Cómo la alianza de China con África está cambiando el orden mundial

Análisis de Daniel Yang  (IPS)

El presidente de China, Xi Jinping, saluda a estudiantes, acompañado por el entonces presidente de Tanzania, Jakaya Kikwete, al iniciar una gira por varios países de África en 2013, dentro de la alianza privilegiada que Bejing ha ido tejiendo con el continente. Crédito: Gobierno de China

HAVANA TIMES – Cuando allá en 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó una resolución sobre el historial de violaciones a los derechos humanos de Corea del Norte, solo 10 de los 56 países africanos votaron con la coalición occidental liderada por Estados Unidos.

La abrumadora mayoría siguió a China, bien con un voto en contra o con una abstención sobre la resolución.

Esto no siempre había sido el caso. Tres décadas antes, el consecuente voto de la Asamblea General para reemplazar a la República de China (Taiwán) por la República Popular de China, que suponía el reconocimiento internacional del gobierno del Partido Comunista de Beijing, se encontró con la resistencia de Estados Unidos.

Aunque la resolución fue aprobada, los países africanos no respetaron ningún lado.

A lo largo de esas tres décadas, China se convirtió en una de las potencias económicas y militares más formidables del mundo, superó a Estados Unidos como el mayor socio comercial de África y financió más de 3.000 proyectos importantes de infraestructura básica del continente.

Más de 10.000 firmas chinas operan en África y dominan casi 50 por ciento del mercado de construcción contratado internacionalmente en África.

China pasó del proveedor mundial de mano de obra barata a uno de los principales financiadores del Sur en desarrollo, con el objetivo de construir puentes, tanto figurativa como literalmente, a través de la cooperación económica.

Su principal proyecto de política exterior, la Iniciativa de la Franja y la Ruta para la cooperación internacional, que algunos denominan como la nueva ruta de la seda, ya ha conectado a 152 países de todos los continentes y ha facilitado más de 1,3 billones (millones de millones) de dólares en el comercio.

Sin embargo, visto desde Occidente, y en particular desde Washington, el ascenso de China significa un desafío autoritario para el sistema internacional liberal.

En un discurso sobre política exterior en diciembre, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, advirtió que China ha estado “deliberada y agresivamente” socavando los intereses de Estados Unidos, mediante lo que calificó de “prácticas depredadoras”.

“China usa sobornos, acuerdos opacos y el uso estratégico de la deuda para mantener a los estados en África cautivos a los deseos y demandas de Beijing”, dijo Bolton, uno de los “halcones” más prominentes del gobierno de Donald Trump. “Tales acciones depredadoras son subcomponentes de iniciativas estratégicas chinas más amplias… con el objetivo final de promover el dominio global chino”, añadió.

Aunque Washington está cada vez más alerta sobre África, Beijing ideó su propia estrategia para África mucho antes del siglo XXI.

Poco después de la proclamación de la República Popular China, en 1949, gran parte del mundo en desarrollo seguía luchando contra el anticolonialismo y el antiimperialismo. El entonces primer ministro chino, Zhou Enlai, vio esto como una oportunidad para posicionar a China, un país que se consideraba triunfador en la misma lucha, como líder del mundo en desarrollo.

“África siempre ha sido importante para China desde la década de los 50”, explicó Stanley Rosen, profesor de ciencias políticas en el Instituto Estados Unidos-China de la Universidad del Sur de California.

“En el período anterior, bajo Mao Zedong, fue debido a la cantidad de países en África que tenían votos en las Naciones Unidas y al hecho de que China estaba promoviendo movimientos revolucionarios, por lo que es muy político”, dijo a IPS en una entrevista.

“Poco después de que comenzaran las reformas en China en 1979, África se volvió más importante económicamente”, agregó Rosen.

En la década de los 90, el entonces presidente Jiang Zemin, bajo la tesis de la “triple representatividad”, lanzó un programa destinado a incentivar la presencia de sus empresarios en el extranjero.

