¿Qué pasó con la caravana de cubanos en Surinam?

Por Glenda Boza Ibarra (El Toque)

Del 30 de noviembre al 17 de diciembre de 2020 centenares de cubanos permanecieron acampados en las afueras de la estación del ferry Canawaima, en espera para cruzar a Guyana y continuar travesía hacia Estados Unidos. Imagen: Tomada del medio surinamés Waterkant.

HAVANA TIMES – En un viejo edificio de la ciudad surinamesa de Paramaribo una cubana embarazada y su esposo se esconden de la policía local. Duermen en el piso, sobre unas colchas, y comen directamente de las latas de sardinas. No tienen casi dinero, ni ganas —o planes— de regresar a Cuba. Pero tampoco quieren quedarse en Surinam.

Hace más de una semana ambos formaban parte de una caravana de cubanos que intentó cruzar la frontera hacia Guyana y se plantó durante 15 días en el muelle del ferry Canawaima en South Drain, a 250 km de Paramaribo.

Ella —que pidió el anonimato— tiene miedo de ser apresada. Sus nombres están en el listado de los cubanos que fueron noticia en esa zona de Nickerie y su estatus migratorio es irregular.

Hace casi un año salió de Cuba y luego no pudo regresar por la COVID-19. Tampoco quiso. Los vuelos humanitarios eran muy caros y creyó que podía “echar para adelante” en Surinam. Entonces salió embarazada.

La pareja decidió unirse a la caravana que llamaron Por la libertad, cuando Joe Biden ganó las elecciones de Estados Unidos (EE. UU.) y a varios cubanos se les ocurrió salir detrás del “sueño americano”.

El plan era atravesar Guyana, Brasil, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y México.

Foto: Tomada de la página en Facebook de la organización no gubernamental Bic NIckerie.

Nace una caravana de cubanos en Surinam

El 30 de noviembre varios centenares de cubanos salieron de la ciudad de Paramaribo hasta South Drain, en la frontera occidental entre Surinam y Guyana. Allí esperaban tomar el ferry Canawaima que los cruzaría por el río Courantyne hasta el primer país en su recorrido hacia EE. UU.: Guyana. Sin embargo, el barco estaba roto —según las autoridades— y las fronteras entre ambos países permanecían cerradas.

La terminal de Nickerie se llenó de casas de campañas y cubanos. Según SuNoticia —medio que cubrió todos los sucesos de la caravana—, el grupo inicial estaba conformado por más de 500 personas, entre los que se encontraban 17 niños de 2 meses y hasta 12 años de edad. También estaba integrado por mujeres embarazadas, ancianos y algunos profesionales de la salud. No todos eran cubanos: había dos dominicanos y un surinamés. Este último, a modo de protesta y en espera de una solución, se trepó a una torre de telecomunicaciones de más de 50 metros.

“Dijo que no se bajaría de ahí hasta que las autoridades nos dejaran pasar”, contó su esposa Zurama Figueroa, una cubana de 19 años que viajó a Surinam con su madre y su padrastro. “Otros cubanos también subieron a acompañarlo y les picaron las avispas o tuvieron que bajar casi desmayados”.

Sin embargo, Elio Rosales —el coordinador de la caravana— dijo que no estuvieron de acuerdo con que se subieran a la torre.

Yunier Sánchez también trató de presionar subiéndose a la torre, pero bajó en mal estado. Según contó primero negaron cualquier ayuda del Gobierno. “Lo único que queríamos era que nos dejaran pasar a Guyana”. Hicieron huelga de hambre, protestaron pacíficamente, “pero nada fue suficiente”.

En condiciones de insalubridad, con poca comida, sin baños y en muchos casos durmiendo a la intemperie, las autoridades surinamesas manifestaron su preocupación por la situación con los cubanos, quienes podían representar un riesgo epidemiológico por incumplir con las medidas higiénicas para evitar la COVID-19.

“La situación es lamentable. Todas las medidas han sido quebrantadas. No hay condiciones, las personas cocinan allí mismo y se bañan en los ríos”, expresó la comisaria del Distrito de Nickerie Senrita Gobardhan, tras una visita al campamento.

