Cuba: un debate que vale la pena

Fernando Ravsberg*

En Cuba son sumamente apasionados para discutir de política y de beisbol, dos temas en los que hay poca cultura del debate. Foto: Raquel Pérez
En Cuba son sumamente apasionados para discutir de política y de beisbol, dos temas en los que hay poca cultura del debate. Foto: Raquel Pérez

HAVANA TIMES — He tomado la decisión de hacer caso a las recomendaciones que he recibido de parte de algunos participantes a lo largo del tiempo. Así que recogiendo sus criterios elaboré una lista de las personas que no podrán publicar más sus opiniones.

Todos los cubanos que viven en Cuba y tienen opiniones favorables a la Revolución porque seguramente se trata de “agentes de la seguridad especializados en navegar por internet para expresar criterios que justifiquen cualquier acción del gobierno”.

Y a los que escriben desde la isla en contra del sistema también porque me aseguran que “lo hacen desde el cibercafé de la embajada de EEUU. Copiando y pegando en Internet artículos difamatorios con el fin de generar opiniones desfavorables”.

Quedan eliminados además los cubanos que desde el extranjero defienden el socialismo porque algunos me explican que “son unos farsantes que se refugian en el capitalismo, en busca de la abundancia material que no encontraron en su país”.

No publicaremos más los comentarios de los cubanos que viven en el extranjero y atacan al gobierno porque “no se quedaron a luchar y ahora, desde lejos, les exigen a sus compatriotas que hagan lo que ellos no tuvieron el valor de hacer”.

Especial censura tendrán los ciudadanos de otros lares que atacan a la Revolución, ellos “deberían preocuparse Afganistán, donde asesinan miles de personas. Cuba es un asunto de los cubanos y nosotros resolveremos nuestros problemas sin que nadie se inmiscuya”.

Podríamos a partir de este post empezar a rebatir las ideas sobre Cuba con argumentos y sin descalificar a la persona, como cuando estamos frente a frente. Foto: Raquel Pérez
Podríamos a partir de este post empezar a rebatir las ideas sobre Cuba con argumentos y sin descalificar a la persona, como cuando estamos frente a frente. Foto: Raquel Pérez

Y para ser justos también eliminaremos a los extranjeros que defienden el socialismo tropical porque “no saben de lo que hablan y desconocen los sufrimientos del cubano. Además, si tanto les gusta por qué no se van a Cuba a vivir de la libreta”.

Tampoco debería seguir escribiendo Fernando Ravsberg, que “se cuida de no ofender al gobierno para seguir viviendo la buena vida en Cuba con las libras que le pagan en Londres”. Un dinero que para otros “lo condiciona a buscar defectos en la revolución”.

Cambiar la mirada sobre Cuba

El problema es que al terminar de enumerar a los descalificados me encuentro con que el blog podría desaparecer y con él un rinconcito donde hablar, desde diferentes ópticas, sobre la realidad cubana. Así que volví a hacer la lista pero esta vez para incluir a:

Los cubanos que desde Cuba expresan opiniones a favor de la revolución. Ellos son personas que, a pesar de las dificultades que viven cotidianamente, creen que existen más aspectos positivos y a todos nos debería interesar saber cuáles son.

También aquellos ciudadanos que desde la isla escriben en contra del gobierno porque son capaces de expresar sus criterios aunque estos no sean del agrado de las autoridades. Además de que permiten contrapesar las opiniones del grupo anterior.

Sumaremos por supuesto a los emigrados que hoy viven en otras naciones y a pesar de eso defienden el socialismo. Aunque se hayan ido, reconocen los logros de la sociedad cubana y tienen el contexto para compararla con otros países.

Y a los cubanos que critican al sistema desde el extranjero, son gente que aunque hayan logrado el sueño de vivir en una sociedad diferente no olvidan a su patria e insisten en pedir los cambios que creen que harían de Cuba un país mejor.

Daremos espacio a los extranjeros que atacan a la Revolución porque al fin y al cabo si les interesa más Cuba que Irak o Afganistán están en su pleno derecho, el ciberespacio es para todos y según Jose Martí no hay más patria que la humanidad.

El problema es que si siguiéramos el consejo de censurar a unos y otros terminaríamos dejando de hablar sobre Cuba. Foto. Raquel Pérez
El problema es que si siguiéramos el consejo de censurar a unos y otros terminaríamos dejando de hablar sobre Cuba. Foto. Raquel Pérez

Pero entonces habrá que oír a los ciudadanos de otros países que defienden el socialismo cubano, ellos tienen derecho de opinar sin tener que montarse en un avión junto a sus padres, hermanos, esposas, hijos y amigos para venir a vivir en Cuba.

Finalmente reivindiqué también mi derecho a seguir escribiendo los post porque, teniendo la opción de vivir tranquilo y sin meterme en problemas, me convertí en una especie de sparring que un día ataja los golpes de la esquina azul y el otro los de la roja.

