Un cubano de a pie 15 años mirando China (II)

Dmitri Prieto e Yusimí Rodríguez

Isidro Estrada

HAVANA TIMES – Presentamos la segunda parte de nuestra entrevista con Isidro Estrada, un cubano que ha pasado los últimos 15 años viviendo en China. Él nos da una visión sobre el país a menudo visto como un modelo por el gobierno cubano, tratando de poner en marcha una economía estancada y al mismo tiempo mantener el poder. (Véase la primera parte de esta entrevista)

Dmitri: ¿Cómo se diferencia su comportamiento social del nuestro? ¿Coinciden sus juicios con los nuestros para calificar a alguien de bueno o malo?

Isidro: Hay matices marcados por el confucianismo y el maoísmo. Tienen patrones más rígidos. Como latinos estamos muy dados al perdón. A ellos, aunque el confucianismo lo promueve, les resulta dificil perdonar. El argumento del gobierno, cuando los organismos internacionales han criticado la pena de muerte, es que todo el país la apoya y sería antidemocrático eliminarla; es cierto. Ya hay menos figuras delictivas sancionadas con pena capital. Pero la corrupción, por ejemplo, conlleva a la muerte de manera casi automática.

Dmitri: ¿Solo los Han perciben China como el país del “centro del mundo”?

Isidro: El gobierno intenta, con mucha propaganda, que todo ciudadano chino independientemente de su etnia, tenga ese concepto de China como país. Pero en lo cotidiano, los Han se imponen numéricamente. Eso genera tensiones pese al esfuerzo de la Administración Central de promover esas minorías, mediante una serie de medidas que las favorecen, como por ejemplo la ventaja en el ingreso a la universidad, y de identificarse ella misma con toda la población china.

Yusimí: Dijo que la generalidad de los chinos no quieren hablar de política

Isidro: Entre otras cosas, porque están interesados en levantar su economía personal. Y la lección de Tiananmen está vigente.  Es más fácil buscar dinero para irse a otro país, o establecer una empresa, y asegurarse un buen nivel de vida. ¿Para qué enfrentar una maquinaria contra la que no puedo?

Dmitri: ¿Cómo se recuerdan los sucesos críticos del siglo XX en China?

Isidro: Mostré a mi suegra datos científicos sobre el hambre que generó el “Gran Salto Adelante”, decidido por Mao. Ella contestó: “puede ser verdad, pero de eso no se habla, porque el Partido no quiere; puedes perder tu trabajo”.

Dmitri: ¿Un joven diría lo mismo?

Isidro: En la prensa mucha gente transciende la posición oficial. El Diario del Pueblo, (Granma chino), tuvo que crear una especie de tabloide para que los sectores menos oficialistas se expresaran.

Los universitarios recién graduados no saben nada del Gran Salto Adelante o de la Revolución Cultural, ni les interesa; pero yo estudié esos hechos y los conozco.

A ellos les interesa el karaoke y los juegos electrónicos, y así lo prefiere la oficialidad. Quieren que la juventud china respalde la causa política china, no que sea solidaria ni antiimperialista. China prácticamente no participa en los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes.

Yusimí: ¿Cómo se trató la homosexualidad bajo el Maoísmo y cómo ha evolucionado con las reformas?

Isidro: Ese tema da para un artículo. Bajo el Maoísmo era delito. Les ha costado, dar posteriormente el salto, porque había mucho atraso en esa cuestión con respecto a los demás países. La percepción de la homosexualidad en la actualidad es más positiva. Hay organizaciones de gays y lesbianas.

Dmitri: ¿Son legales, el gobierno promueve eso como realidad?

Isidro: Al menos las acepta.

Dmitri: ¿Pero se proyecta como un rasgo de la sociedad en la prensa internacional china?

Isidro: El tabloide que mencioné antes publica todas esas cosas: “Tal persona cambió de sexo”…

Yusimí: ¿El Granma chino (Diario del Pueblo) lo publica también?

Isidro: No.

Yusimí: Tampoco se acepta el matrimonio homosexual.

Isidro: Para la familia china tradicional es importante la preservación del apellido, que se pierde cuando no hay hijos. Muchos gays se casan con mujeres por complacer a sus padres. Y luego buscan su pareja homosexual.