Cumbre en Beijing, en septiembre de 2018, de Foro para la Cooperación entre China y África. Crédito: Gobierno de China

Con esa estrategia, el comercio chino-africano creció 700 por ciento. Con la ayuda de los créditos a bajo interés del estatal Banco de Exportaciones e Importaciones de China, compañías como Huawei encabezaron la búsqueda de una nueva generación de mercados en el exterior.

Rosen aseguró que ahora China busca construir relaciones mutuamente beneficiosas con países ricos en recursos, independientemente de su situación política interna.

En septiembre del año pasado, el presidente chino, Xi Jinping, prometió que China proporcionará 60.000 millones de dólares adicionales en apoyo financiero a África, durante una cumbre en Beijing del Foro para la Cooperación entre China y África (Focac), que impulsa la inversión extranjera directa y los créditos para el desarrollo de infraestructuras.

Tal vez más revelador de la atracción que China ejerce en el continente es el hecho de que más países africanos asistieron al FOCAC que a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, realizada en el mismo mes en Nueva York.

Xi llama define a la política exterior de Bejing como “la diplomacia de un país importante con características chinas”, una doctrina que prioriza la cooperación pacífica que la dominación de poder único, según asegura.

Sin embargo, independientemente de las intenciones de Xi, la inversión de China ha impulsado el crecimiento económico africano y ha ganado influencia política sobre los líderes africanos dispuestos que necesitan ayuda técnica y desarrollo de infraestructura.

Lo que es más importante, China ha demostrado que el modelo de desarrollo dominante en Occidente, caracterizado por políticas económicas neoliberales y principios políticos democráticos no es la única manera. Al hacerlo, China está desplazando la mirada de los asuntos mundiales hacia el este, hacia Beijing.

En junio, 43 países africanos redactaron una declaración para oponerse al poder de veto de Estados Unidos sobre el nombramiento de los miembros del Órgano de Apelación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el tribunal de comercio más importante del mundo. Una vez más, se pusieron del lado de China.

China ha instado a la OMC a oponerse al poder de veto de Estados Unidos desde principios de 2018. Zhang Xiangchen, embajador de China ante la OMC, con sede en Ginebra, dijo que el sistema de comercio internacional se enfrenta a “graves desafíos”, en referencia a la política comercial del presidente estadounidense Donald Trump.

“La pregunta más urgente que la OMC tiene que responder ahora es cómo responder al unilateralismo y al proteccionismo”, dijo Zhang. “Lo que es más peligroso y devastador es que Estados Unidos está desafiando sistemáticamente los principios rectores fundamentales al bloquear el proceso de selección de los miembros del Órgano de Apelación”, añadió.

Zhang consideró que la estrategia de Washington era la responsable de llevar fatalmente a la OMC a “la parálisis”.

El desafío de China al orden mundial dominante, liderado por Estados Unidos, no se limita a la OMC. China ha establecido instituciones internacionales como el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que consolidan aún más su posición protagónica como actor financiero del Sur en desarrollo.

Algunos, sobre todo en Washington, han visto estas instituciones como rivales potenciales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras otros son más cautelosos y presuponen que China está intentando cambiar el orden internacional, aunque falte claridad en sus procesos de implementación de sus estrategias y políticas.

Yuen Yuen Ang, profesor asociado de ciencias políticas en la Universidad de Michigan, argumentó en ese sentido a IPS que las intenciones de China “no son verificables”.

“Los observadores son libres de especular sobre las intenciones de China”, dijo Ang, pero “lo que debemos y podemos saber con certeza es que hay una brecha persistente entre la formulación de políticas y la implementación”.

Para este académico, la implementación de la nueva ruta de cooperación internacional china ha sido “fragmentada y descoordinada”, causando confusión para los socios internacionales y las empresas participantes y dejando difuminada la visión estratégica de Beijing.

A pesar de sus defectos, sin embargo, la Iniciativa de Franja y Ruta está mostrando al mundo a la manera china.

En el 95 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino, Xi anunció ante una audiencia de miles de personas que el pueblo chino “tiene plena confianza en ofrecer una solución china a la búsqueda de mejores sistemas sociales por parte de la humanidad”.

A medida que China continúa formando alianzas en África y en todo el mundo, quienes ostentan el poder en Occidente pronto tendrán admitir, quieran o no, la previsión de Xi.



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