Iglesia de San Francisco el Nuevo

Fotorreportaje por Irina Pino

HAVANA TIMES – Las iglesias son lugares de paz que invitan a la oración, aunque no seas religioso. En estos recintos el espíritu se renueva buscando la pureza que necesitamos.

La iconografía religiosa siempre me ha parecido de gran valor estético, al mismo tiempo, los santos con sus rostros inclinados, y otros, mirando hacia el cielo, despiertan arrobamiento, como si pudieran indicarnos el camino redentor.

Esto me sucede cada vez que visito la Iglesia de San Francisco el Nuevo, ubicada en calle Cuba, esquina Amargura, en La Habana Vieja. Una edificación de estilo renacentista, que abarca más de media manzana.

Fue construida entre 1608 a 1663. Durante 200 años estuvo bajo la advocación de San Agustín. En 1842 pasó a la Tercera orden de San Francisco, y en 1844, a la Primera orden de los frailes franciscanos.

En mi opinión personal, me parece algo contraproducente, que una iglesia como esta, de tanta riqueza interior, tenga como santo patrono a San Francisco de Asís, cuando el religioso italiano predicaba una vida austera, siendo el mismo, su mejor ejemplo.

Me maravillan los altares, con sus bellas estatuas, de gestos expresivos. Pero hay una, entre todas, a la derecha del altar mayor, que estimula mi curiosidad, es un ángel femenino con los ojos vendados, en su mano sostiene un ramo de flores.

He leído que cuando se cubren los ojos con una cinta, es que no se quieren ver las cosas claramente, significa la negación de una realidad, o ver solo lo que deseamos, ocultando lo peor de nosotros mismos, o de quienes nos rodean. También pienso que es dejar atrás lo que en un momento de la vida nos hizo daño.

A todas las personas que vean mis fotografías, los invito a entrar en esta iglesia, sean o no creyentes, y podrán ver con sus propios ojos lo que puede lograr el amor y la fe, a partir de la bondad humana.

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