Doña Flor y sus dos maridos

Fernando Ravsberg*

La historia de una amiga me recordó a Doña Flor, el personaje de la novela de Jorge Amado. Foto: Raquel Pérez

HAVANA TIMES — Poco ha cambiado Cuba desde que Titón dirigiera la película “La muerte de un burócrata”, relatando en clave de humor los trámites interminables y absurdos a los que la administración pública de la isla somete a los ciudadanos.

El film me vino a la mente por la historia de una amiga que se casó con un valenciano, legalizó su matrimonio en la Cancillería cubana y en la embajada de España y se fue a vivir a la “Madre Patria”, donde tuvo una preciosa hija.

El tiempo, el implacable, hizo que una década después quisieran divorciarse y entonces se enteraron de que nunca habían estado casados, la notaría internacional no registró el enlace, a pesar de que les cobraron alrededor de U$D 700.

La noticia para la cubana fue un alivio porque implica un trámite menos pero para su esposo resultó traumatizante. Él proviene de una familia conservadora y católica, que se conmocionó al enterarse de que la niña nació fuera del matrimonio.

Esta semana otra buena amiga, a la que llamaré Doña Flor, me cuenta que lleva días sin trabajar porque al iniciar un trámite legal descubrió que sigue casada con su primer marido, a pesar de que hace 6 años contrajo matrimonio con otro hombre.

La bígama trató de enmendar el error pero los funcionarios le explicaron con una sonrisa que “eso no es tan fácil”, le enumeraron todos los trámites que debería hacer, explicándole además cuanto tendría que esperar entre uno y otro paso.

No es que a ella le importe demasiado el pecado o la ilegalidad de tener 2 maridos pero necesita hacer otro trámite y las autoridades le exigen un documento que atestigüe, de forma más o menos coherente, el historial de su estado civil.

La peregrinación de Doña Flor

“Tuve que ir a ver a la jueza del barrio donde yo vivía pero me dijo que había que esperar un par de semanas porque ese trámite solo lo podía hacer en el Palacio de los Matrimonios de Centrohabana”, me cuenta la sorprendida Doña Flor.

Pagar U$D 700 para casarse y descubrir una década después que nunca has contraído matrimonio es propio de “100 años de soledad”. Foto: Raquel Pérez

Pero una vez que la jueza certificó que los divorciados están divorciados las cosas se complicaron más. La inexistencia de una red informática impide que los documentos sean enviados vía Internet y tampoco se le permite al interesado llevarlos en mano.

El documento en cuestión tiene que ser trasladado por un “correo” judicial hasta el Palacio donde tuvo sus primeras nupcias Doña Flor. El problema es que no hay combustible o se gasta en otros menesteres y pasan meses sin recoger los certificados.

La única salida que uno tiene es tratar de “convencer” al funcionario judicial del lugar donde se certificó el divorcio para que te dejen llevar personalmente el papel y luego “convencer” al otro funcionario de que acepte recibirlo.

Ya saltado esos escollos -con una u otra pértiga-, habrá que repetir el procedimiento para trasladar el documento al registro de nacimientos para que conste que Doña Flor estaba divorciada de su primer marido cuando se casó con el segundo.

Este paso es muy importante para ella porque a la par legaliza su actual matrimonio que consta en el juzgado pero tampoco había llegado al Registro Civil, organismo que, a pesar de su nombre, parece que “registra” bastante poco.

Le piden que traiga sellos de moneda dura porque el ex esposo vive hoy en los EEUU pero después que los compró otra funcionaria se niega a aceptarlos porque Doña Flor es residente en Cuba y debe pagar con sellos en pesos cubanos.

Nos cuenta Doña Flor que empezó “en octubre y no he terminado los trámites, pierdo muchos días de trabajar para ir a ver a un funcionario u otro”, y agrega que a cada paso aumentan sus gastos porque debe hacerles regalos para que se muevan.

Doña Flor no tiene escape

La informatización de la sociedad no llega, la mayoría de los archivos siguen estando en papel. Foto: Raquel Pérez

Muchos cubanos escapan de la burocracia optando por el concubinato, una relación en la que no se necesitan trámites. Pero las redes los atraparán de todas formas cuando necesiten legalizar su vivienda, recibir una herencia o certificar un documento.

En la radio oí el drama de un ciudadano que lleva 6 meses intentando legalizar una herencia. Cada vez lo envían a oficinas distintas donde le piden documentos diferentes y cuando los reunió todos se los rechazaron porque se habían vencido los primeros.

Puede parecer gracioso pero la gente en Cuba pierde miserablemente días enteros de su vida recorriendo oficinas y sobornando funcionarios para viabilizar los trámites que, paradójicamente, ellos tienen la obligación de resolver a los ciudadanos.

