El lugar en La Habana donde muchos turistas compran arte y recuerdos

El Centro Cultural Antiguos Almacenes de Depósito San José

Fotorreportaje por Elio Delgado Valdés

 

HAVANA TIMES — Las transformaciones de los diferentes espacios a lo largo de la avenida del Puerto, desde el muelle de Caballería hasta la calle Desamparados, realizadas por la Oficina del Historiador de La Habana, unidas al desarrollo de nuevos proyectos, promovió la creación del Centro Cultural Antiguos Almacenes de Depósito San José, en las naves que antes ocupaban los establecimientos San José, conocidos después del 59 como muelles Aracelio Iglesias.

El proyecto fue acometido, además, por el Grupo Estatal para el Saneamiento, Conservación y Desarrollo de la bahía de La Habana y el Ministerio del Transporte. Este inició en el año 2003 y abrió sus puertas el primero de noviembre de 2009.

Transformado su uso, convertido en mercado de artesanía, acogió a la comunidad de artesanos que en un primer momento abarrotaba la Plaza de la Catedral, quienes fueron desplazados y hacinados luego en las inmediaciones del Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

Concebido en sus inicios con 300 puestos dispuestos en forma de cubículos, el proyecto tiene la intención de reunir a los comerciantes en un escenario propicio para el desarrollo de esta actividad, lo que posibilita el resguardo de la mercancía y humaniza la labor del marchante. Este está provisto, igualmente, de servicios gastronómicos, casa de cambio (Cadeca), oficinas administrativas, una representación de la agencia de viajes San Cristóbal, cabinas telefónicas e instalaciones sanitarias.

Convertido en mercado artístico, acoge la más variada oferta de comercialización de objetos artesanales, venta de souvenirs, pinturas, esculturas, talabartería, joyería, jabones, cerámicas, textiles, entre otras propuestas,  incluyendo otras prácticas como la venta de artes gráficas, fotografías y grabados.

Con la apertura de galerías de arte privadas, junto a la iniciativa de este centro promotor de arte, resalta la venta de pinturas por el gran espacio que abarca dentro del área, la gran variedad de técnicas empleadas y la marcada representación de escenas típicas de la identidad nacional, aunque algunas de ellas denotan falta de intensión estética, recordándonos el arte kitsch.

Desluce el exceso de copias de una obra sin el amparo de la firma de su creador en el momento de la compra, nos hace preguntarnos cómo resuelven el control del arte por el estado ante el Fondo Cubano de Bienes Culturales y el Registro del Creador para su salida legal del país. La industria cultural privada cubana absorbe a los talentos sin futuro en un arte de escaso valor estético, concebida por sus creadores solo como producto para comercializar al por mayor, diseminado además por toda la ciudad en puestecitos de venta.

El sitio es referenciado en las guías de turismo, el horario es de 10:00 am a 6:00 pm. El movimiento de turistas  en busca de un recuerdo de su estancia en la Isla es notable.

La historia del almacén es bien antigua. Los textos difieren a cuanto a la fecha de construcción, pero, según consta en la inscripción que se conserva en la pared exterior lateral izquierda, “… su construcción comenzó en el año 1881 y terminó  en 1885, durante el reinado de Alfonso XII…”

La armoniosa estructura de hierro, compuesta por 3.000 toneladas de acero fundido en Bélgica y otros elementos constructivos como hormigón y cantería con un valor de  tres millones de pesos en la moneda que circulaba entonces, poseía tres elevadores, multitud de carrileras rodantes en los techos, de ellos se conservan una estera rodante y uno de los tubos de descarga de mercancías, además la vieja línea del tren pegada al muelle de atraque de las embarcaciones.

Pensado como depósito para el comercio establecido en el puerto habanero, en él se almacenaban producciones de azúcar y maquinarias de la que fuera la más próspera industria en Cuba,  hoy desarticulada totalmente; igualmente se guardaba aguardiente en pipas, arroz en toneles, sacos de café, cera, ladrillos,  pacas de algodón, tabaco en ramas, entre otros productos. También contaba con un muelle de fácil acceso para las embarcaciones de la época y el ahorro en los gastos de la carga y descarga con las lanchas.

La rehabilitación del espacio habanero tuvo en cuenta preservar la sobria fachada de cara a la ciudad, construida con cantería para enmascarar la estructura metálica en su interior, mientras que el frente marítimo mantiene sus espigones, concediéndole a la emblemática obra maestra del patrimonio industrial habanero un apacible encanto.

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2 thoughts on “El lugar en La Habana donde muchos turistas compran arte y recuerdos

  • el 3 junio, 2017 a las 1:24 am
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    “Siempre que voy a la isla, paso por ese lugar para llevarme alguna obra de arte de recuerdo y para adornar mi casa aquí en Europa… supuestas- “obras de arte”… esa fábrica de mediocres que es Cuba… !Qué pena de país!”

    De pinga esa clase de esquizofrenia.

  • el 26 mayo, 2017 a las 11:58 pm
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    Siempre que voy a la isla, paso por ese lugar para llevarme alguna obra de arte de recuerdo y para adornar mi casa aquí en Europa, buscada -a lupa- entre tanta mediocridad kitsch, facilona y repetida hasta la saciedad. El lugar no está mal, pero -como casi todo allí- no está pensado como un sitio cómodo y agradable para todos (compradores y artesanos) sinó como una especie de “granja de pollos”, donde el caos, cierto mal gusto estético en general y el llamado de atención !a grito pelado! de los desesperados comerciantes, hacen que se vaya al lugar una vez (por necesidad… ?estética?) y… hasta la próxima visita. Lo cual me parece un crimen y, una vez más, el desaprovechamiento -atípico del sistema- porque el sitio, en sentido general, es agradable y si estuviese bien cuidado y atendido, además de recibir un mejor uso de sus potencialidades estéticas y funcionales, podría -creo que con no mucho esfuerzo- ser otro lugar para el disfrute a plenitud de turistas y pueblo en general, quienes no solo tendrían que ir allí a comprar las -supuestas- “obras de arte”. Otra gran oportunidad perdida, y el intento de algún emprendor, disuelto en esa fábrica de mediocres que es Cuba, que se disfumina en la buena intención !Qué pena de país!

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