Gobierno de Brasil desea más capitalismo y sin huellas de izquierda

Por Mario Osava (IPS)

El presidente Jair Bolsonaro, en el centro en primera fila, con 16 de sus 22 ministros, entre ellos varios militares, en la celebración de los 100 días de su gobierno, donde la única mujer es la ministra de Agricultura, Tereza Cristina Dias. Ella y la ausente Damares Alves, ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, son la única representación femenina en el gabinete. Crédito: Antonio Cruz/ Agência Brasil

HAVANA TIMES – La educación en casa, la inclusión de la capitalización individual en la previsión social y la ampliación en el acceso a armas de fuego son medidas del nuevo gobierno de Brasil que indican su opción por más individualismo en la sociedad.

Son elementos puntuales que no diseñan el nuevo proyecto de país que el presidente Jair Bolsonaro, de extrema derecha, y su equipo ministerial pregonan que pretenden desarrollar durante su mandato de cuatro años, aunque sus discursos apunten para un capitalismo purgado de políticas que tildan de “comunistas”.

La falta de un programa dificulta la identificación de objetivos concretos de ese gobierno, elegido en octubre de 2018 tras una campaña sin debates entre los candidatos. Su orientación de extrema derecha aparece más en lo que rechaza que en acciones afirmativas dispersas.

“Tenemos que desconstruir muchas cosas, deshacer, antes de empezar a hacer”, dijo el presidente el 18 de marzo durante su visita a Estados Unidos, atribuyéndose el papel de “punto de inflexión” para “libertar Brasil de la ideología nefasta de la izquierda” que estaba, según él, conduciendo el país “hacia el socialismo, el comunismo”.

Este país de 208 millones de personas y dimensiones continentales estuvo gobernado entre 2003 y 2016 por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), primero con Luiz Inácio Lula da Silva y después con Dilma Rousseff.

“El gobierno es la expresión de un fuerte sentimiento conservador, que creció ante los abusos e incapacidades de la izquierda, y de una fuerza política conservadora heterogénea que reúne el liberalismo económico, el autoritarismo político de la vertiente militar de Bolsonaro (antiguo capitán del Ejército) y el conservadurismo social”: Elimar do Nascimento.”

Extinguir decenas de consejos, foros y comisiones que influyen en la gestión pública representa el inicio del desmantelamiento de mecanismos creados anteriormente para promover la participación y control social del gobierno.

El decreto firmado por Bolsonaro al cumplir sus primeros 100 días en el poder, el 11 de abril, fija el 28 de junio para suprimir los órganos colegiados que los ministros consideren descartables. Reducir gastos y burocracia justifica la medida, además de alejar activistas que traban el desarrollo usando tales foros, los “soviets del PT”, según el presidente.

La heterogeneidad de las fuerzas en el poder puede ser un escollo a la definición de rumbos en la construcción.

“Identificamos 16 distintos perfiles de adeptos a Bolsonaro, con motivaciones y expectativas discrepantes. La hipótesis que adoptamos es que el presidente opera como un calidoscopio”, destacó Isabela Oliveira Kalil, profesora da la Escuela de Sociología y Política de São Paulo, sobre una investigación realizada junto con el Observatorio de Sexualidad y Política.

Más allá del combate a la corrupción, la ideología de género y el comunismo, “parece haber un proyecto de contornos neoliberales, leído de formas diversas por la población. Digo contornos, porque puede ser un proyecto de liberalismo para los pobres pero intervencionista y proteccionista para los ricos”, apuntó a IPS.

La orden de Bolsonaro, el 11 de abril, de suspender una prevista alza de 5,7 por ciento en los precios del diesel, ante el riesgo de repetirse la huelga de transportistas que ocasionó graves daños en 2018, es “emblemático”, según esta doctora en antropología social que estudia los movimientos ultraderechistas brasileños desde 2016.

La intervención del presidente en el caso del diesel sorprendió a los inversionistas y a su ministro de Economía, Paulo Guedes, derrumbando las acciones de la empresa petrolera Petrobras, que perdieron 8.200 millones de dólares en su valor de mercado.

“Destacaría también la cuestión de la seguridad pública. La extrema derecha se aprovecha de la sensación de inseguridad de la población para presentarse como grupos que solucionarán los problemas”, acotó Oliveira.

“La brecha abierta por la sensación de miedo de asaltos, de sufrir violencias o incluso morir, sumada a otros elementos, me parece importante para explicar que la población haga concesiones en sacrificar libertades ante la falsa expectativa de solución”, explicó.

Endurecer la represión a delincuencia organizada, ofreciendo incluso una suerte de protección a policías que maten sospechosos, es el objetivo de un paquete de nuevas legislaciones sometido al parlamento por el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Sergio Moro.

