La maldición de Adrian Lyne

Por Irina Pino

HAVANA TIMES – Confieso que me gustan las pelis de Adrian Lyne, especialmente Fatal Attraction, con Glenn Close y Michael Douglas. Seguro todos la vieron, donde la femme fatale asedia al tipo casado porque no quiere que la deje, luego de haber tenido sexo ardiente con él.

Cuando el tipo la despacha, ella recurre a actos tan violentos como secuestrar a su hija y poner a hervir en una cazuela a un conejito, la mascota de la niña. Incidente muy feo, porque estoy en contra del maltrato animal.

Pero todas hemos insistido en alguna relación amorosa, siendo un dolor en el trasero y ocasionando la repulsión por parte de nuestro objeto de deseo. Eso pasa y es normal, o no tanto…

Después de dos décadas, Lyne propone Deep Water, que no salió en su momento por la pandemia, y se estrenó ahora en 2022.

Es un filme erótico y de suspenso con la cubana Ana de Armas y Ben Affleck. Dos intérpretes que no son de mi agrado, y aún así me aventuro al cine Charles Chaplin, en El Vedado, a ver de qué va esta última producción del director de 9½ Weeks.

Les digo que sufrí una completa decepción, es una cinta malísima, con escenas de erotismo a granel, y un suspenso no conseguido y hasta tonto.

Cuando acabó el largometraje (una tortura de más de dos horas), salí echando pestes por la boca, comentándole a todo el que se cruzara conmigo que definitivamente era la peor película de Adrian Lyne y una vergüenza para sus fans.

Mientras iba camino a casa, bajé por 12 y 23, entonces comenzó a llover. Enseguida me refugié en un portal. A los pocos minutos se convirtió en una tormenta, con fuertes rachas de aire y un aguacero, semejante al gran Diluvio de la Biblia. Solo que sin El arca de Noé.

Tres horas en un portal aburre y saca de quicio, entonces averigüé que dicho inmueble es la empresa de Bienestar animal. El custodio no paraba de fumar un tabaco y me tenía asfixiada. Odio el humo.

Eché una ojeada adentro, el lugar tenía un mobiliario sucio y ripiado, con un calor espantoso. El hombre me contó que tuvo que traer su propio ventilador y un radio para escuchar las noticias. Se quejaba constantemente de su precario salario y de las malas condiciones de trabajo.

Entre el humo y la chácara retórica, quise escapar de la queja interminable, decidí irme con una llovizna, tomé por el medio de la calle, pero luego se me ocurrió caminar por la acera y resbalé, golpeándome la misma rodilla que me había lesionado en 2019, cuando tuve el accidente.

El impacto me dejó un intenso dolor y dos heridas, como llevaba alcohol para las manos, me limpie rápidamente.

Iba cojeando adolorida, caminé muchas cuadras hasta atravesar el túnel de 5ta Avenida, que estaba semi-inundado.

Milagrosamente, ya estaba en mi barrio, ¡qué alivio! Sin embargo, aquí tampoco fue fácil, se hallaba inundada la esquina de Cero y 3ra, por lo que tuve que dar un rodeo por calle 1era para llegar a mi edificio.

Un baño tibio, ibuprofeno y una bolsa de hielo, me aliviaron por unos momentos. Más adelante tendría la Odisea de mi rodilla.

Pero seguía pensando en la estúpida idea de haber ido a ver la horrible película de Adrian Lyne, y luego soportar su correspondiente venganza. Miraba asombrada mi rodilla, estaba fea e hinchada, parecía un melón.

Continuará…

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Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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