Las Bases militares de EE.UU. en Colombia y la seguridad regional

Por Pedro Campos*

HAVANA TIMES, April 22 — A pesar de la fuerte oposición que ahora enfrenta en el parlamento colombiano, el acuerdo militar colombo-norteamericano, -que empezó a hacerse realidad en diciembre pasado cuando comenzaron a llegar los primeros marines y equipos a territorio colombiano-, continúa desplegándose.

Colombia tiene una importantísima posición estratégica en la región. Comparte fronteras con Panamá, Venezuela, Ecuador, Perú Brasil y tiene acceso al mar Caribe por el Océano Atlántico y al Pacífico. La atalaya que posibilita el enclave en el corazón de América, es básica en los planes estratégicos norteamericanos para la región.

Si México es el “país-tapón,” al sur de EE.UU., Colombia es el “país-tapón” al norte de Suramérica.

Los medios técnicos satelitales modernos han demostrado su efectividad para la ubicación y el ataque a objetivos fijos, pero los que están en movimiento demandan un seguimiento más preciso que el logrado por esa vía -hasta el presente-, lo que solo puede alcanzarse con técnicas de detección más cercanas como las instalados  abordo de los aviones AWACS (ing. Sistemas Automáticos de Control y Observación Área), dotados de radares y sensores que actúan más directamente sobre el Teatro de Operaciones Militares. Otra función básica de los AWACS es cubrir las zonas de “silencio” que los accidentes topográficos impiden rastrear a los satélites.

La información disponible sobre el tipo de bases que se instalan, no deja lugar a duda de que se trata precisamente de ofrecer facilidades para la operación de tales técnicas destinadas a un control más efectivo, a nivel táctico, sobre los objetivos militares norteamericanos en la región.

De esta forma quedan bajo control cercano y efectivo todas las comunicaciones y movimientos militares y de cualquier tipo de los países fronterizos, mientras la disposición de las bases permite el control casi absoluto de todas las vías y medios de comunicaciones en territorio colombiano, especialmente negativo para las guerrillas, con todas las implicaciones para sus movimientos, acciones y campamentos.

La suspensión por el Ecuador de la presencia norteamericana en la base de Manta fue un duro golpe al control que desde allí se ejercía, a tal punto que los extensos territorios cercanos de Perú, Argentina, Chile, Bolivia y Brasil, que se abarcaban desde Manta, para poder ahora ser controlados desde las bases militares en Colombia, demandarán que los  AWACS  tengan que volar a una mayor distancia y hacer sus rastreos desde puntos más lejanos, sumando complicaciones logísticas y técnicas a la misión.

La alianza estratégica del gobierno de Uribe con EE.UU., además de una traición a la América Latina y una cuña contra la integración regional, es parte del proyecto general del imperio para el ulterior control de sus recursos naturales y la lucha contra los gobiernos y movimientos revolucionarios, democráticos, independentistas y nacionalistas en el sur del continente.

De manera que no escapan al plan todos los países de la América del Sur y el Caribe, aunque los más amenazados por estas bases militares son  Venezuela, Ecuador y Bolivia, precisamente los estados latinoamericanos que presentan estrategias socialistas y constituyen los más importantes retos para el Imperio en la región, así como Brasil el mayor polo económico regional.

El gobierno de Colombia ha establecido este compromiso con EE.UU., en la creencia de que así podría garantizar mejor su seguridad nacional. Sin embargo este enfoque unilateral de la seguridad puede revertirse contra ese gobierno, puesto que esta presencia militar extra-regional estimula la desconfianza en los vecinos, crea tensiones y, necesariamente, respuestas. Muchos colombianos lo han entendido así y han empezado a cuestionarse el acuerdo.

EE.UU. por su parte, al implantar estas bases militares en un país donde existe una guerra civil, para apoyar a una de las partes, arriesga la seguridad de sus soldados y puede verse arrastrado a un involucramiento mayor, pues con toda lógica, ahora estas bases se pudieran convertir en objetivos militares de las guerrillas, puesto que contra ellas están también dirigidas.

La historia moderna ha demostrado que la seguridad nacional precisa de enfoques multilaterales, regionales y globales que tengan en cuenta la seguridad de los vecinos y demás interesados.

El cinismo imperial no tiene nombre: la droga, pretexto para el Plan Colombia-Iniciativa Andina, ha servido en verdad, como negocio capitalista al fin, para unir a productores, traficantes y consumidores en una cruzada contra lo único que puede acabar con ese flagelo: el desarrollo de sociedades más humanas, modernas y civilizadas que suponen estrategias socialistas.

Hasta hoy la respuesta general de América Latina ha sido débil. No se trata de caer en una costosa carrera armamentista, para buscar contrarrestar los efectos directos del control de los AWACS, sino de aislar al gobierno de Uribe y hacerle pagar un costo político y económico insoportable por esa alianza y ayudar al movimiento revolucionario y democrático colombiano a cambiar la correlación actual de fuerzas en el país.

*Articulos por Pedro Campos en el SPD bulletin.



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