El cafetal-museo “La Isabelica”

Fotorreportaje de Janis Hernandez

HAVANA TIMES, 14 abr — Muy próxima a la Gran Piedra se encuentra la zona de asentamiento de colonos franceses en los siglos XVIII y XIX, que realizaron construcciones paradigmáticas de arquitectura vernácula e industrial. En sus cercanías se conservan las ruinas de decenas de plantaciones de café de estos colonos.

Los vestigios pétreos de mansiones señoriales y secaderos de café que significan la huella francohaitiana en estos lomeríos, tienen su mayor exponente en “La Isabelica” un viejo cafetal, actual museo, institución patrimonial que atesora la historia de la emigración franco-haitiana en Cuba.

Fundado el 18 de mayo de 1961, declarado Monumento Nacional el 29 de noviembre de 1991 y Patrimonio de la Humanidad en el año 2000 junto a todo el conjunto de ruinas cafetaleras del sur del Oriente cubano, es La Isabelica la única representación museística de los cafetales franceses en la Isla.

La hacienda cafetalera propiedad del francés Víctor Constantin Couzo; a través de 17 salas expositivas, muestra 598 objetos vinculados con la emigración franco-haitiana. La construcción, que funcionaba como vivienda y como área de producción, está dividida en dos plantas o pisos, la planta baja (almacenes) y la planta alta (casa vivienda).

En la planta baja se encuentra el cuarto de herramientas, con instrumentos de uso represivo, doméstico y agrícola. Luego el almacén de café. Un cuarto de máquinas con una despulpadora y una aventadora que a pocos pasos dan lugar al impresionante hueco de azote de las esclavas embarazadas. En esta planta además se visualizan los secaderos de café, la cocina y la despensa.

La planta alta está distribuida por un reloj de sol, una campana y la hermosa casa señorial, que cuenta con un magnífico sistema hidráulico. Con una sola entrada y salida, y majestuosas salas de descanso, juego, comedor, adornadas con lujosos muebles de la época. En sus alrededores estaban ubicados los barracones para esclavos domésticos y la letrina.

Los muros, escaleras y otros elementos denotan majestuosidad e imponente vista al monumento de la ingeniería hidráulica y vial, además es un aporte de la arquitectura doméstica y los sistemas productivos, que denota el aprovechamiento de espacios y topografía de montaña.

Cuenta la historia que como resultado de la revolución en Haití, arribaron a las costas cubanas los colonos franceses que no solo intentaron salvar sus vidas sino también sus economías. Tal es el caso de Víctor Constatin, quien aprovecharía la fertilidad del suelo para el cultivo de maíz, cacao y café.

Víctor trajo consigo a la bella mulata Isabel María y por amor a ella le pone a la finca La Isabelica. Contaba con una dotación de veinticinco esclavos donde incluía a su concubina, pues Isabel María, en papeles nunca dejó de ser esclava.

A “Don” Víctor, gozando su imperio y nueva fortuna construida, le alcanza la desgracia cuando en 1875 los mambises o ejército libertador cubano incendian su propiedad devastando la casa y las plantaciones, quedando en la ruina y el despojo hasta que en 1961 fue convertida en museo gracias a un hermoso proyecto de restauración.

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