El Morro de Santiago de Cuba

Janis Hernandez

HAVANA TIMES, 17 ene — Por allá por el oriente cubano en la villa de Santiago de Cuba, existe un monumental y legendario castillo, conocido por todos como El Morro, pero su nombre real es Castillo de San Pedro de la Roca y es una fortaleza militar, cuya construcción data de 1638.

Por esta fecha el auge creciente del corso y la piratería en el Caribe y el empeño de Felipe II de fortificar sus colonias para defenderlas de ataques foráneos, ya que desde el descubrimiento de América, las naciones que aspiraban a romper el supuesto derecho de España y Portugal sobre las llamadas Indias Occidentales y Orientales, lanzaron contra estas a sus corsarios y contrabandistas, generándose un estado constante de guerra irregular no sujeta a ley alguna.

Fue así dicha fortaleza sirvió de escenario a enfrentamientos defensivos de ataques de saqueadores y eso debe su nombre actual: Museo de la piratería. Una vez pasados estos sucesos el castillo del Morro santiaguero desde finales del siglo XVII funcionaría como prisión a donde eran conducidos militares y personas de altos cargos civiles por desobediencias e indisciplinas cometidas.

El desarrollo alcanzado por la industria armamentista en el siglo XIX hizo cambiar la técnica constructiva de las fortificaciones; el Castillo del Morro pasa a ser una fortaleza obsoleta, siendo un bastión auxiliar que funcionará como batería secundaria y cárcel por muchos años.

Durante nuestras guerras de independencia la fortaleza desempeñó un importante papel al encerrar en sus mazmorras patriotas e innumerables personalidades que luchaban por la total independencia del yugo español. Aquí sufrieron prisión altos generales de la guerra independentista como Flor Crombet o Guillermón Moncada, u otros colaboradores a la causa como Don Emilio Bacardí Moreau.

La mayor concentración de prisioneros en el castillo se produjo durante la Guerra Chiquita (período entre la Guerra de los Diez Años y la de 1895). Con la Ley de Amnistía de noviembre de 1897 fueron puestos en libertad todos los presos que existían en la fortaleza.

En la Guerra Hispano-cubana-norteamericana, durante el bloqueo naval norteamericano a la ciudad de Santiago de Cuba, en el 1898, mantuvo sus mismas funciones.

Esta imponente fortificación exhibe en sus salas interiores y áreas exteriores auténticos objetos de las guerras contra piratas, de las luchas anticoloniales y del período de intervención norteamericana en las luchas independentistas. Su capilla muestra un crucifijo original de madera del siglo XVI. Sus salas de armería guardan genuinos ejemplares de artefactos bélicos.

Muy cerca de este imponente fortín y por su ubicación justo a la entrada de la Bahía santiaguera existe un faro que ha servido y sigue siendo guía de embarcaciones.

A un costado, una agradable taberna-bodegón con decorados a la usanza colonial recibe a los visitantes del fuerte que allí quieran descansar del recorrido y disfrutar de una exquisita comida. No por casualidad fue a este lugar junto a la Casa de la Trova Santiaguera, los dos sitios que quiso visitar Paul McCartney en su corta estancia en la ciudad en el año 2000.

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