Dmitri: ¿No pueden adoptar? ¿Cuando hay un hijo adoptivo, no se mantiene el apellido y el linaje?…

Isidro: Todavía la adopción para las parejas gay no está viabilizada. La adopción en parejas heterosexuales se ve en casos extremos, como cuando la mujer es infértil… pero heredar el apellido es fundamental.

Dmitri: ¿Qué sucede con el tema del aborto y la política de un solo hijo? ¿Existen grupos en contra?

Isidro: Esa política de control demográfico ha evitado más de 300 millones de nacimientos, lo que ayudó en la lucha contra la pobreza. Pero ahora hay un desbalance de géneros. Se favorecen los nacimientos de varones y se interrumpen selectivamente los nacimientos de hembras. Eso resultó en zonas campestres donde sólo viven hombres solteros. Con frecuencia “compran” y hasta secuestran mujeres, para conseguir pareja. También aumenta la población envejecida.

Grupos y activistas individuales han denunciado los abortos forzados por medios masivos oficiales o paraestatales, cada vez más críticos. Por esto, el Estado replanteó la política en vigor, pronunciándose finalmente por flexibilizarla, según acordó recientemente el XVIII Comité Central. Queda por ver ahora cómo se concretará en la práctica este giro.

Dmitri: El preconcepto cubano promovido “desde arriba”, de que socialismo no es más que educación y salud gratuitas, etc. -poco relacionado con la des-alienación expuesta por Marx, y menos aún con el socialismo libertario- ¿existió en China? Y, si existió, ¿qué queda de ese socialismo hoy?

Isidro: Ellos dicen haber hecho un alto en la construcción del socialismo, que no puede hacerse desde la miseria. Miseria realmente producida por políticas maoístas, que amenazaban con arruinar totalmente el país. Pero los chinos, a diferencia de los soviéticos con Stalin, no han querido condenar a Mao, quien -según fuentes oficiales- erró en 30%, acertando un 70%. Priorizando la estabilidad, calcularon que sería catastrófico destronarlo totalmente. Para muchos neo-izquierdistas chinos “izquierda” significa “maoísta”. Recientemente, en la Plaza Tiananmen, un joven hirió -golpeándolo con un cartel de “Viva Mao-Zedong”- a un señor mayor “culpable” de sugerirle que Mao no fue perfecto… Tuvieron que venir policías…Pero fanatismos así no abundan.

El alto en la construcción del socialismo permitiría que ciertos sectores se enriquezcan y sirvan de locomotoras al país para darle -desarrollo económico mediante- un lugar en el concierto mundial…

Dicen no renunciar a construir una sociedad que distribuya recursos según principios socialistas, pero primero necesitan –según el PCCh- bases económicas sólidas, desde donde pueda lanzarse la transformación social.

Respecto a la clase obrera, no tiene el poder. Lo tienen las élites, y toda esa crema y nata que ha desarrollado sus recursos en 30 años.

Pero vivimos momentos interesantes: la China de la mano de obra barata, que llenó el mundo de baratijas y llevó ese país al desarrollo, se está acabando. A quienes trabajan hoy hay que pagarles más. Y quienes gobiernan lo saben.

China tiene una masa obrera inmensa reclamando nuevos derechos, que con el tiempo devendrá un gran pueblo consciente de su poder real. Los exigirá a patrones y gobernantes, creando sindicatos para defenderlos. Eso está ahora en proceso.

Como en Cuba, es imposible que durante las reformas económicas -cuando afloran desigualdades- dure mucho la alianza entre sindicato y administración (criticada, en su tiempo, por nuestro Lázaro Peña, aún con socialismo).

En el ámbito legal, hay abogados chinos presos por defender a grupos obreros auto-organizados para resistir a la administración, o dañados por despidos, por cierres de fábricas…

En casos extremos, trabajadores enfrentando violaciones de derechos básicos han amenazado con suicidarse públicamente tirándose de un edificio…

Yusimí: ¿Se tiran?

Todavía no he visto ninguno. Una vez apareció uno, pero llegaron policías, bomberos, había mucha gente filmando… al final lo convencieron.

Dmitri: ¿Quedan gratuidades?

Cuando Mao la salud fue prácticamente gratuita. Ahora, el PCCh promueve los servicios médicos privados, pagados. Según Deng Xiaoping, no importa el color del gato mientras cace ratones.