La realidad de una y otra lista no cambia en lo más mínimo, solo cambia la percepción que tenemos de quienes participan de este pequeño debate semanal. Por eso tal vez podríamos empezar a rebatir las ideas con argumentos y sin descalificar a la persona.

Deberíamos aprovechar este post para conversar sobre como conversar, dejando de acusarnos unos a otros de “batistianos” o “esbirros de Castro”. Expongamos nuestros criterios sobre cómo dialogar sin ofender ni excluir al que piensa diferente.

En teoría todos estamos de acuerdo, unos aseguran que el socialismo garantiza la participación del pueblo y los otros dicen que la democracia occidental es la única que brinda libertad de expresión. Pues llevemos a la práctica nuestros discursos empezando por nosotros mismos.
—–
(*) Publicado originalmente por BBC Mundo.


19 thoughts on “Cuba: un debate que vale la pena

  • el 24 noviembre, 2013 a las 10:44 am
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    Ah, Tony, siempre oportuno con tus llamados al equilibrio, al “camino del medio”, según las ancestrales teorías de Lao Tsé. ¿Sabes? Cada vez que te leo me viene a la mente un fragmento del poema del español de Miguel de Agustín Príncipe, que memoricé mientras desempolvaba los vetustos tomos del Tesoro de la Juventud, allá por mi niñez. Dice:

    …”Nadie que sea cuerdo y sabio
    debe herir ni aún con el labio,
    pues aunque curarse pueda
    siempre al ultraje le queda
    la cicatriz del agravio.”

    Ojalá los cubanos todos comencemos a transitarlo

  • el 24 noviembre, 2013 a las 7:41 am
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    Ana, que la revolución fue la que empezó todo aquello de los epítetos y la chusmeria en la calles estamos de acuerdo. El hablar insultando y con epítetos se convirtió en la norma y hasta en el estilo del discurso político radial y de tribunas de la época. Si es tan mayor como yo, recordara al comentarista radial de mas “rating” en los primeros años de la revolución; Pardo Llada. Fue un verdadero maestro del insulto en la política. El personaje que era criticado estaba siempre asociado inmediatamente con todos una serie de adjetivos negativos. Recuerdo uno que siempre me llamo la atención, Cuando Pardo Llada se refería al Director de la CIA de aquellos momentos, ser refería a el como; “Jules Dubois, El de las Orejas Peludas” Nunca le oí referirse a el de otra forma. No es que fuera “mentira”. El hombre tenia tremenda pelambre en los oídos. Pero siempre pensé que diablos tenia que ver una característica física con lo incorrecto de su política

    El espíritu de Pardo Llada nos ha perseguido todos estos años. Gracias a Dios esta en franca decadencia. Pero gustaba mucho y sigue gustando entre el segmento de menor nivel educacional. “El ultimo de los Pardo Llada” es el comentarista radial de Miami, Perez Roura (1). He oído decirle a oyentes suyos;- “A mi me gusta usted, porque usted es como Pardo Llada”. Hay gente que les gusta oír insultos. (La explicación seria muy larga aquí). Lo curioso es que como usted bien dice, se les paga con la misma medicina. Este comportamiento siempre “culatea”. Sus contrarios ahora cuando se refieren a el le llaman;- “El tres veces feo”. No es mentira, el pobre hombre no es nada agraciado físicamente. Aquí también pienso que la fealdad no tiene nada que ver con lo aceptado o no de las idea de nadie.

    No tenemos que esperar la llegada de la democracia representativa. Hay que empezar a practicar la buena conducta desde ahora. Y sobre todo entender los efectos de determinadas forma de actuar. No solamente lo que esta mal esta mal, no importa a quien se le haga, sino descubrir que es una ilusión de la mente creer que lo que le hacemos a otra persona, aunque sea verbalmente, no va a tener un efecto en nosotros. La mente nos engaña cuando creemos que podemos “tocar”, sin “ser tocado”.
    “El peor daño que te puede hacer un HP en tu vida, es hacerte actuar también como un HP”

    (1) Otra de las ultimas Pardolladistas es Ninoska Perez Castellon.

  • el 24 noviembre, 2013 a las 5:25 am
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    Fernando el problema son las prácticas de la información en Cuba, o de la desinformación para ser más precisos y la represión contra el pensamiento diferente.
    Él día que los ciudadanos podamos pronunciarnos de manera diferente a la línea oficial del partido-estado, y no sufrir por ello alguna represalia, el ambiente crispado de los comentarios disminuirá grandemente. Pero si la información sobre Cuba se convierte en “un juego a las escondidas” con respecto a sus propios ciudadanos pero también hacia el exterior y todos los que critiquemos argumentadamente las políticas públicas y sus resultados se nos tilda de “enemigos” y “mercenarios” la crispación del debate no disminuirá. Lo que llamo la atención es que el planteo del problema en tu post queda en la superficie. ¿Yo te pregunto por qué se produce esa crispación? Si la violencia verbal, la represión y la exclusión son políticas del estado y el partido cubanos, poco podremos hacer los ciudadanos para atenuar la crispación del debate. El debate no se da en el aire sino en el contexto.

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