Pero no es solo ineficiencia, también se ha convertido en un modo de vida. “Eso es muy complicado, me estoy jugando el puesto si violo lo que está establecido”, dicen los funcionarios para pedirnos ese dinero que, como un Eleguá, nos abrirá los caminos.

Esta semana oí a altos cargos de Justicia declarando también en la radio que están mejorando la atención a la población y que han logrado agilizar y simplificar los trámites. Seguramente ellos y Doña Flor viven en dos países distintos.


8 thoughts on “Doña Flor y sus dos maridos

  • el 26 diciembre, 2013 a las 2:04 pm
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    Así mismo es.

    El Estado podría organizar un proyecto donde estudiantes de la UCI creen la plataforma para meter los datos. Estos se encargarán de darle la estructura al sistema, sus servidores, sus respaldos, etc. Gente de los registros podría trabajar digitalizando papeles, pueden hacer una captura escaneada y que eso se convierta al formato que haya dado la UCI. Incluso, este servicio lo podrían dar personas o empresas independientes.

    Los nuevos registros irían siempre al formato digital, nada de más papeles.

    Al estar centralizado, nadie debería tener que hacer un viaje para buscar su inscripción de nacimiento, la pueden obtener en el correo o en cualquier registro porque la info estará disponible.

  • el 24 diciembre, 2013 a las 3:09 pm
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    Verdaderamente es gracioso, pero tengo experiencia de esto cercana, un familiar fue a legalizar la vivienda y para esto hacer un arreglo en los apellidos y aparentemente se habia hecho el cambio satisfactoriamente, cuando le trajeron los documentos, supuestamente correctos, estaban igual de mal que al principio, o sea, que nada se habia hecho despues de eesperar un mes y mas y tener que pagar.. en Fin que mi Cuba es una caja de sorpresas …

  • el 23 diciembre, 2013 a las 6:30 pm
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    Preguntele al DTI, la Seguridad de Estado es la que trabaja con la UCI para controlar a todos los cubanos y los tiene bien ordenados ensu web. Si eres opositor te controla hasta la hora que acostumbras ir al bano. Lo demas no les importa, “que se jodan”-dicen-. Ellos son los revolucionarios, por tanto no pasan trabajo “”custodiando” la revolucion..

  • el 22 diciembre, 2013 a las 2:01 pm
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    Una UCI en cada provincia que dicen gradúa un coj… de informáticos cada año, mas de 100 millones de USD de ingresos por software vendido a Venezuela… y entonces ¿”como quedo yo”?

  • el 22 diciembre, 2013 a las 1:08 am
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    Me parece casi imposible (y comiquísimo) que esos datos no estén en computadoras; o sea que allí no existe un sistema central. Vaya que hasta los más chicos negocios en el resto del mundo están bajo marca digital. El embargo esta allí puesto por ellos mismos. Datos necesarios no solo para guardarles pero para tener derechos a esas cosas importantes en la vida del humano y evitar todos los trámites innecesarios. Es así como mantienen tapadas y a la sombra la información de lo que pasa allí día a día. Triste y sin perdón con ese calor y tanta espera para resolver pequeñas tareas, eso mata y ocasiona un gran stress.

  • el 21 diciembre, 2013 a las 2:19 am
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    En mi reciente visita a la Isla,puede comprobar la vigencia, como nunca antes, de la política del “regalito”, y eso va desde un trámite ante una oficina de la Vivienda hasta la atención médica, por sólo citar dos sectores. Además ¡cuánta gente perdiendo su tiempo (y haciendo a otros perderlo) en tantas oficinas inútiles! ¿Hasta cuándo, Liborio?

  • el 21 diciembre, 2013 a las 1:38 am
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    Buen post Fernando, me gustó mucho eso de Doña Flor. Me reí mucho.
    El infierno cotidiano cubano no es sólo porque los salarios sean irrisorios frente a los precios de una canasta básica inaccesible lo es también por la crisis institucional que significa que ninguna institución responde para lo que ha sido creada.
    Aprovecho para felicitarte por fin de año y desearte un muy buen año nuevo.
    Marlene

  • el 20 diciembre, 2013 a las 2:42 pm
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    Lo aquí descrito es pura realidad, pero es solo una pequeña muestra de lo que sucede en el mundo de la burocracia cubana, donde se pierde lastimosamente tiempo y recursos materiales en cantidades astronómicas para resolver trámites que no son complicados. Aparte de ser una característica propia de la descabellada organización social del país y su sistema de gobierno, estas irracionalidades y arbitrariedades burocráticas florecen y se multiplican por la ineptitud, incapacidad y desidia de la gran mayoría (sí, gran mayoría) de los funcionarios y empleados responsables de atender y dar curso a las solicitudes de la población. Esta situación no tiene arreglo a corto ni mediano plazo y requiere una voluntad política que no existe por no ser prioritaria para el gobierno.

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