Los olvidados de La Habana

Todas las fotos son de Yoanny Aldaya

Por El Estorundo

Fotos: Yoanny Aldaya

HAVANA TIMES – Las ruinas de La Habana, y la gente que habita esas ruinas, son finalmente el Serengueti de los fotógrafos cubanos, que parten en safari una tarde y otra tarde. Es siempre el mismo territorio, siempre la misma cebra.

Pero el ojo del artista fotográfico cobra piezas distintas en la planicie de lo indistinto, en la jungla rala del tedio y la decadencia. Tal como el buen cazador no caza sino alguna inflexión en el rugido, un quiebre en el movimiento inexorable de la fiera: ese estupor y esa efímera tristeza que hasta el instante final no existían en el mundo y que ha traído consigo el propio cazador para inocularlos en la absorta fatalidad del animal y del paisaje.

Sabemos que la belleza es el principio de lo terrible. Y es ese el trance en que nos colocan algunas de estas fotografías de Yoanny Aldaya: la inteligencia de la luz y de las líneas generan momentos estéticos que preceden por poco a la pregunta pavorosa: ¿quiénes son «los olvidados»?

Los mismos rotos edificios de la misma Habana absurda tienen aquí otro peso, otra densidad. No se trata solo de la luz teatral. No se trata solo de la imaginación geométrica de Aldaya. Se trata de una ausencia rigurosa: ¿dónde están «los olvidados»?

Suponemos que la arquitectura en ruinas ha devorado y ha expulsado por fin a sus inquilinos.

Pero, ¿quiénes han devorado estos edificios?

Las ruinas como insaciable desmemoria. La ciudad no como espacio público ni como mapa histórico ni como territorio cultural, sino la ciudad como absoluto estupor, como parálisis muscular, como bestia autofágica. Como terrible belleza fotográfica.

Ciertamente, puede que el autor haya cobrado la pieza mayor entre todas, y que esa pieza inesperada esté palpitando, hecha un gran cuerpo herido, en una serie fotográfica más o menos secreta que a su vez ha sido devorada por esta otra serie fotográfica que el autor ha titulado Los olvidados.

No sabríamos bien decir cuáles son esas fotos decisivas. No sabríamos decir bien lo que a continuación diremos… Sin embargo, puede que el fotógrafo haya captado la clave orgánica del paisaje habanero, su principio de funcionamiento: la trampa que tiende o el destino que cumple ese fragmento de ciudad tantas veces fotografiado. No es imposible que haya cazado, por una vez, todo el Serengueti.

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