Los rusos en Cuba

Fotorreportaje por Ariel Glaria Enriquez

Soviet jeep from the 1960's
JEEP SOVIÉTICO de la las ’60.

HAVANA TIMES — La crisis de los misiles en 1962, que puso el mundo al borde de una guerra nuclear, fue preludio de la presencia, por varias décadas, de los rusos en mi país.

A pesar del interés  estratégico y político de la URSS de no perder aquel inesperado aliado, su total influencia en la Isla caribeña no se hizo inmediata al terminar la crisis. La oportunidad llegaría cuando Cuba apoyó oficialmente la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968.

No obstante, hacía tiempo en Cuba corría el petróleo soviético, eran famosas las latas de carne de esa nación, las botas militares con casquillos de acero en las puntas, los fusiles automáticos kalafnicov y los tomos completos de las obras de Lenin, que pronto se convirtieron en un elemento decorativo en las salas de los hogares cubanos. Obvia referencia a los lomos en cuero de las bibliotecas burguesas.

BATIDORA CON MOLINO
BATIDORA CON MOLINO

El anuncio en 1971  de la distribución masiva, por centros de trabajo, de equipos electrodomésticos soviéticos y la también masiva construcción de edificios con modelo soviético en Alamar, que se extendió pronto por todo el país, hizo realidad lo que se esperaba diez años antes.

Para digerir aquella presencia extraña hasta en los olores y llena de objetos tan duraderos como  pesados mientras más se modernizaban, los cubanos los bautizamos bolos.

A partir de entonces la cultura se bolietisó, el realismo socialista se convirtió en el ideal estético de la creación intelectual. Los uniformes escolares se diseñaron a la manera de los bolos, los métodos de educación y enseñanza se copiaron de ellos, en las escuelas se enseñó idioma ruso y en las actas de nacimiento se inscribieron nombres como Seriocha, Aliuska, Victoriano Ilichetc, en contraste al Pérez, Valdes o Gonzales de los apellidos.

Al mismo tiempo las películas de guerra, los series de espionaje y las novelas actualizaron el imaginario colectivo de los chivatones: La desconfianza y el espionaje ideológico se impusieron. Los muñequitos rusos se convirtieron en el paradigma de la educación del hombre nuevo; hábil en hacer muñecos de nieve y criar osos en la Siberia, lejos de los mosquitos y las palmas.

TV CARIBE DEL 79
TV CARIBE DEL 79

Por otro lado, el cumplimiento de los planes quinquenales y los trabajos voluntarios justificaron las peleas laborales por la adquisición de toda la cacharrería eléctrica, medidora junto a alguna que otra fotico de Lenin-que servía, además, para esconder los santos-, del compromiso político y la inquebrantable confianza en el éxito de las misiones espaciales rusos, a pesar que nunca nos enteramos qué buscaban tan lejos de la Tierra.

Sus éxitos tecnológicos que los cubanos seguíamos en la revista Sputnik, en los debates materialistas de los viejos y en la calidad de los radios que el hombre nuevo usaba para captar emisoras musicales en FM.

Así, mientras la subjetividad  de los cubanos pugnaba en silencio contra la trabazón ideológica impuesta, que nada tenía que ver con nuestra forma de sentir, y que nos enseñó más de la Taiga y el Cáucaso que de las cuevas de Bellamar o Machu Picchu, se proyectó la embajada soviético en Cuba, enorme edificio de cascara pétrea construido en la década del ochenta, frente a la franja costera de Miramar, al  oeste de la bahía de La Habana, que reproduce a escala arquitectónica el intimidante símbolo del KGB, irónicamente justo cuando la guerra fría comenzó a sentir los efectos del calentamiento global. KONIEK, perdón, quise poner FIN.

EDIFICIO SOCIALISTA
EDIFICIO SOCIALISTA

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Notas: HT agradece la amabilidad de todos los que mostrando lo que guardaban hicieron posible este fotorreportaje.

La Iglesia Ortodoxa Rusa en La Habana es de construcción reciente. Hoy cuenta con un número notable de fieles en la Isla.

El símbolo del KGB (Policía Política Soviética) fue tomado de las redes sociales. El resto de las fotos fueron tomadas en días recientes en La Habana, por este colaborador.

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Ariel Glaria

Ariel Glaría Enriquez: Nací en la Habana Cuba en el año 1969. Soy orgulloso portador de un concepto en peligro de extinción: habanero. No conozco otra ciudad, por eso la vida en ella, sus costumbres, dichas y dolor son el mayor motivo por el que escribo. Estudie la especialidad de Dibujo Mecánico, pero trabajo como restaurador. Sueño una habana con el esplendor y la importancia que tuvo.

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11 thoughts on “Los rusos en Cuba

  • Ariel: En realidad, creo que eres alguien muy joven y no conoces la historia de los rusos en Cuba, pregúntale a la gente que vivió en esa época, infórmate, debes ver un documental sobre las mujeres rusas que se casaron con cubanos y vinieron a Cuba a quedarse, todavía hay muchas de ellas acá. Es negativo hablar con desprecio de los rusos, que gracias a su ayuda pudimos sobrevivir tantos años. La cultura de ese país es enorme, de las películas rusas, para que hablar, hay muchas obras de arte de ese cine que se vieron en Cuba y todavía se recuerdan con nostalgia: Solaris, La guerra y la paz, Los amaneceres son aquí apacibles, El espejo, y su inseparable cine bélico, es imposible escribir de todas, pues la lista sería interminable. La serie 17 instantes de una primavera fue una de las inolvidables, y aún goza de popularidad entre mucha gente de mi generación. La literatura rusa tiene nombres imprescindibles como León Tolstoi, Anton Chéjov, Fiodor Dostoyevski, autores de obras que debes buscar y leer para aquilatar sus valores estéticos.

  • Pienso que no se trata de agradecer o no a los rusos (entonces soviéticos). La crítica no es contra ellos, sino por las cosas que quisieron imponernos en su nombre -el sistema o el gobierno- que eran totalmente ajenas a nuestra idiosincracia: esas modas “otoñales”, ese sistema político tan cerrado y nada democrático, aquel idioma tan diferente (aunque adoro las lenguas), aquella cultura con aquellos artistas tan distintos a nosotros… Particularmente, yo viví en un reparto entre soviéticos y otro grupos de extranejros y de ellos no tengo ninguna queja negativa. Todo lo contrario, gracias a algunas, en especialmente mis vecinas rusas -quienes eran negociantes natas- me hice de algunos “pitusitas” de clase c y comí determinadas frutas que daba por extintas: manzanas, uvas, etc. Lo que sí me molestó (y bastante), fue la imposición gubernamental de aquel “Marxismo Leninismo”, el cual, para mi, siempre fue Ciencia Ficción.

  • Miranda, es muy probable que la lavadora que vio su abuela en 1983 ya no exista, pero seguro que la Aurica que tenía en Cuba sigue funcionando al día de hoy. Los equipos soviéticos no eran lindos, pero sí muy funcionales.

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