Visita a los acuáticos

By Irina Echarry

Los acuáticos viven en el majestoso valle de Viñales.

 

HAVANA TIMES — Para muchos, Viñales se ha ido convirtiendo en el sitio turístico por excelencia, donde se puede disfrutar de una bellísima naturaleza junto a las comodidades de la ciudad. Allí, conviviendo con esa modernidad que cada día se apodera más del lugar, existe un mogote donde viven personas que muchos quieren visitar, pero muy pocos llegan a entender: los acuáticos.

“De la muerte no te salva nadie”, dice Mario Rodríguez, mientras me brinda un exquisito jugo de mango. “Cuando te toca, te toca”. Sus palabras tienen la convicción de la fe, una fe que lo ha llevado a una vida alejada de las visitas al médico.

Quienes  recuerdan la película cubana Los días del agua, sabrán de qué hablo. El film narra los hechos ocurridos en 1936 en Pinar del Río, cuando a una señora, Antoñica Izquierdo, se le presenta la Virgen y le dice que deseche las medicinas, su hijo solo podrá ser curado con agua. Así comenzó una creencia que continúa  hasta nuestros días. Si lo dejamos así, la lectura sería ingenua. Tan ingenua como la historia que cuentan los actuales acuáticos.

Mario Rodríguez

Nosotros no nos metemos en política”, “no tenemos que ir a la escuela, aprendemos en casa y en el campo lo imprescindible para vivir”; “nunca he visitado un médico, ni falta que me ha hecho”.

Esas son algunas de las frases que una escucha mientras disfruta de una vista espectacular al valle de Viñales. Tanto Mario como su hermano Antonio, sus esposas y sus padres crecieron con esas enseñanzas y son hombres y mujeres de bien; además, ya están muy adultos para intentar ir más allá del cotidiano.

Cuando decidí subir a conocerlos, me propuse entablar un diálogo  sincero, y acercarme a sus vidas con respeto. La loma de los acuáticos es hoy un destino turístico, los extranjeros suben a ver personas exóticas que no toman medicamentos y son saludables, no van a la escuela y tienen muy buena educación, no votan ni tienen Carné de identidad. Sorprende algo así en la Cuba del siglo XXI, pero podemos, escuchando los hechos que narran, ubicarnos en el contexto que dio origen a su fe.

En la peli, un periodista muy cercano a los sucesos se pregunta si los guajiros cubanos no buscan en Antoñica la esperanza que han ido perdiendo con tantos años de mentira, y que los ha convertido en seres apáticos y sin aliento. Estas palabras parecen sacadas de una conversación actual.

Los acuáticos modernos son gente humilde y trabajadora, te envuelven con su cháchara amistosa y repiten el cuento una y otra vez: se formó un revuelo muy grande con Antoñica, todo el mundo quería atenderse con la “milagrosa de los cayos”, y eso molestó. Tuvimos que irnos, nos botaron pal medio del camino real, entonces nos metimos en esta loma. Cuando llegamos todo era monte, tuvimos que cortar árboles inmensos para poder hacer las casitas, los caminos; eso fue en el año 43 y de aquí no nos movimos más nunca.

La película refleja muy bien ese suceso: Antoñica, con el simple hecho de atender a los pobres, a los que no tenían acceso a la salud, hacía una crítica severa a los médicos, los boticarios de entonces, y todas las supuestas instituciones benéficas. Era lógico que el poder se sintiera amenazado y actuara en consecuencia: fue acusada de loca,  criminal, etc.

La curiosidad me llevó hasta la punta del mogote, visité sus casas, me brindaron café; conversé con sus amigos de la zona, estos dieron cuenta de la humildad de esas personas que valoran la tierra y el trabajo. Quería saber si hacen algún ritual, si el agua del lugar tiene características especiales, hasta dónde son aceptados o no por la sociedad y el gobierno.

La vida en esa montaña, aunque desde abajo parezca que no, ha cambiado mucho. La última persona que tenía “el recetario” para el uso medicinal del agua, falleció hace unos años. Ahora solo queda lo que cada anciano recuerda, y una fe poderosa. En la película, Antoñica repite una frase mientras rocía el líquido sagrado sobre los enfermos; sin embargo, Antonio y Mario me aseguran que ninguno de ellos lo hace. Tampoco creen que el agua del lugar es la única sanadora: “El agua es vida, mijita, el agua natural, eso no puede hacer daño, al contrario. Cada vez que me siento algo, voy y me mojo. Así curaron a mi tía del asma cuando era pequeñita”.

