Desigualdad cae en Río porque los ricos empeoran

Por Fabiana Frayssinet

HAVANA TIMES, 2 sep (IPS) — La desigualdad histórica entre los barrios más pobres y ricos de la ciudad más famosa de Brasil disminuyó entre 1996 y 2008. Pero no es la buena noticia que parece, porque la brecha se ha cerrado por la caída de la renta en las zonas más acaudaladas y no por su subida en las favelas.

El estudio “Desigualdad y favelas cariocas: ¿la ciudad partida se está integrando?” fue realizado por el privado Centro de Estudios Sociales de la Fundación Getulio Vargas (FGV) por encargo de la alcaldía de Río de Janeiro y partió de un concepto establecido en 1994 por el periodista Zuenir Ventura en su libro “Ciudad partida”.

Con este título Ventura dio nombre a una realidad: la enorme brecha social entre las llamadas zonas de “asfalto” de la ciudad marcada por sus impresionantes bahías, y el “morro”, en referencia a los cerros donde se ubican gran parte de las favelas (barriadas pobres) de Río de Janeiro.

“Las dos partes de la ciudad partida parecen haberse aproximado en términos de renta. Esta mayor aproximación se debe a la caída del poder adquisitivo del asfalto, y no por una mejora absoluta de la renta en las favelas cariocas”, concluye el informe elaborado con base a parámetros como la renta por habitante.

Mientras que entre los habitantes de las comunidades más pobres, la renta por persona aumentó del equivalente de 282 dólares en 1996, a 289 en el 2008, la del resto de la ciudad cayó de 833 dólares a 752 dólares durante el mismo período.

Asimismo, la pobreza -en que la FGV sitúa a quienes tienen ingresos mensuales inferiores a 82 dólares– subió en Río entre 1996 y 2012 y pasó de 9,43 por ciento a 10,18 por ciento.

El incremento de la pobreza en Río no lo alimentaron sus favelas, porque allí el índice cayó de 18,6 a 15,1 por ciento en los 12 años, sino por su alza de 1,5 puntos porcentuales en los llamados barrios “nobles” de las privilegiadas zonas del sur de la ciudad, donde pasó a afectar a 9,4 por ciento de sus habitantes.

“La ciudad está menos partida en términos de renta, pero esto no necesariamente es una buena noticia”, dijo a IPS en coordinador del estudio, el economista Marcelo Neri.

Esa integración en renta no se produjo “por la mejora de la favela, sino por la caída del asfalto”, dijo que fue la conclusión del informe.

Neri destacó que el comportamiento de la pobreza en Río es contrario al de Brasil en su conjunto. En esta potencia latinoamericana de 193 millones de habitantes en la actualidad, la pobreza cayó acentuadamente entre 1996 y 2008, cuando la población en pobreza pasó de 28,8 a 16 por ciento del total.

“Lo que ocurrió en las favelas está un poco más de acuerdo con el resto de Brasil”, en cuanto a caída de la pobreza, dijo.

El economista vinculó el progreso al aumento del ingreso por trabajo, un sector en que mejoraron todos sus indicadores, entre ellos los del empleo, años de estudio y salario.

“El mercado de trabajo en las favelas está más fuerte, es donde hubo un boom”, añadió Neri.

Según el Instituto Pereira Passos, vinculado a la alcaldía, en la ciudad de Río de Janeiro la población de las favelas es de 800.000 personas, un 13,3 por ciento del total de sus habitantes.

Neri citó entre otros indicadores en que “la ciudad está menos dividida” al de los servicios públicos, donde la situación es más favorable en ambas partes. En las comunidades pobres lo atribuyó a iniciativas de desarrollo local como “favela barrio”, que mejoraron los servicios y condiciones de vivienda.

Hubo progresos generales en servicios de iluminación y canalización de agua. Al primero tiene ahora acceso toda la población y al segundo 98 por ciento de ella.

Neri destacó que en cuanto al agua, la canalización llegó a 94 por ciento de los residentes en las favelas en el periodo 2007-2008, frente a 90,1 por ciento del bienio 1996-1997.

Los logros no fueron tan visibles en otros aspectos, como la recolección de basura que es todavía marcadamente inferior en los barrios pobres al resto de la ciudad, con una tasa de 67,41 contra 92,17 por ciento.

En materia educativa hubo progresos en el conjunto Rio de Janeiro, al igual que en el resto de Brasil, pero en el caso de las favelas cariocas, la mejoría “fue pequeña”, precisó Neri.

En promedio, el habitante de la favela tenía en 1996 cinco años de estudio, contra los 8,8 años en el resto de la ciudad. En 2008, la escolaridad subió en la favela a 6,6 años, mientras que en el “asfalto” se situó en 9,9 años.

Si el progreso educativo sigue como en los últimos 12 años, “va a demorar unos 60 años el acabar con la ciudad partida en la educación”, señaló Neri, al destacar que se trata de un punto muy importante porque en las favelas hay muchos jóvenes.

Un capítulo aparte es el de la “brecha digital”, que se incrementó notablemente, ya que el acceso a computadoras entre la población de la parte rica y pobre de la ciudad se distanció de 22 puntos a 37 puntos porcentuales entre 2001 y 2006, que fue el periodo medido en este rubro.

La reducción de la desigualdad entre las barriadas pobres y la parte más urbana se dio, en definitiva, porque “hubo un estancamiento en algunos casos y empeoramiento en otros. Digamos que las favelas empeoraron menos”, concluyó Neri con ironía.

El objetivo del estudio es guiar futuras políticas públicas en la ciudad de Río y particularmente en sus favelas.

En ese sentido, Neri anticipó que la presencia de Unidades de Pacificación instaladas en algunas favelas cariocas – ocupación policial para combatir el narcotráfico e inversión social- pueden provocar cambios profundos, que se harían visibles en futuros informes, ya que el actual se realizó antes de implementarse la iniciativa.

El gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva y su ex ministra y candidata presidencial Dilma Rousseff, a quien las encuestas atribuyen el triunfo en las elecciones de octubre, y su principal contrincante, José Serra, ya hablan inclusive de expandir este modelo a otros centros urbanos del país.

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