Un paseo por Perico, Matanzas

Fotorreportaje por Irina Echarry

HAVANA TIMES — La invitación vino con un comentario: “Vamos a Perico; no esperes nada esplendoroso, es más bien un sitio mustio y aburrido”. Pero ¿cómo confiar en los comentarios de un habanero respecto a un poblado de campo?

Por la carretera hacia Matanzas, charcos inmensos y surcos inundados: la lluvia nos acompañó durante todo el viaje. La mayoría de las tierras sembradas, sobre todo de caña; con poco espacio para el marabú, aunque no está ausente.

Llegué de noche, el baño y la comida transcurrieron al ritmo de la telenovela brasileña, salpicada por unos cuantos chismes del pueblo. En el techo de la casa correteaba un ratón, la madrugada se hizo larga y fatigosa: ¿entrará por algún hueco? ¿Se cansará en algún momento? Eso, además del llanto – cada tres horas – de la pequeña Arianne, recién nacida.

Me levanté al amanecer, aunque caían pequeñas gotas un sol incipiente se vislumbraba; en cuanto escampó salí a tomar algunas fotos.

No hubo sorpresas, salvo la limpieza de las calles; a pesar de los charcos y el fango no vi papeles ni basura en todo mi recorrido. Incluso, la gente salía a barrer o limpiar no solo su portal, también la acera y parte de la calle. Caminé con la tranquilidad que me permitía la llovizna intermitente.

Además de esa extrema limpieza ¿qué tiene de especial Perico? Pues la verdad que no sé. En cualquier poblado de campo la gente se traslada en carretones tirados por caballos o en bicicletas. Aquí hay una piquera de coches de caballos frente a la terminal, los cocheros son gente chévere, cuidan a sus animales; algunos quisieron salir en fotos y uno me pidió que retratara las piedras que en el medio de la calle obstaculizan el tránsito.

Los coches portan mensajes para mejorar la convivencia social: Quítame la vista; Mi trabajo es un arte, pero no trabajo por amor al arte; No hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan; entre otros.

Los bombillos del alumbrado público están protegidos por simpáticas jaulitas. Veo un cerdo caminar solo, a muchos metros de distancia del “dueño”; cualquiera podría pensar que anda libre, aunque una soga descubre lo contrario.

Aquel viejito vende pedales – de bicicleta – hechos de roble blanco; lindos, resistentes y fuertes, una solución a la carencia de pedales industriales.

Una carreta hace confluir todas las miradas y, como un imán, atrae a la mayoría de los habitantes del pueblo. Envases con esencia de refresco (piña y melocotón) a 10 pesos, es algo para no perderse. Ahora estarán garantizadas las meriendas de los niños al menos por un tiempito. Parece un enjambre; lo mismo sucedió en mi cuadra en Alamar hace unos días, pero con un camión de cebollas y mucha agresividad por parte de la gente que hacía la cola. Esa es la mayor diferencia con la capital, aquí la vida es más sencilla y mucho más tranquila.

Permanecen abiertas las puertas de las casas y las bicicletas parqueadas en plena avenida principal. Me comentan que apenas hay perseguidoras, la policía no molesta mucho, aunque hace poco le quitaron la cámara a uno que filmaba un río de aguas negras saliendo de una fosa desbordada. Quien me lo dice se queja de la fosa y el mal olor, sin embargo, su frase: “debe ser de los derechos humanos”, naturaliza la humillante acción policial.

Quizá por eso muchos me preguntaban preocupados quién era. En la galería de arte había una expo de un buen ilustrador de libros infantiles, la especialista dijo que estaba prohibido sacar fotos y, además, con demasiada curiosidad preguntó si yo era artista, de dónde venía y adónde pertenecía. Preguntas tan complejas espetadas así, sin más ni más.

— ¿Quién soy, a dónde pertenezco? Me la está poniendo difícil—, le dije a otro viejito que me interceptó en la acera.

—Disculpa, es que tengo que saber: ¿Por qué tiras fotos?

—Bueno, esa es más fácil…

El señor disimuló diciendo que como se “esperan cambios estructurales en los inmuebles”, pensó que yo era arquitecta. Se refería al mal estado de la mayoría de los techos; prometieron repararlos y la gente está ansiosa. De todas formas, hizo hincapié en la familia que me estaba acogiendo y mi parentesco con ellos.

Pero eso no es nada especial ¿o sí?; en cualquier sitio de este país la gente sonríe a la cámara o le teme, hace cola para la prensa o compra café en algún timbiriche.

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10 thoughts on “Un paseo por Perico, Matanzas

  • el 4 noviembre, 2014 a las 3:45 am
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    Gracias por las fotos!. Se las voy a enseñar hoy mismo a mis hijos

  • el 2 noviembre, 2014 a las 8:19 pm
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    Lapon libre, muchas gracias. La historia es bien simpatica.

  • el 2 noviembre, 2014 a las 11:50 am
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    Señor Tony. Busqué esto para no usted y aclaro que no es de mi autoría. !Disfrútelo!
    ¡A correr, liberales del Perico!

    Fue en 1916 cuando el general Mario García Menocal decidido a no abandonar la presidencia aspiró a la reelección. Muchos cubanos se opusieron recordando la mala experiencia de Estrada Palma, pero los conservadores dijeron: “la reelección va, a las buenas o a las malas”.

    Los liberales del pueblo de Perico, en la provincia de Matanzas, organizaron un gran mitin político con oradores de La Habana. Viendo el gobierno que el pueblo respondía, echaron mano de la guardia rural para disolver aquella multitud enardecida por la “chambelona”.