Casa de Yosbani

Me cuentan cómo sobreviven sin carné de identidad, “igual que tú, aquí todo el mundo nos conoce y nos respeta. Incluso, cobramos chequera por la jubilación, sin problemas, tenemos la libreta (de abastecimientos). Los primeros años de la Revolución sí hubo algunos incidentes, gente presa por no llevar encima el carné, ya sabes, pero luego eso dejó de suceder, se adaptaron a nosotros”.

Mientras hablan recuerdo que Antoñica, como toda persona sensible, se hartó de los políticos y, para no comprometer su voto, rompió en pedazos su cédula; los demás la siguieron convencidos de que era lo mejor. Pero me asombra saber la reacción del gobierno, me ubico en la presión que se ejerce en La Habana para que la gente “vote temprano”, que es una manera de marcar a los que no acuden a las urnas. Mario insiste en que nunca han tenido problemas con eso.

Arriba conocí a Yosbani, un joven de menos de treinta años, su casa amarilla parece sacada de un cuento infantil. Yosbani ya no es acuático, renunció hace unos años luego de sufrir una fiebre muy alta;  la novia lo llevó al médico, allí le pusieron tratamiento y se salvó. “Mis hijos sí van al médico, y también irán a la escuela, ya no es lo mismo. Uno se relaciona con la gente del pueblo (Viñales) y conoce otras cosas”.

Las nuevas generaciones ya no se entusiasman con el aislamiento, la fe ya no los sostiene. Muchos, incluso, se van  de la montaña. Otros, como Yosbani, viven en el pueblo y mantienen aquí su lugarcito, siembran y, a cada rato, se sientan a contemplar el hermoso valle de Viñales.

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7 thoughts on “Visita a los acuáticos

  • el 19 enero, 2017 a las 3:44 am
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    Irina, gracias por comentar… veo que te tomas esto con “seriedad” y quiero respetar eso.
    Me disculpo si fui muy negativo en mi comentario, quizá extrapolé mi mala experiencia -en tiempo y espacio-; pero te juro que lo que conté es cierto… así que te pido que por favor entiendas mi frustración e “impotencia” cuando me pintan un cuadro tan lindo. Al final, los “acuáticos”, por muy acuáticos que sean son también humanos y tienen, como decimos, dias y “dias”.
    Sin malentendidos.
    Good job!.

  • el 16 enero, 2017 a las 2:16 am
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    Tenìa listo un comentario sumamente extenso, referente a tu texto. Me quedo con tus fotos, Irina, ¡felicidades!

  • el 12 enero, 2017 a las 10:05 pm
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    Gracias, Isidro. Yo pregunté mucho a los que quedan y ninguno hace ritual ni pronuncia frase alguna. Así que lo de la peli no sé si es ficción o si en aquel momento sí la pronunciaban.

  • el 12 enero, 2017 a las 9:55 pm
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    Unos amigos me habían hecho historias parecidas a la tuya; pero a mí me trataron muy bien, y desde el principio supieron que era cubana. Me brindaron jugo de mango, agua, café y mucha conversación. También los vi interactuar con extranjeros.
    El mogote de los acuáticos está incluido en un sendero turístico, o sea es una ruta habitual. Yo creo que la mayoría de los turistas sube al mirador, los acuáticos y su historia no interesan tanto.

  • el 11 enero, 2017 a las 9:28 pm
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    Muy buena crónica, Iri. Te felicito. Amena y buena dos veces por breve. Me diste algo de envidia, pues hace mucho no me subo a los mogotes….Y ¿por qué no citaste el mantra de Antoñica?: “¡Perro maldito al infierno!”

  • el 11 enero, 2017 a las 7:16 am
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    …acaso revisaron bien la casa para afirmar que no tienen carnet de identidad etc??
    Yo también subí a verlos, no ahora, en el año ’98… ya en esa fecha eran “atracción turística” …aunque nunca entendí el por qué: me pareció todo muy falso… empezando por los “brand new” adidas que una joven “acuática” lucía en el portal… y terminando porque nadie quizo hablar conmigo, ni los buenos dias dieron!! pensé que de beber tanta agua habían quedado mudos :-) pero justo detrás de mi venían unos canadienses y vi como todos los acuáticos comenzaron a “mostrarse felices y habladores…” y hasta a hacer “burbujas de amor” jeje …en fin, más de lo mismo.
    La idea es quedarse con la histora, quiero decir, la original, la de “antes-de-nuestra-era”…el resto: más de lo mismo.
    Muy “buen” artículo para inocentes turistas de habla hispana :-/

  • el 9 enero, 2017 a las 4:35 pm
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    Gracias Iri! Muy interesante….

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