Sin premios ni castigos

Erasmo  Calzadilla

escuela modernaHAVANA TIMES — Hasta hace poco tiempo, escuela y represión eran para mí la misma cosa. Especialmente la cubana, que desde prescolar trabaja arduamente para inculcar valores ajenos, y desde primer grado te induce a querer ser como alguien que no conoces, y desde muy pequeño te obliga a participar en una Organización que es como el entrenamiento perfecto para el fraude de democracia que verás luego.

Y todo gestionado y legitimado por un ejército de psicopedagogos de alto nivel en nombre del bien.

Fui profesor durante algunos años, de la universidad primero y luego unos meses en un preuniversitario, y nunca escuché hablar de la pedagogía libertaria. Conocí profesores disidentes, profesores descontentos, profesores que tiraban todo a mierda, estudiantes delincuentes, estudiantes rebeldes, resbaladizos o alienados, pero no conocí a nadie que abogara de manera coherente y sistemática por:

  • El respeto a la individualidad psicológica del niño o el joven. Un respeto que abomina de la conducción emocional y la implantación de valores.
  • La codirección de la escuela por los propios estudiantes como un entrenamiento para la libertad y la responsabilidad.
  • Además se opusiera a la represión sexual y a la competitividad.
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La coeducación.

El tema de Pink Floyd que da nombre a este post me hizo suponer que en alguna parte del mundo debía existir un movimiento de rechazo a la escuela típica, la represiva. Oía campanas, pero no sabía dónde. Bola de años después es que vengo a descubrir la Pedagogía Libertaria.

Uno de sus fundadores fue el anarquista español Francisco Ferrer y Guardia. Hacia 1901 Ferrer creó en Barcelona La Escuela Moderna, una institución donde niños de ambos sexos y de todas las clases (algo revolucionario para la época) aprendían a su propio ritmo y jugando.

La iniciativa preocupó tanto a los entonces dueños del monopolio espiritual (la Iglesia y el Estado) que la emprendieron contra Panchito y no pararon hasta verlo tendido en una fosa.

Tres pensamientos del mártir podrán ayudarnos a entender por qué le temían tanto.

  • “No tememos decirlo: queremos hombres capaces de evolucionar incesantemente; capaces de destruir, de renovar constantemente los medios y de renovarse ellos mismos; hombres cuya independencia intelectual sea la fuerza suprema, que no se sujeten jamás a nada; dispuestos siempre a aceptar lo mejor, dichosos por el triunfo de las ideas nuevas y que aspiren a vivir vidas múltiples en una sola vida. La sociedad teme tales hombres: no puede, pues, esperarse que quiera jamás una educación capaz de producirlos.
  • Francisco Ferrer y Guardia
    Francisco Ferrer y Guardia

    “Así como en ciencia no hay demostración posible más que por los hechos, así también no es verdadera educación sino la que está exenta de todo dogmatismo, la que deja al propio niño la dirección de su esfuerzo y que no se propone sino secundarle en su manifestación. Pero no hay nada más fácil que alterar esta significación, y nada más difícil que respetarla.”

  • “… que la inteligencia del alumno, influida por lo que ve y documentada por los conocimientos positivos que vaya adquiriendo, discurra libremente, sin prejuicios ni sujeción sectaria de ningún género, con autonomía perfecta y sin más traba que la razón.”

En la Cuba revolucionaria, cincuenta años después, no lo hubieran fusilado, cierto, pero sí encarcelado u hostigado. En cualquier caso nunca hubiera podido fundar una escuela ni publicado nada que no estuviera en línea con Fidel.

Les dejo aquí algunas notas que extraje del libro La Escuela Moderna.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.

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9 thoughts on “Sin premios ni castigos

  • Gracias Edy, no conocía esa parte de la Historia.
    Por cierto, ahora que lo pienso y para ser justo, tú tenías (entre mis estudiantes) la semilla del libertario, aunque esa vez que izaste emocionado la bandera sufrí una dolorosa decepción.

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