Moro fue el juez que se hizo popular por encabezar, de 2014 a 2018, la operación Lava Jato (lavado de vehículos), que llevó a la cárcel por condenas de corrupción a centenares de políticos y empresarios, incluido el expresidente Lula.

Un denominador común del nuevo gobierno es reducir la acción colectiva, solidaria, como orientación general, destinada a la destrucción de la herencia de un periodo que simplistamente caracteriza de izquierda y que determinó la redemocratización el país entre 1985 a 2018, tras la dictadura militar (1964-1985).

La enseñanza dentro del hogar, en que la familia sustituye la escuela, será promovida y regulada por una ley cuyo proyecto Bolsonaro presentó como una de sus prioridades de los 100 primeros días.

También se busca otorgar al individuo parte de la responsabilidad en la seguridad ciudadana. Otro decreto presidencial, del 15 de enero, facilita la posesión de hasta cuatro armas de fuego de cualquier ciudadano que compruebe aptitud, en su casa o local de trabajo. Bolsonaro lo justificó como una promesa electoral.

En la reforma de previsión social, considerada como indispensable por la mayoría de economistas para equilibrar las cuentas públicas y asegurar el crecimiento económico de Brasil, se pretende introducir la capitalización individual y que ella conviva con el futuro sistema, que seguirá basado en el reparto o solidaridad, o que lo sustituya.

La medida forma parte de las recetas neoliberales que el ministro Guedes asegura que el país requiere para salir de la crisis en que vive desde 2014, con una recesión profunda el bienio siguiente, seguida de un virtual estancamiento que persiste hasta ahora.

Difícilmente esa capitalización, que en Chile se adoptó en 1981, donde ahora está ahora en revisión por sus malos resultados, será aprobada en Brasil. Al requerir una enmienda constitucional, se necesitará una mayoría de 60 por ciento en las dos cámaras legislativas, una hazaña en un parlamento fragmentado en 30 partidos.

El ministro de Minas y Energía, Belo Albuquerque, almirante activo de la Marina brasileña, en un seminario sobre las oportunidades del petróleo y el gas en Brasil, donde volvió a defender la conclusión de Angra 3, la central nuclear cuya construcción se interrumpió en los años 80. El ministro promueve un plan para construir hasta ocho centrales nucleares, para que ya una decena en el país. Crédito: Fabio Rodrigues Pozzebom/Agência Brasil

Pero habrá cambios en el sistema de reparto, como la elevación de la edad mínima de jubilación (se propone 65 años para hombres y 62 años para mujeres), la reducción de disparidades entre el sector privado y público y la disminución de privilegios a los legisladores, jueces y militares.

La economía es el sector con rumbos definidos por el neoliberalismo de Guedes, cuya guía es la privatización, la apertura comercial y la mayor libertad posible para las empresas y su competencia.

“Pero la dificultad de caracterizar este gobierno es la mezcla de ideas, de corrientes distintas, e incluso contradictorias, una verdadera ‘ensaladilla rusa”, según Elimar do Nascimento, sociólogo y profesor de postgrado en desarrollo sostenible de la Universidad de Brasilia.

“El gobierno es la expresión de un fuerte sentimiento conservador, que creció ante los abusos e incapacidades de la izquierda, y de una fuerza política conservadora heterogénea que reúne el liberalismo económico, el autoritarismo político de la vertiente militar de Bolsonaro (antiguo capitán del Ejército) y el conservadurismo social”, resumió a IPS.

“El bolsonarismo no es un movimiento cohesionado, sino una coladera ideológica cacofónica”, que triunfó en las elecciones, “pero que ya en el poder sus fracturas van apareciendo”, resumió para IPS la coordinadora del Observatorio de Sexualidad y Política, Sonia Correa.

El componente mayoritario del gobierno es militar, que controla ocho de los 22 ministerios y otras decenas de altos cargos.

“Creo que tendrán que revisar esa participación que desgasta la imagen de las Fuerzas Armadas, que disfrutaban de gran confianza de la población”, según las encuestas, lamentó a IPS un coronel retirado de Aviación, Sued Castro Lima.

Los generales que son más cercanos a Bolsonaro pertenecen a una generación formada en el período más duro de la dictadura militar, en los primeros años 70, que rechazan todo lo que sea progresista y abandonaron el nacionalismo, acotó.

Ahora adhirieron al gobierno neoliberal que vendió la Empresa Brasileña de Aeronáutica (Embraer), un orgullo nacional, a la estadounidense Boeing, y firmó un acuerdo para que Estados Unidos disponga de la Base de Alcántara, ideal para lanzamiento de satélites espaciales, criticó Lima.

 

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