Gobardhan dejó claro que el Gobierno estaba al tanto de la situación y que las autoridades no estaban contentas con esta.

Días más tarde y dada la tensa situación, Surinam suspendió los vuelos desde Cuba y Haití para evitar que más personas se unieran a la caravana.

Foto: Tomada de la página en Facebook de la organización no gubernamental Bic NIckerie.

Reacciones de la diplomacia cubana 

Una nota de la embajada de Cuba en Surinam anunció el 21 de diciembre que “apoyan la búsqueda de una solución para que los cubanos de visita en Surinam puedan regresar al país”. Aunque el comunicado se refiere a varios cubanos que quedaron varados en el aeropuerto tras la cancelación de un vuelo chárter, las autoridades diplomáticas cubanas han reiterado que están en disposición de ayudar a sus connacionales a regresar.

“Reiteramos la disposición de Cuba de recibir a todos los migrantes cubanos que salieron legalmente del país y se encuentran hoy en Surinam en condición irregular, y que deseen retornar, en correspondencia con lo establecido en la legislación cubana. En estos casos, se proporcionará la debida asistencia consular y las garantías para un retorno voluntario y seguro”, informó una comunicación publicada el 4 de diciembre a propósito de los sucesos de la caravana.

Días más tarde la embajada de Cuba en Guyana también anunció que proporcionarían “asistencia consular y las garantías para un retorno voluntario y seguro” a los migrantes cubanos en Guyana. La nota hacía énfasis en los ciudadanos que utilizan el territorio guyanés como espacio de tránsito irregular hacia Estados Unidos u otros países.

Las notas de la diplomacia cubana resaltaron que son las políticas del país norteño y el incumplimiento de los acuerdos migratorios las razones principales que motivan a los cubanos a correr estos riesgos y ser víctimas del tráfico de personas.

“Cerca de 250 cubanos esperábamos en Guyana para unirnos a la caravana, pero las noticias no parecían estar a favor de los cubanos que esperaban en Surinam”, comenta Dayana, una joven de 24 años que vive desde 2019 en Georgetown. “Aquí se hablaba de una posible deportación, de una operación de la policía, de mucha gente que se cansó de pasarla mal y decidió regresar a Paramaribo”.

Con el paso de los días, el grupo de más de 400 cubanos que acampaban en el muelle de South Drain fue disminuyendo. El diverso estatus migratorio —había personas ilegales, con residencia, en proceso de asilo político o refugiados de la Cruz Roja—; la falta de comida y condiciones de vida; la desesperación ante el mantenido cierre de fronteras y la acción policial, hizo que varias personas abandonaran el muelle y regresaran a los lugares donde permanecían anteriormente.

Foto: Tomada de la página en Facebook de la organización no gubernamental Bic NIckerie.

Desalojo de la caravana

Actualmente, 16 cubanos en Surinam —los líderes de la caravana—se encuentran detenidos en una cárcel de migración, a la espera de un posible proceso penal por el delito de “sedición”. Así lo informó recientemente el jefe de la Policía Roberto Prade.

“Son sospechosos de cometer o incitar a cometer actos delictivos”, informó Prade. También son acusados de ocupar ilegalmente una edificación en la terminal del Canawaima, nombre del ferry que cruza a Guyana.

En los videos publicados en las redes sociales, algunos cubanos se escuchan gritando “Queremos pasar, queremos pasar”, tras conocer que Guyana no les daría permiso para entrar a su país y el transporte por ferry se mantendría suspendido. Sentados en el piso y con las manos en el aire, la policía los rodea, les apunta con armas largas y se nota un altercado. Horas antes habían entregado los objetos punzantes: machetes, cuchillos, tijeras, etc.

La ministra de Defensa de Surinam, Krishna Mathoera, informó que se decidió arrestar a los responsables de estos actos punibles y ponerlos en el centro de detención de inmigración. Agregó que se hicieron amenazas en contra de los agentes de policía y otros guardias de seguridad que se encontraban presentes.

Según declaró la comisaría de Nickerie, fueron las amenazas de algunos cubanos las que provocaron la intervención de la policía y el desalojo del campamento.

