Preocupado con el futuro pero sin temores

Fernando Ravsberg

Foto: Raquel Pérez Díaz

HAVANA TIMES — Al llegar a la isla, allá por el año 1990, una de las cosas que más me enamoró de los cubanos fue su inagotable manantial de solidaridad, con la familia en primer lugar, pero extensiva a los amigos, los vecinos y hasta los desconocidos si lo necesitaban.

Tras la visita del primer Papa, el barco Rioja, fue decomisado por Cuba y media docena de marineros argentinos quedaron varados en el puerto de La Habana sin un centavo. Estuvieron así durante 7 meses, porque su embajada se negaba a repatriarlos.

Vivieron todo ese tiempo de la solidaridad de los humildes vecinos de La Habana Vieja, del pescadero que les “resolvía” algunos filetes, de la mujer que les daba uno de los pancitos de sus 5 hijos o de la anciana que les permitía bañarse en su casa.

Y fue esa misma solidaridad la que evitó que hubiera miles de muertos de hambre durante los durísimos tiempos de la crisis económica de los años 90. Los cubanos compartieron sus alimentos, aunque estos se limitaran a un huevo o a un puñado de arroz.

Los niños fueron especialmente protegidos. Abuelos, padres y tíos pasaron años sin probar un trozo de carne para que la comieran los pequeños, muchos de los cuales tiene hoy 30 años y ni siquiera conocen la razón por la que no quedaron desnutridos.

En aquellos años, la ayuda de los emigrados fue vital para la sobrevivencia de sus familias en la isla e incluso para mantener la economía nacional a flote. En los inicios de los 90, las remesas estuvieron entre los pocos ingresos de divisas que tuvo la nación.

Silvio Rodríguez en concierto.  Foto: Raquel Pérez Díaz

Ninguna de las campañas del anticastrismo radical de Miami contra los envíos de ayuda ni las prohibiciones impuestas por Washington, impidieron que los emigrados continuaran apoyando a sus familiares, incluso a riesgo de violar las leyes de los EE.UU.

Hoy las cosas están cambiando en Cuba, la introducción del mercado y las inevitables diferencias sociales que este trae consigo nos empujan a pensar solo en nosotros mismos. Sus leyes son las que han provocado los extremos de miseria y riqueza del mundo actual.

Durante décadas los cubanos vivieron con el paradigma de ser “todos iguales”. En los últimos años la realidad económica del país se ha ido “normalizando” con el surgimiento de estratos sociales con ingresos y accesos muy diferentes.

Dicen que el ser humano vive como piensa, pero me niego a aceptar que la prosperidad de una parte de los cubanos tenga que convertirlos obligatoriamente en seres egoístas. Aunque podría suceder si la nación no es capaz de “actualizar” sus valores.

Los “bisneros”, despreciados y perseguidos ayer, son hoy respetables trabajadores por cuenta propia y quienes emigraron un día en busca de una mejor economía dejaron de ser una “escoria”, recuperando incluso el derecho a repatriarse.

La Cuba que viene puede ser mejor, pero no debería dejar atrás a la Cuba que fue. El reto es avanzar sin perder la esencia, y la solidaridad podría ser un hormigón muy resistente para utilizar como cimiento de cualquier modelo que se pretenda construir.

A veces tengo apuro porque termine de llegar la nación que viene, y otras veces siento temor de perder la nación que es. Después entrevisto a Papito, que crea escuelas, museos, y convierte la peor calle de La Habana Vieja en el callejón de los peluqueros.

Foto: Raquel Pérez Díaz

Visito a Fernando Funes, el intelectual-campesino que inyecta ideas nuevas al viejo campo cubano, educa a sus vecinos en las artes de la agricultura sostenible, los relaciona con “el mercado” para que no los exploten los intermediarios y reciban un precio justo por sus productos.

Veo a Silverio en una vieja guagua Girón recorriendo los pueblos de las montañas del Escambray con las obras de teatro fraguadas en “El Mejunje”, ese centro cultural de Santa Clara, ejemplo de inclusión que él defendió, sin capa ni espada, cuando la homofobia desunía a los cubanos.

Pienso en Fuster llenando de mosaicos la barriada de Jaimanitas, para que sus vecinos vivan entre el arte y los colores. Y recuerdo que Silvio anda pagando de su bolsillo las giras por los barrios pobres de Cuba para obligarnos a mirar lo que no nos gusta ver.

A veces me preocupa el futuro de la nación, pero cuando pienso en que se cuenta con seres humanos como estos se me pasan los temores.

4 thoughts on “Preocupado con el futuro pero sin temores

  • Tranquilo Fernando, en una Cuba democratica las personas con vocacion de servicio como las que mencionas podran crear legalmente una ONG que permita canalizar sus recursos y los de otras instituciones y personas en sus proyectos comunitarios. Acaso no existen fundaciones y ONGs en tu Uruguay natal capitalista? Acaso no las has visto en los USA, latinoamerica y hasta en Haiti? Ya basta de manipulacion y chantaje emocional para frenar el cambio urgente que necesita Cuba. El sistema actual es un dictadura de corte fascistoide que niega a cualquier ciudadano ejercer el derecho de asociarse libremente tanto en partidos politicos como en organizaciones de la sociedad civil. Yo jamas voy a estrañar la desaparicion de los CDR, la FMC, la CTC, la UJC que son la sociedad civil que nos han impuesto a los cubanos.

  • Qué bárbaro, así es que Silvio el filántropo porque va a los barrio adentro a darles conciertos gratis, como si montar una tarima en Cuba costara miles de dólares. Mira Fernando que eso suena a tracataneria barata. Hasta ahora NO se conoce de un revolucionario generoso que abra sus bolsillos para ayudar a los pobres, con todo el dinero que tiene éste señor, y todos los como él, era para que donaran de sus millones para ponerles ventanas a las escuelas y los hospitales que bastante depauperadas están. A eso es a lo que se le llama ser solidario. El pueblo de Cuba como ser humano si es muy solidario con el ajeno, pero porfa no meta a ese descarado en el mismo saco.

  • Bueno, un buen número de cubanos no la piensa como usted: ni los que se siguen yendo, ni los que sueñan con irse, ni los que aunque no se vayan ni quieran irse ven depauperarse día a día las condiciones de vida. ¿Quién tendrá la razón?

  • Ok

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