Santa Clara diez años después

Fotorreportaje por Isbel Díaz Torres

HAVANA TIMES – Regresé a Santa Clara después de diez años. La ciudad se mantiene tan hermosa como aquella vez cuando acudí a la boda de mi mejor amiga de la Universidad.

Siempre he dicho que lo mejor que tiene ese lugar, bien al centro de la isla, es su gente. Por supuesto, no se me escapa que es una frase manida, pero ciertamente no tengo otra para expresar mi experiencia.

Buena parte de mis amistades de la Universidad, de las carreras de Biología, Microbiología y Bioquímica, eran de esa provincia. Pude conocer entonces la ternura que manaba de aquella gente simple, linda, inteligente, con quienes entré a la adultez. Muchos sabemos que las amistades de la Universidad lo son para toda la vida.

A partir de aquel entonces, siempre que he regresado a Santa Clara ha sido para recibir más cariño, para conocer a más gente linda.

Por supuesto, ello no significa que sea un lugar perfecto. Está lleno de contrastes, incoherencias; el absurdo habitual en aquellos que el poeta Eliseo Diego llamó “los extraños pueblos”.

Dos figuras centrales se disputan allí la preeminencia en el imaginario y visualidad popular: el gran Ernesto Che Guevara (imagino el trabajo que pasarán los niños y niñas para comprender que el Che NO nació en Santa Clara), y la señora Marta Abreu de Estévez (1845-1909).

El Mejunje donde hay música todas las noches.

El Che libró en estos predios la famosa Batalla de Santa Clara, mientras que la esposa del vicepresidente de la república, “encarnación sublime de la caridad y el patriotismo”, como reza el monumento del céntrico Parque Vidal, con sus donaciones y obras de caridad fundó buena parte de las principales instituciones de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XIX.

Arquitectura ecléctica, como en casi toda ciudad de esta isla, mezcla los hermosos caserones de estilo colonial, de vitrales, lucetas, farolillos, tejas rojas, del centro histórico; con los repartos grises postrevolucionarios, de edificios como los del conocido “Bloque de los rusos”.

La gente en la calle habla constantemente del transporte, pero a diferencia de los capitalinos, ellos no tienen los largos ómnibus Yutong, sino que se desplazan en coches tirados por caballos (2 pesos), motocicletas (3 pesos), o triciclos, que son un poco más caros.

Buena parte de la población prefiere usar sus propias bicicletas, y aunque no lo hagan movidos por sentimientos ecologistas, la realidad es que ello aporta grandemente a tener espacios menos contaminados por gases tóxicos y ruidos desagradables.

Lugares a no perderse:

–  Parque Vidal (eje cultural de la ciudad, con su librería, cafeterías, museos, hotel, cine, café literario, teatro, biblioteca, y más espacios)

–  El Mejunje (cada día con una oferta cultural diferente, desde música tradicional hasta rock; por estos días presenta una expo fotográfica titulada “La vida gay: Desde Hamburgo hasta Santa Clara”)

–  El Coppelia (con muchas más especialidades y mejor trato que la gigantesca heladería de La Habana, pero también con menos sabores y más trámites burocráticos).

Pero si va por Santa Clara, la mejor experiencia siempre será hablar con su gente.

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6 thoughts on “Santa Clara diez años después

  • y quien dice eso , se sabe que el es argentino, nadie a manipulado nada. quien no conoce la historia del CHE.

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