“Les damos exactamente 2 horas para que abran las puertas del complejo Ferry Canawaima para que podamos entrar. Si esto no sucede, nos veremos obligados a entrar al terreno por la fuerza si es necesario y ocupar el ferry”, expresó el líder de la caravana Elio Rosales, según la comisaría.

Anteriormente, el grupo restante —cerca de 200 ya habían abandonado el lugar— rechazó la ayuda del Centro de Coordinación Nacional Contra Desastres, que junto a las autoridades los asistió con víveres y otros artículos.

“Nos obligaron a firmar un documento en el que nos hacían declarar que abandonábamos la caravana por voluntad propia”, cuenta Rigoberto Hernández, un refugiado aprobado por la Cruz Roja. “Nos golpearon, nos montaron como perros en las patrullas y nos llevaron a un campamento militar”.

El ministro de Asuntos Exteriores, Negocios Internacionales y Cooperación Internacional (Bibis), Albert Ramdin, aseguró que los reportes sobre maltratos de las autoridades no eran ciertos “porque este grupo fue tratado con mucha prudencia”.

Tras desalojar el campamento el 17 de diciembre, varios cubanos fueron llevados al cuartel Ayoko del Ejército Nacional en el distrito de Pará. Días después los dejaron regresar a Paramaribo, aunque algunos aseguran que les quitaron sus teléfonos celulares y aún no han sido devueltos.

“El día que tiraron las tropas revisaron las mochilas de todos y nos llevaron el dinero”, cuenta Rigoberto Hernández. “Después de lo sucedido y como sabían que habían grabado videos, retiraron los celulares y los rompieron”.

¿Cómo quedó la caravana?

La idea de la caravana de cubanos que intentó llegar hasta Estados Unidos desde Surinam este 2020 no surgió a finales de noviembre. Desde el mes de mayo en varios grupos de Facebook algunos cubanos planteaban la opción de irse hasta Brasil para buscar mejores opciones económicas en ese país o iniciar un recorrido hacia otras naciones. No pocos alegaban las malas condiciones laborales en Surinam, ya sea por su estatus migratorio sin resolver o la crisis de la COVID-19.

Dayron Osmany de las Casas —acompañado por su esposa y tres hijos— pidió refugio en Surinam. “Pero este no es el refugio que merezco. Vivo en la calle, no tengo dinero. Nos han engañado”, dijo.

Como él, fueron las precarias condiciones de vida las que llevaron a la mayoría a embarcarse en un periplo que duró poco.

“Abandonamos las rentas, vendimos lo poco que nos quedaba para iniciar esa caravana”, se lamenta Andry Montano. “Nuestra intención nunca fue quedarnos en Surinam ni en Guyana, solo queríamos que los países nos dejaran pasar”.

Hoy, dispersos por la ciudad surinamesa Paramaribo y otros territorios, sin dinero, renta o trabajo, los centenares de cubanos que integraron la caravana esperan regresar a Cuba, salir hacia otro país o volver a establecerse en Surinam.

“Nuestra situación es crítica, no podemos más”, cuenta Rigoberto Hernández. “Hemos sido engañados, estafados, juzgados, maltratados, etc. Ya no podemos más. Queremos salir de este infierno”.

El ministro Albert Ramdin alertó que los cubanos que actualmente residen ilegalmente en Surinam y no cumplen con las normas o medidas del Gobierno serán expulsados del país.

En el caso de los refugiados o asilados políticos, “se les ha informado que tan pronto como dejen Surinam perderán su condición, la cual les ofrece protección legal internacional”, dijo Ramdin.

“Algunos tenemos miedo de salir a la calle por miedo a que la policía tome represalias con nosotros. Ellos tienen la lista con nuestros nombres”, cuenta Rigoberto Hernández. “Tengo ganas de ver a mi esposa y a mis dos hijos que están en Cuba, pero no me queda dinero para pagar ningún pasaje. Aunque todavía estoy renuente, a veces quisiera incluso que me deportaran”, concluye este enfermero, resignado.

*Con la colaboración de Alfredo Ballesteros de Hola Guyana.

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