las niñas mayores de
12 y no vacunadas pueden contraer el virus y algunas desarrollarán luego lesiones precancerosas”, advirtió.

En cuanto al cáncer de mama, también hay mucho por hacer. “Hasta hace un tiempo se creía que no pero con las nuevas tecnologías de detección se puede curar si se lo diagnostica a tiempo”, dijo Moreira.

“El momento de la detección es crucial para el pronóstico. Si se encuentra una lesión menor a dos centímetros el pronóstico es muy favorable y excelente la posibilidad de sobrevivencia, pero las mujeres más pobres siguen llegando con mamas ulceradas y un cáncer que invadió pulmones, hueso o cerebro”, lamentó la funcionaria de la OPS.

En 2003, cuando tenía 42 años, la argentina Elena Mosquera tuvo un sangrado en un pezón que la alarmó. Se hizo estudios y le detectaron un carcinoma. “Me sacaron los conductos mamarios pero yo estaba muy informada y la mama la conservé”, contó a IPS.

Luego de la intervención quirúrgica se sometió a una larga terapia de radiación y durante cinco años debió medicarse. “En 2008 me dieron el alta y ahora estoy bárbaro, pero en aquel momento fue terrible. Cuando te dicen que tienes cáncer todo se moviliza. No se sabe para donde uno quiere disparar”, dijo.

Mosquera accedió a los servicios de salud y hasta se unió a un grupo de autoayuda de una fundación. “Allí se ven muchos casos de mujeres que se postergan porque lo cotidiano las lleva a priorizar otras cosas antes que su salud”, explicó.

La expaciente contó el caso de una compañera del grupo, con esposo y dos hijos, que después del diagnóstico y el tratamiento, decidió terminar los estudios secundarios que abandonó de adolescente.

Finalmente, los expertos alertan sobre el alza de otro cáncer que está cayendo entre los hombres, tanto en países desarrollados como en desarrollo, pero aumenta entre las mujeres. Se trata del tumor maligno de pulmón, asociado al hábito de fumar.

“El cigarrillo es el gran matador y está asociado a todos los cánceres pero se relaciona especialmente con el de pulmón. Antes era casi inexistente entre mujeres y ahora, que ya pasaron casi tres décadas desde que las mujeres se igualaron en el hábito con los hombres, se empieza a ver el impacto”, dijo la epidemióloga Moreira.

En Cuba, por ejemplo, el cáncer de pulmón en las mujeres es el segundo en incidencia después del de mama y el primero en mortalidad por cáncer entre ellas.

“La incidencia en los hombres baja, pero en las mujeres sube en casi todos los países de la región, y en algunos de forma más aguda como en Argentina, Chile o Cuba”, alertó.

Señaló que incluso las niñas están fumando mucho más que los varones de su edad. “Tenemos que rescatarlas, hacer que vean el fumar como un valor negativo, porque cuanto más tiempo fumen mayor será el daño”, advirtió la experta brasileña.

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