Zapatero cubano y el trabajo por cuenta propia

Yusimí Rodriguez

Ariel

HAVANA TIMES, 16 agosto — Rayan las cinco de la tarde y llego corriendo a la esquina donde se sienta el reparador de calzado, con miedo de que haya cerrado o esté a punto de irse.  Pero a esa hora está en plena faena.  “Mi horario es de nueve de la mañana a seis de la tarde, pero hoy trabajaré hasta las siete.”

Por lo general, una debe dejar el artículo que desea reparar (zapatos, bolso, mochila…) y recogerlo al día siguiente.  Después de mucho insistir, logro que Ariel, el reparador de calzado, acceda a coser mi mochila en el día.  “Regresa a las seis y treinta.”

Me marcho después de pagar el arreglo por adelantado y regreso a la hora convenida.  Como aún debo esperar que remiende un par de tenis antes de coser mi mochila, me ofrece asiento y ya que tendré que permanecer algunos minutos, no pierdo la oportunidad de preguntarle lo mismo que a todos los cuentapropistas que conozco:

HT: ¿Cómo le va con los impuestos y el pago de la licencia? ¿Le está siendo rentable el negocio?

Ariel: ¿Ves esos sacos blancos de nylon? Todo lo que hay ahí son pares de zapatos.  Generalmente tengo mucho trabajo.  Esto no es nuevo para mí; comencé en 1993 y siempre me fue bien, pero este tipo de negocio tiene sus reglas y es importante conocerlas y aplicarlas.

Primero, es importante estar en la calzada; si te ubicas en un pasillo, te entierras ahí.

Segundo, trata de estar en la acera, o en el portal de una casa.  Cuando empecé a arreglar zapatos en 1993, trabajaba en el portal del mercado y tenía tremenda clientela.  Tuve incluso ayudantes.  Después, prohibieron que uno estuviera en el portal de algún negocio del Estado y tuve que ubicarme en otro sitio.  Estaba a menos de tres metros de la acera, pero ya no era igual.  No estaba tan a la vista y la gente no llegaba.  El negocio mermó…

El otro detalle es que debes cobrar el arreglo por adelantado; de lo contrario, te dejan el zapato y lo vienen a buscar a la semana o al mes; o no vienen, porque a fin de cuentas es un zapato viejo.  Después que pagan, me da igual si vienen o no.  Cuando vienen, el zapato está ahí.”

HT: Usted lleva pocos días aquí, lo vi por primera vez el sábado anterior.  ¿Cómo ha logrado tener tanta clientela tan rápido?

Ariel: Ah, te voy a explicar… hace como un mes que estoy aquí, en realidad los primeros días no fueron buenos.  Nadie me conocía, aunque estoy en un buen sitio.  Pero tienes que hacerte una disciplina, venir todos los días y cumplir tu horario, aunque sepas que no vendrá nadie.  Es igual que si trabajaras para el Estado y tuvieras que marcar tarjeta.

Tienes que ser incluso más disciplinado, porque de eso depende tu comida.  Ahí dice que trabajo de 9 am.  a 6 pm.  Si la clienta viene a las cinco o a las cinco y media, y no estoy, no regresa.  Piensa que no soy un tipo serio.  Los clientes deben acostumbrarse a verte en el lugar, y verte trabajando… A veces enciendo un cigarro y se lo fuma el cenicero, porque no paro.

El otro aspecto importante es saber tratar con el público.  Se necesita mucha paciencia, porque hay gente muy majadera.  Viste esa señora que vino horita y se atrevió a preguntarme qué había estado haciendo todo el día, porque su zapato no estaba listo.  No se acordaba de que le había reparado dos cintos en el momento.

Pero le contesté que había estado jugando pelota, con una sonrisa de oreja a oreja, y le mostré todos los pares de zapatos que tenía para arreglar.  Enseguida se relajó.

Trato de no molestarme, si veo que va a existir algún problema, le devuelvo el dinero y el artículo al cliente con toda la amabilidad del mundo y aquí no ha pasado nada.

Ellos deciden entre esperar tal vez un par de horas más, o un día, por un trabajo de calidad, y empezar a buscar otro reparador, que bien puede ser un improvisado.

El problema es que con este asunto de la gente que se ve obligada a trabajar por cuenta propia, hay muchos que están inventando, que no conocen el trabajo que van a hacer y quieren dinero rápido.  Yo garantizo experiencia y calidad.

HT: ¿Cuándo aprendiste este oficio?

Ariel: “Hace veintisiete años, a los 16.  Aprendí mirando a otros zapateros.  Empecé a ponerle tacones a unas botas que se usaron mucho tiempo, las Centauro.  Después me puse a hacer sandalias con un amigo.  Como no tenía herramientas, montaba los zapatos con un alicate de mecánico.  La gente decía que estaba loco.”

HT: ¿Estudiaste algo más, una carrera…?

Ariel: “Nada.  Siempre he vivido de esto y he vivido bien.  No soy remendón de zapatos, confecciono calzado, tapizo carros, hago y reparo colchones… (Saca su celular y me muestra fotos de zapatos que ha hecho, de hombre, de mujer y de niño.  Muchas de las sandalias que usa su esposa, las ha confeccionado él).”

HT: ¿Tienes hijos?

Ariel: “Sí, uno de veintisiete años… Lo tuve a los dieciséis, empecé temprano.  Es ingeniero en telecomunicaciones.  Tiene su título universitario y eso me da mucho orgullo; pero para vivir hace lo mismo que su papá, arreglar zapatos.”


One thought on “Zapatero cubano y el trabajo por cuenta propia

  • el 17 agosto, 2011 a las 7:48 am
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    aunque corta muy buena entrevista…

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