    En la tribuna un orador se disponía a iniciar su discurso diciendo: “Liberales, del Perico” cuando advirtió que llegaba la fuerza pública repartiendo plan de machete a diestra y siniestra. No pudo proseguir su discurso el acobardado orador que sólo atinó a decir: ¡A correr! ¡”Mientras otros sostienen que fue la caída de una “yagua” de una palma real del parque la que propició el llamado ¡ A correr!. No faltan quienes afirman que el autor de la frase ¡A correr! fue el Senador aquilino Lombard.

    Desde entonces los cubanos para indicar que algo debe terminar rápida y abruptamente dicen: “¡A correr, liberales del Perico”.

    La frase ha pasado al patrimonio de la cultura oral de la nación. Se utiliza cuando se quiere escapar de algún peligro o como simple expresión que refleja una situación escabrosa.

    El suceso que dio origen a la frase tuvo lugar durante el gobierno del político conservador Mario García Menocal (1866-1941), que dirigió la nación entre 1913 y 1921.

    José Miguel Gómez, liberal y principal opositor de Menocal, gobernó la Isla entre 1909 y 1913, y lideró un alzamiento armado en las provincias de Camagüey y Oriente que duró poco tiempo y concluyó con la captura de los rebeldes, incluido Gómez. Los alzados en armas fueron absueltos y el conflicto pasó a la historia con el nombre de La Chambelona, una suerte de conga protesta por la controversial reelección de Menocal el 20 de mayo de 1917.

    El fin de aquella escaramuza no puso fin a las querellas entre liberales y conservadores. Las protestas se sucedieron contra el intento de Menocal de alcanzar un segundo mandato. Los liberales organizaron actos de protesta pública en muchos pueblos de Cuba. Uno de ellos se realizó en Perico.

    La mañana del 16 de agosto de 1916, la tensión ciudadana en Perico excedía los límites de lo que parecía una protesta mesurada. Los liberales del pueblo se congregaron en la plaza principal para iniciar la protesta contra Menocal. Aunque lejos del escenario, los menocalistas, molestos por el acto contra su líder, se preparaban para un choque violento entre los bandos y una posible arremetida del ejército y la policía contra los manifestantes.

    La multitud escuchaba atenta el discurso del político liberal cuando, de repente, una explosión estremeció el lugar. Se formó el dale al que no te dio, y entonces se escuchó una voz potente que ordenaba:

    -¡A correr, liberales de Perico!

    La estampida fue una carrera maratónica sin meta fija. Minutos después se conoció la causa de la explosión. No se trataba de una bomba, ni una descarga de fusilería, sino la enorme penca de una palma real de las cuatro que embellecían el parque que se vino abajo dese su altura majestuosa, dando por terminado el mitin liberal y dejando para la historia una frase que ha servido de comodín a muchas situaciones serias e hilarantes.

  • el 2 noviembre, 2014 a las 7:26 am
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    por que despues de decadas,los habaneros siguen pensando que hay aldeas en el interior?? que idea tienen de la divison campo-ciudad?? donde se quedaron los ideales de equiparar la vida campo ciudad?? todo cuento,mentiras izquierdosas para hacerce del poder????miren al habanero,hombre nuevo, haciendo una mirada al interior,ja,ja,ja…haciendo como que añora la vida “salvaje”…pero regresa a la habana…..muy colonialista el tipo!!!!!

  • el 2 noviembre, 2014 a las 7:20 am
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    que lindo describe la miseria de un pueblo que vive de no se que pues al parecer en ese pueblo no hay lugares de trabajo…o si??Parece la descripcion de una aldea taina precolombina,nada de actividad vital,solo gastronomia y cultura,,,,,y algun raton y puerco caminando por la calle…vaya muy espiritual el reportaje,muy bucolico!!! y a que se dedican los habitantes de perico???

  • el 1 noviembre, 2014 a las 3:55 pm
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    Alguien sabe el origen de la famosa frase; “¡A correr Liberales del Perico!”

  • el 1 noviembre, 2014 a las 10:21 am
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    Cuando leo “ponga el “celebro” en funcionamiento, por mi madre que no sé qué me quieren decir.

    “Por el techo correteaba un ratón””… Casi poético.

    “Quien me lo dice se queja de la fosa y el mal olor, sin embargo, su frase: “debe ser de los derechos humanos”, naturaliza la humillante acción policial.”

    Parece que vivir en medio de la peste a mierda de las fosas no entra dentro de la definición de “derechos”. Me recuerdan a isbel con lo del papel sanitario.

    “Pedales hechos de roble blanco”. en un país en que no se encuentra madera como Dios manda para hacer el marco de una puerta decente. Lo real maravilloso. ¿Y, de verdad que hacer pedales de roble es “UNA SOLUCIÓN”.

    Y flotando sobre todo, el miedo a una simple cámara fotográfica

    Ay, Dios, ampárame.

  • el 1 noviembre, 2014 a las 10:11 am
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    Me apasionan los pueblos y la vida de pueblo con su pulcritud, su gagastronomía local, sus chismes y enredos de familia grande y esa especie de olfato para detectar intrusos.

    Perico nunca me resultó especialmente atractivo. Me refiero a que no era tan lindo como Campo Florido, ni tan distinto a otros como Hershey, no lo invadía el holor a dulce recien horneado como a Manacas, ni tenía tan buenas fiestas como Remedios o Camajuaní.

    En todos los pueblos se ve lo que esta ocurriendo en Cuba, la decadencia de un pasado próspero y el despoblamiento. Mientras mas chiquito el pueblo mas se nota.

    La propia Habana, con perdón por herir suceptibilidades, hace rato que está dando pasos a la ruralización: escaso alumbrado publico, calles de doble sentido, pocos semáforos, y no crece en altura porque no se construyen mas edificios altos sino que la gente individualmente hace casas de una o dos plantas mayormente en la periferia.

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