Una ancianidad digna en Cuba

Un anciano en Centro Habana. Foto de archivo: Juan Suárez

Por Ivett de las Mercedes

HAVANA TIMES – Alfredo Hernández es un anciano indetenible. Tiene 89 años y aún continúa dando lecciones de vida a todos.  En tiempos de Covid 19 sale, como siempre, a realizar las compras de alimentos, a pesar de no vivir solo. Prefiere estar en la calle a quedarse encerrado sin ver el mundo.

Siempre que nos tropezamos conversamos de disímiles temas, y hoy accedió a compartir sus opiniones con los lectores de HT; lo único que no quiere es mostrar su rostro, pero me pide que aclare que es por timidez.

HT: ¿Qué hace para mantenerse en tan buen estado?

Alfredo Hernández: Mi padre trabajó hasta el último día de su vida. Era un campesino rudo, de piel curtida por la lluvia y el sol.  Vino a La Habana porque quería que yo estudiara. La casa donde nos asentamos en Marianao tenía detrás un terreno, en el cual trabajó hasta sus 95 años, sin una queja. Su fortaleza es mi inspiración. Esa enseñanza se la transmití a mis hijos y ahora a mis nietos.  Sentirse útil, no por ser aceptado entre los miembros de la familia, sino por uno mismo, es fundamental para llevar con decoro la ancianidad. 

HT: ¿Cree que la aptitud ante la vejez es un proceso donde interviene la predisposición genética?

AH: Bueno, eso no sabría responderlo, pero en la actitud ante el envejecimiento actúan numerosos factores. Por supuesto que un buen ejemplo en casa es un factor a tener en cuenta. Creo que la preparación para la vejez comienza de forma inconsciente desde la adolescencia. De joven nunca fui muy presumido, ni me miré mucho en el espejo. Me gustaba estar limpio y con la ropa planchada. Nunca me interesé por la moda.  Siempre supe que mis padres hacían lo imposible por comprarme la ropa y los zapatos.

Cuando me hice adulto esa situación se mantuvo. Jamás tuve en cuenta las apariencias, me peinaba y me afeitaba como todos, pero nada más. Estoy convencido que esos hombres de 50 y 60 años, que andan con ropas ajustada como si fueran jóvenes y con el pelo teñido por miedo a las canas, de jóvenes pasaron muchas horas frente al espejo, siempre buscaron la aprobación de otros y, evidentemente, sufrieron, hoy continúan padeciendo por no aceptar que la vejez es tan natural como la vida y la muerte, y se pude vivir con dignidad.

HT: ¿Entonces buscar la aprobación redunda en un sufrimiento que puede resultar fatal?

AH: Por supuesto. Si durante toda la vida te centras en complacer a los demás, en vivir a través de los otros, de seguro tu organismo sufrirá las consecuencias. Una vida saludable en el plano psíquico es fundamental. Si fuiste una persona iracunda, posesiva y controladora, si estallabas ante las dificultades y frustraciones, si tu familia fue tu campo de batalla es casi imposible que tengas una vejez saludable. 

HT: Piensa que la ancianidad se vive como mismo se vivieron los últimos 20 años

AH: Sí. La mayoría de las enfermedades mentales giran en torno a la calidad de vida.  El miedo a envejecer también es determinante.  Todos quisiéramos extender la juventud. A quién no le gusta caminar erguido, conservar sus conocimientos, poder mantener una conversación, ser tenidos en cuenta en las decisiones que se toman en nuestra familia, pero eso solo depende de nosotros mismo.

Si solo nos centramos en la pérdida de la lozanía de nuestra piel, de las canas que amenazan con cubrir todo nuestro pelo y de las arrugas que delatan nuestra edad, por más que queramos disimularla, la vejez llegará igual, solo que la ansiedad que hemos experimentado durante el proceso nos jugará una mala pasada.

HT: De seguro considera que envejecer con conocimiento de causa sigue siendo la mejor opción.

AH: Sí y es lamentable que no todos tengan una clara visión al respecto. Si el tiempo que algunos emplean en realizarse cirugías estéticas, en cubrir sus canas con tintes y sus arrugas con productos exóticos lo emplearán en aceptar su edad, otra sería la visión que nuestras familias y la sociedad.

HT: ¿Cree que la cultura tenga algo que ver con ese temor a envejecer?

AH: Generalmente las series y novelas que se trasmiten en nuestro país ofrecen los extremos de la vejez. No todo es perfecto, pero no todos llegamos incapacitados física y mentalmente. No todos somos deambulantes, no todos vivimos en un entorno hostil, como tampoco la mayoría habitamos en Nuevo Vedado.

Es bueno que se denuncien las malas condiciones, que la juventud comprenda que los ancianos tenemos derecho a vivir y a tener un trato justo, pero también es necesario que se muestre la otra cara de esa moneda sin edulcoraciones.

Se ignora que hay ancianos de 80 y 90 años que pintan, escriben, que son excelentes músicos y jugadores de ajedrez, que se mantienen en la docencia, que comparten sus conocimientos en el mundo de la ciencia con miles de científicos, que mantienen su salud, que siembran y recogen los frutos de sus huertos y jardines, que colaboran con sus nietos en las tareas de Álgebra o Medicina, van a la universidad del adulto mayor, y otros como yo hacen los mandados por puro gusto de conversar, caminar, conocer gente y ver la vida.

Todo eso independientemente de que la chequera no alcanza para vivir y de que los medicamentos para enfermedades específicas de la edad escasean. Me gustaría que las personas supieran que la vejez es un estado mental, que el cuerpo físico es la envoltura de la mente, y que nosotros podemos mantenerla joven y saludable, si sabemos conservarla con salud a lo largo de nuestra vida.      

3 comentarios sobre “Una ancianidad digna en Cuba

  • Coincido que la vejez es un estado mental, y que asumir la realidad de la edad es tambien salud. Fatalmente no todos los ancianos piensan en eso, por lo menos los de mi barrio, los que se ponen a pedir dinero para comprar cigarros, estoy seguro que ellos ni saben que edad tienen. Estamos deteriorados por todo un sistema que no permite ver mas allá y lo peor es que no se sabe cuando podamos ver la luz. Me alegra que aun existan personas como Alfredo Hernandez.

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  • Que interesante!!!. Me ha encantado esta entrevista. Hay criterios muy claros: Si durante toda la vida te centras en complacer a los demás, en vivir a través de los otros, de seguro tu organismo sufrirá las consecuencias. Muchas gracias a Ivett de las Mercedes y a HT.

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  • Tener un objetivo en la vida, una meta un pasa tiempo, algo que hacer emplear el tiempo y mente en algo y si es útil mucho mejor, hay personas que son jóvenes y lo bes en las esquinas malgastando su tiempo lo tan preciado que es la vida, esa generación que ha envejecido y fue una generación de trabajo consiente, es una lástima perderlos, son dignos de respeto y admiración

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