Lo que pasa en Cuba cuando viene un huracán

por Fernando Ravsberg

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HAVANA TIMES — Mira que me han pasado ciclones por arriba en estos 26 años, y cada vez que ocurre no puedo evitar maravillarme de la transformación, de golpe este trópico indolente y de tranco lento se acelera, adquiere la precisión de un reloj suizo.

La gente se convierte en hormiguitas, que aparentemente se mueven como locas, pero cada una cumple una función, es como si su propia genética les dijera qué hacer. Un huracán apuntando a la Isla organiza a los cubanos como nadie más puede hacerlo.

El país se “militariza” y los jefes uniformados de la Defensa Civil toman el mando de todo lo que hay en su territorio y lo ponen en función de la misión. Camiones de empresas, buses del transporte público y máquinas herramientas, todo queda a su disposición.

La mayoría de estos “comandantes” no son militares de carrera, sino personas que llevan una vida normal y corriente hasta que “el enemigo” se acerca a las costas cubanas. Entonces desempolvan el traje verdeolivo y se ponen al frente de sus vecinos.

Los voluntarios de la Defensa Civil empiezan a trabajar desde varios días antes de la llegada del huracán. Foto: Raquel Pérez Díaz
Los voluntarios de la Defensa Civil empiezan a trabajar desde varios días antes de la llegada del huracán. Foto: Raquel Pérez Díaz

“¡Todos los que viven en el edificio deben salir! Óyeme bien, tienes que convencerlos, habla con los más revolucionarios para que te apoyen”. Así dirigía la evacuación Saili Cisneros, una vecina más, en tiempos de paz, en momentos de ciclón la vicepresidenta de la Zona de Defensa de Prado(1).

Las escuelas, las Casas de Cultura, las empresas, el Capitolio y cualquier otra construcción capaz de soportar los vientos se convertirán en un refugio, donde, como por arte de magia, aparecen colchones, agua potable, alimentos y servicio de atención médica.

Cientos de miles de personas son evacuadas y uno se imagina la enorme movilización que eso implica, pero todo está organizado con más ingenio y solidaridad que recursos. Muchos de esos damnificados solo caminarán unos pasos para protegerse.

En cada comunidad, los cubanos con casa-fuerte abren las puertas para recibir a sus vecinos. Se improvisan camas en la sala, en la mesa del comedor se protegen los electrodomésticos, se cocina una olla colectiva y hasta se juega dominó a la luz de las velas.

Nunca he visto cubanos asustados antes o durante el huracán, para ellos el momento más trágico es después. Y no es para menos, los 15 intensos ciclones del siglo XXI dejaron 40 muertos, pérdidas de US $26,000 millones y 1.5 millones de viviendas dañadas.

En esta ocasión, muchos de los materiales fueron transportados para la zona oriental antes de que llegara el huracán. Foto: Raquel Pérez Díaz
En esta ocasión, muchos de los materiales fueron transportados para la zona oriental antes de que llegara el huracán. Foto: Raquel Pérez Díaz

Una joven enfermera movilizada en Holguín, al llegar a su casa la encontró destruida y a sus abuelos albergados. Hacía “las guardias nocturnas en el hospital, porque no tengo donde dormir, ni siquiera tengo ropa interior para cambiarme (…) por eso solo pienso en mis pacientes” (2).

Tengo clavadas en la memoria imágenes terribles, la de un buen amigo mío llorando en medio de su casa demolida en Playa Girón o la de una mujer juntando pedazos de bloques en Gibara para construir un cuarto donde resguardar a sus dos hijas pequeñas.

Esos primeros momentos son terribles, cuando pasa la alegría de saberse vivo y se cae en la cuenta de que se ha perdido todo, que se debe empezar de cero. “No me mato por mis niñas”, me dijo desesperada aquella mujer de Gibara que improvisaba un cuarto.

Cualquier lugar seguro, hasta el Capitolio de La Habana, se puede convertir en albergue para las familias que viven en casas precarias. Foto: Raquel Pérez Díaz
Cualquier lugar seguro, hasta el Capitolio de La Habana, se puede convertir en albergue para las familias que viven en casas precarias. Foto: Raquel Pérez Díaz

Esta vez el shock será un poco menor, mucha de la ayuda para los damnificados fue transportada a las provincias orientales antes de la llegada del huracán, incluidos miles de postes de electricidad. Mientras, los camiones de la Compañía Eléctrica esperaban a mitad de camino.

Todo ha sido preparado con meticulosidad, pero eso no impedirá que haya decenas de miles de damnificados que necesitarán de la solidaridad del resto de los cubanos y del mundo para poder levantarse, para no tener que empezar de cero.

Los cubanos tendrían derecho a reclamar solidaridad, ellos se la dieron a medio mundo, a Pakistán tras el terremoto, contra el ébola en África y devolvieron la vista a cientos de miles de personas. Toca ahora retribuir sin esperar que lo pidan, no lo harán, no son gente de andar pasando factura.

11 thoughts on “Lo que pasa en Cuba cuando viene un huracán

  • señora
    ¿Y cuál fue su “esperiencia”, señora?

  • sea como sea. hablen mierda o no cuba es un pais hernano. y lo digo por esperiencia propia cuba es un pais valiente y revolucionario

  • Acuérdate de que en Cuba es: “sales, Si -o- Si”, eso es parte también de la propaganda para vanagloriarse de que en el país “no hubo ni un solo muerto por la perfecta labor misericordiosa de nuestra efectiva guardia civil”, cómo no les importa un pepino las súplicas de familias en inminente peligro de muerte con el techo a punto de derrumbársele arriba, y de hecho cuántos muertos no han habido incluyendo a niños inocentes, por ellos no dignarse siquiera en darles los materiales para que ellos lo reparen? Aquí en cambio pueden haber más muertes que en Cuba, jeje qué ironía!, porque hasta en las zonas donde sea “mandatory” evacuar, les dicen a las personas tercas, (que se plantan conque no van a salir) que si te quedas “you’re in your own”. Así es la cosa.

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