Evo Morales prueba de su propia medicina

Por Mario Osava, enviado especial

HAVANA TIMES, 23 abril (IPS) — No fue fácil llegar a la localidad boliviana de Riberalta desde Brasil. La pequeña odisea incluyó los baches de la carretera brasileña, la frágil embarcación para cruzar el fronterizo río Mamoré y la inestabilidad de la moto-taxi. Pero el elemento definitivo fue el corte de ruta.

El jueves 14 de este mes se radicalizó la huelga de maestros y otros funcionarios públicos de Bolivia, que había comenzado la semana anterior en reclamo de un aumento salarial. Las medidas incluyeron cortes de calles en las grandes ciudades y de carreteras en todo el país.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, probó de su propia medicina, pues fue un recurso muy utilizado por él cuando era líder campesino y opositor político.

“Evo nos enseñó a cortar” rutas, recordó Nacira Limpias, maestra rural y una de las decenas de personas que bloquearon la carretera a algunos kilómetros de Guayaramerín, en la frontera norte de Bolivia.

El taller para periodistas sobre la central hidroeléctrica de Cachuela Esperanza, promovido por el Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CEADESC) y el Sindicato de Trabajadores de la Prensa, empezaba a las siete y media en Riberalta. Pero era imposible pasar por la ruta donde estaba el corte antes de las seis de la tarde, según informó la compañía de autobuses.

Con el diputado opositor Juan Carlos Ojopi y el ingeniero Walter Justiniano, uno de los expositores, decidimos contratar un taxi en Guayaramerín y salir un poco antes de las seis, para pasar apenas se abriera el camino.

La carretera en buen estado, pese a no estar pavimentada, nos permitió ir a buena velocidad, pero no pudimos pasar porque los maestros de Riberalta, 93 kilómetros al oeste, decidieron mantener el corte de ruta en la noche, cerca de la ciudad, con motocicletas y troncos.

La solución que encontramos fue dejar el taxi, cruzar a pie el bloqueo y seguir viaje en un automóvil enviado desde Riberalta.

Tuvimos el mismo problema al día siguiente de regreso a Guayaramerín, donde proseguía el taller. Salimos temprano, antes de que se rearmara el bloqueo riberalteño, pero no tanto como para evitar el guayaramereño.

El sueldo básico de los maestros en Bolivia, de 1.200 bolivianos, equivalente a unos 170 dólares, “no alcanza para comer”, se quejó Limpias.

Tras cinco días de cortes de ruta y protestas, el gobierno acordó con la Central Obrera Boliviana (COB) un aumento de 12 por ciento para algunos sectores públicos. Los maestros reclamaban 15 por ciento, pero aceptaron suspender las movilizaciones.

La inmensa mayoría de los 120.000 maestros que hay en Bolivia son mujeres. En Guayaramerín son casi 1.000, de los cuales 165 son rurales, informó Castulia Solares, del Comité de Huelga.

Para ascender los maestros tienen que superar “exámenes complejos” y si llegan a la categoría máxima logran apenas duplicar el sueldo inicial, explicó Solares. No se reconoce el esfuerzo de formación adicional, como hacer la licenciatura, se lamentó.

Los maestros rurales, quienes tienen una organización sindical propia, ganan un poco más y un adicional para el transporte, porque “no hay condiciones para vivir en el campo”, señaló Francisco Noza.

El enorme impacto de la inflación sobre los salarios hizo que los cortes de ruta se repitieran como nunca en los últimos 12 años, indicó.
Las “promesas falsas” del presidente Evo, como una computadora para cada maestro y mejores sueldos, no hicieron más que empeorar la situación.

Las mujeres son mayoría en la enseñanza y en “muchas instituciones bolivianas”, según él, a causa de las guerras pasadas y la emigración” que afectan más a los hombres.

La COB, aliado del gobierno, encabezó en esta oportunidad la huelga en su contra con una estrategia muy utilizada por Morales cuando era dirigente de los campesinos cocalero.

El presidente puede volver a tomar de su propia medicina con el proyecto de central hidroeléctrica de Cachuela Esperanza, en el río Beni, a 44 kilómetros de Guayaramerín, pues atentará contra el nacionalismo que ha defendido.

Un estudio encomendado por el gobierno boliviano a la empresa canadiense Tecsult señala que, desde el punto de vista financiero, puede ser más ventajoso exportar a Brasil la energía de Cachuela, pues con las ganancias se puede adquirir gasóleo para las centrales termoeléctricas que hoy abastecen el área de influencia del proyecto, que comprende las ciudades de Cobija, Guayaramerín y Riberalta.

Es evidente que el proyecto sólo será viable si se vende la casi totalidad de la electricidad al gran mercado brasileño. La demanda actual de Bolivia supera por poco los 990 megavatios, que se prevé producirá Cachuela Esperanza, y las tres municipalidades del extremo norte boliviano consumen menos de 20 megavatios.

Otros mercados bolivianos importantes, como Trinidad, capital del departamento de Beni, están a más de 1.100 kilómetros, pero el alto costo de la transmisión hace que sea inviable llevarla a cabo.

El proyecto asume así un carácter brasileño, en territorio boliviano.
Lo más probable es que su ejecución y financiación procedan de Brasil, además del mercado consumidor. Es renunciar a “la soberanía energética”, advirtió el ingeniero Justiniano, consultor independiente del Ministerio de Medio Ambiente y Aguas de Guayaramerín.

El argumento puede ser decisivo en Bolivia, que nacionalizó los hidrocarburos en 2006. El nacionalismo cultivado por el presidente Morales puede volverse en su contra con la decisión de construir una central hidroeléctrica desnacionalizada.

El abrumador poder económico de Brasil se siente en todas partes.
Constituye una amenaza, pero también oportunidades.

La cotización del real es de cuatro bolivianos en calles y tiendas, pero sube en el cambio oficial a 4,40. Los maestros brasileños conquistaron por ley en 2008 un piso salarial nacional que equivale justamente a 4,4 veces el sueldo de sus colegas bolivianos.

Ese desequilibrio hace pujante el comercio de Guayaramerín frecuentado diariamente por brasileños, pese a que la cuota legal de compras se limita a 300 dólares al mes.

José Rodrigues, quien trajo a su esposa a esta localidad boliviana para operarse de cataratas de forma gratuita en un hospital con médicos cubanos, lamenta no poder llevarse una motocicleta, que en Brasil cuesta el triple. Con la ropa y otros productos que revenderá en su ciudad, Cerejeiras, podrá pagarse el viaje.

Cruzar el río Mamoré desde la orilla brasileña cuesta el doble que desde Bolivia. Las calles bolivianas están llenas de motocicletas, en las que andan familias enteras, incluyendo bebés con sus madres y abuelas, sin los cascos exigidos en Brasil, donde las multas por no usarlos son elevadas.

Pero en Bolivia no hay tantos accidentes como en Brasil, donde las cifras son alarmantes. Para los bolivianos, las motos son un transporte práctico y barato, en cambio para los brasileños que buscan velocidad les permiten rebasar automóviles en las calles atestadas.

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