Una mirada a la provincia de Matanzas

Por Fernando Ravsberg

Foto: Raquel Pérez Díaz
Foto: Raquel Pérez Díaz

HAVANA TIMES — El sector hotelero privado es el que ha experimentado un mayor crecimiento en la provincia de Matanzas. En el 2014 aumentó en más de un 40 por ciento, y este año ya supera el 50. En la zona sur, en la Ciénaga de Zapata, hay más habitaciones particulares que del Estado.

El turismo nacional sigue creciendo y no solo en número, son más del 12 por ciento del total, pero representan el 15 por ciento de los ingresos, según la delegada del Turismo en la provincia, Ivis Fernández. Las cifras concretas se las debo, porque las mantiene como secreto de Estado.

La representante del Mintur cree que son buenas noticias, dado que los hostales particulares permiten responder a la creciente demanda de habitaciones, y los turistas cubanos vacacionan durante la baja, lo cual garantiza una mayor ocupación de los hoteles.

Si en el presente es importante, mucho más será en el futuro, cuando el balneario de Varadero llegue a las 40 mil habitaciones y pare de crecer, tal y como establece el plan maestro. A partir de ese momento, si sube la demanda, la única respuesta posible será aumentar los precios.

Foto: Raquel Pérez Díaz
Foto: Raquel Pérez Díaz

Si quiere disfrutar de unos días en sus playas será mejor que se apure, en unos años será impagable para el bolsillo de un turista medio, sea nacional o extranjero. Marinas para yates, campos de golf y venta de mansiones, todo se acondiciona para un visitante muy adinerado.

La buena noticia para el matancero de a pie es que en el futuro se prevé dejar en la provincia un porciento de los impuestos recaudados por el Turismo. Valdría la pena recordárselo de vez en cuando al Gobierno para que ese futuro se materialice lo más pronto posible.

El papel revitalizador que tienen los cubanos en el turismo de Matanzas, sea como hoteleros o como turistas, es, sin duda, un buen ejemplo de como la liberación de las fuerzas productivas de la nación repercute en la economía y no es el único ejemplo en ese sentido.

Tras años de contratos con empresas constructoras del Estado, el teatro Sauto está terminando su restauración con autónomos y cooperativas. Esta joya de la arquitectura nacional encontró en estos artesanos matanceros la habilidad y el interés que requiere la obra.

El teatro Sauto, de Matanzas, es una joya de la arquitectura cubana. La platea entera se levanta y se baja con un sistema totalmente manual, cuatro hombres moviendo manivelas. Foto: Raquel Pérez Díaz
El teatro Sauto, de Matanzas, es una joya de la arquitectura cubana.
La platea entera se levanta y se baja con un sistema totalmente
manual, cuatro hombres moviendo manivelas. Foto: Raquel Pérez Díaz

Ellos se negaron a utilizar la madera que usaban las empresas estatales y exigieron mayor calidad. Curiosamente fue la directora del ballet nacional, Alicia Alonso, la que les dio la razón, por lo menos en torno al tipo de tablón que debe utilizarse en el escenario.

Lógicamente, la directora del Sauto, Cecilia Sodis Carrillo, se muestra encantada con los trabajadores autónomos, porque están mucho más calificados y son matanceros, lo cual los hace más dedicados, pues sienten un cariño especial por este teatro.

Pero esa provincia tampoco es el Jardín del Edén para el trabajo no estatal; fuera de la Agricultura solo han aprobado a una veintena de cooperativas, así que algunos cooperativistas se tienen que disfrazar de trabajadores por cuenta propia para poder ejercer legalmente.

Nadie entiende bien por qué en un país socialista es más difícil abrir una cooperativa que una empresa privada y nadie en Matanzas me dio una explicación convincente de esa aparente contradicción entre el discurso político y la práctica económica.

Cuando logran legalizar la cooperativa, los tratan como si siguieran siendo empresas estatales, por ejemplo, están obligadas a comprar a través de importadoras oficiales que les imponen proveedores, los cuales no siempre cumplen las expectativas de precio, rapidez, calidad o idoneidad.

El Capitolio Nacional. Foto: Raquel Pérez Díaz
El Capitolio Nacional. Foto: Raquel Pérez Díaz

Tampoco pueden adquirir vehículos, “los alquilamos, lo cual implica un aumento sustancial de costos”, me cuenta un cooperativista y agrega que “esperamos que algún día alguien del Gobierno se dé cuenta que esas cosas repercuten en el precio final que le cobramos al propio Estado”.

A pesar de todas esas trabas burocráticas, la cooperativa que visitamos va viento en popa, sus andamios se alquilan por todo el país, fueron los que se usaron en las obras de la Catedral de La Habana y los que en este momento sirven para restaurar al Capitolio.

El próximo jueves tendremos una entrevista con Sergio Acosta, un ganadero de Matanzas. Con él trataremos de comprender cómo logran controlar la mortalidad y aumentar la producción lechera, cuando en el resto del país la situación ganadera es desastrosa.


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