Candidatos de Brasil no arriesgan sorpresas

Por Fabiana Frayssinet

HAVANA TIMES 28 mayo (IPS) — Ni la izquierda, ni los socialdemócratas, ni los verdes.  Más allá de diferencias ideológicas, los tres principales candidatos a la Presidencia de Brasil afinan la misma nota en ofertas económicas: nada de sorpresas o temblores de mercados.

Quienes encabezan las intenciones de voto, Dilma Rousseff, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Marina Silva, del Partido Verde (PV), y José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), parecen por ahora más preocupados en definir sus alianzas y con quién compartirán, en cada estado, los palcos electorales.

Si bien la propaganda para los comicios presidenciales del 3 de octubre comenzará el 6 de julio y no están definidas las plataformas electorales, los aspirantes a suceder a Luiz Inácio Lula da Silva -que gobierna desde enero de 2003– han comenzado a esbozar propuestas ante diversas plateas que ya plantean sus reclamos.

Los tres defienden una “política básica”, concebida entre los años 1998 y 1999 por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), del PSDB, y que se sostuvo en los dos períodos de gobierno de Lula, opinó el economista Adhemar Mineiro, del Departamento Intersindical de Estadísticas y Estudios Socioeconómicos.

En entrevista con IPS, el asesor de sindicatos explicó que esa plataforma básica se asienta sobre pilares como el mantenimiento de los flujos de capital –“la liberalización financiera”–, el régimen de tipo de cambio flotante, el cumplimiento de metas de inflación y la autonomía del Banco Central.

Las diferencias, según Mineiro, se expresarían en cuestiones como la política comercial externa y las relaciones internacionales.

Serra, por ejemplo, cuestiona la eficacia del principal bloque comercial de Brasil con sus vecinos Argentina, Paraguay y Uruguay, el Mercado Común del Sur (Mercosur), mientras Rousseff, que representa la continuidad del gobierno del PT, “apunta a una integración más orgánica en el ámbito regional”, dijo el economista.

En otros aspectos pueden marcarse matices: el papel del Estado sería más protagónico en un gobierno de Rousseff, como lo fue en el de Lula, que en un eventual mandato de Serra, opinó.

En Silva, en tercer lugar con 12 por ciento de las intenciones de voto medidas en encuestas, Mineiro identifica un matiz más verde que la diferencia de Rousseff y de Serra, ambos empatados en 37 por ciento de las preferencias, según los últimos sondeos.

Silva, ambientalista, senadora y ministra de Ambiente del gobierno de Lula, abandonó el PT para afiliarse al PV y postularse a la Presidencia.

Un tema más presente en su discurso “es la calidad del desarrollo”, dijo Mineiro. Su compañero de fórmula, Guilherme Leal, es un empresario de la industria cosmética, cuya empresa, Natura, creó una imagen de alianza con las causas ambientales.

Como ministra de Ambiente, Silva chocó con Rousseff, que ha sido ministra de Energía y jefa de gabinete de Lula, por asuntos como la construcción de grandes usinas hidroeléctricas en la Amazonia.

La postulante del PV también podría imponer “más restricciones” a la producción petrolera o a las grandes obras de infraestructura, opinó Mineiro.

Pero en ningún caso se trataría de modificaciones esenciales a la matriz energética brasileña, también compuesta por fuentes como la nuclear y los agrocombustibles.

¿Ruptura económica? Sólo si se producen cambios graves o si se profundiza la crisis externa, anticipó Mineiro. Pero en ese caso, las modificaciones podrían ocurrir con cualquiera de los tres en el gobierno, agregó.

A esos cambios de “molde” tampoco les temen los empresarios, que aplaudieron los éxitos de Lula, como la expansión económica inclusive cuando se sentían los efectos de la crisis financiera internacional que estalló en 2008.

Para este año, distintas estimaciones sitúan el crecimiento del Producto Interno Bruto entre 5,5 y seis por ciento.

“Mientras el país continúe creciendo y las condiciones internacionales sean favorables, no veo cómo alguien pueda querer cambiar” la política macroeconómica “ni veo una inclinación ideológica” para hacerlo, opinó el analista político Fernando Lattman-Weltman, del Centro de Investigación y Documentación de Historia Contemporánea de Brasil de la Fundación Getulio
Vargas.

Lattman-Weltman considera muy temprano para conocer “la estrategia de diferenciación de los candidatos”, que necesitan mantener “al mismo tiempo el voto mayoritario, que es de centro”.

“En el ‘por mayor’ (la macroeconomía) no vamos a tener cambios esenciales, gane quien gane”, dijo.

Puede haber diferencias en “el por menor”: en políticas claves de Lula, como la distribución de ingresos mediante el sistema de subsidios para hogares pobres Beca-Familia, o en áreas de educación o salud, añadió, recordando que Serra, siendo ministro de Salud de Cardoso, se “enfrentó a sectores poderosos” como las empresas multinacionales farmacéuticas.

Tampoco Rousseff, en un tercer gobierno del PT, “sería más proclive a dejarse influenciar” por la izquierda de su partido, y mantendría el compromiso con la estabilidad económica, opinó.

Ni deberían esperarse grandes sacudones de Silva, quien ante la Confederación Nacional de la Industria mantuvo el martes 25 el compromiso con dos pilares: la estabilidad, con “una cierta independencia informal del Banco Central”, y la continuidad de los planes de distribución de renta.

Las diferencias “al por menor” se definirán en la medida en que los candidatos escuchen a sectores de peso, como los ya mencionados industriales, y los sindicatos, en un encuentro previsto para la próxima semana.

Ante el público de empresarios, los postulantes se comprometieron a una reforma tributaria amplia que, coincidieron, es uno de los talones de Aquiles de Brasil, admitieron la necesidad de mejorar la infraestructura para impulsar la industria y asumieron la continuidad del control de la inflación y el gasto público.

Serra arriesgó algunas diferencias, al criticar las altas tasas de interés y la apreciación del real frente al dólar que, según los industriales, disminuye la competitividad comercial.

Desde diciembre de 2002 hasta el mismo mes de 2009 el real se apreció en 100,6 por ciento frente al dólar. Pero Serra no especificó qué hará para cambiar esas realidades.

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