Quedan pocas gratuidades. La escuela primaria es gratis, pero si sumas lo que se compra (uniforme, caja de arte…), el costo sube… También suben los precios: antes ir al médico costaba 20 USD; hoy, 30.

Existe la trampa de la clase media. Hay subsidios para los pobres (ejemplo: viviendas baratas), mientras los ricos ya son ricos. Pero “en el medio” la vida es más compleja, porque ni tienes suficiente, ni recibes ninguna prestación.

Se menciona poco que el coeficiente Gini –medida de desigualdad- es altísimo en China. Tratando de humanizar algo la sociedad, el último Congreso del PCCh aprobó un plan quinquenal (China aún planifica) cuyo gran objetivo es evitar -mientras sea posible- traumas sociales que sobrevendrán si el Gini sigue creciendo: disminuir grandes desigualdades generadas en últimos años, las diferencias entre ricos y pobres, llevar prestaciones a regiones desfavorecidas, mejorar las condiciones de quienes trabajan. Generalizar derechos sociales: educación en todos los territorios del país, seguros sociales mínimos, salud, círculos de ancianos…

Ya no es como los primeros años de Reforma y Apertura.

El gobierno actual dice interesarse en poner al hombre al centro de la sociedad: no de hacer más o menos socialismo, sino de ser más o menos humanos. Tratan de desembarazarse de la jerga ideológica de antaño. Todo sería posible, pero dentro de la cultura y especificidad china.

Continuará…

58 thoughts on “Un cubano de a pie 15 años mirando China (II)

  • el 15 marzo, 2014 a las 9:57 am
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    Tony: a pesar de todo, prefiero La Habana…

  • el 6 marzo, 2014 a las 10:21 pm
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    Hola, Marlene:

    Te comento con un poco de retraso, pues esperé a que concluyera la publicación de todo el prolongado cuestionario a que me sometieron los muy industriosos amigos Yusi y Dimitri, de modo que los foristas puedan tener un espectro más amplio sobre lo que ocurre en China.

    En primer lugar, se trata de un plan para China. No para que funcione en otras latitudes. Ellos están en general muy imbuidos del concepto de “democracia vertical”, que como dije, deriva de las enseñanzas confucianas. Es decir, su sistema de gobierno actual tiene más que ver con Confucio que con Mao, quien, dicho sea de paso, se declaró enemigo número uno del filósofo y de su escuela de pensamiento. De ahí que arremetiera con especial ojeriza contra la prédica confuciana en la Revolución Cultural. Y ya ves, a la larga el primero ha terminado imponiéndose al segundo. Mientras Mao soñaba con una revolución universal que depusiera al capitalismo (al menos hasta que hizo las paces con EEUU) y con mantener la lucha de clases como eterno motor impulsor del desarrollo, Confucio enseñaba la necesidad de gobernar con benevolencia y respeto por el gobernado, de ejercer la magnanimidad en todas las direcciones. La armonía y aproximación pragmática que la actual China proclama en sus relaciones con el resto del mundo, también llevan en sí al esencia confuciana, alejada del discurso incendiario del Gran Timonel. Hoy China ya no habla de atacar o fustigar al “Tigre de Papel”, sino de complementarse con el mismo.

    El ejemplo que puse sobre la respuesta de la suegra tiene que ver con la circunstancia de que así reaccionaba su generación, la que vivió el Gran Salto Adelante, la Campaña Anti derechista, la Campaña contra las Cuatro Plagas, la de la Educación Socialista y la Gran Revolución Cultural Proletaria. Desdichadamente, mis entrevistadores no me dieron tiempo a matizar (¡dos contra uno!). Hoy el país se va adaptando gradualmente a una mayor diversidad de pensamiento, y eso no pasa por alto en sus medios de prensa, aunque todavía bajo fuerte control del Estado.

    Tampoco quedó incluida en la entrevista al final una frase de Deng Xiaoping que cité y que define en gran medida lo que está sucediendo en este país: “cruzar el río tanteando las piedras”.

    China vive aún con muchos problemas y desafíos por delante, pero con tantos millones de sus habitantes que han visto mejorar su calidad de vida y quedar a un lado el desgaste de tanta inútil campaña ideológica, no se puede menos que admitir que el país va, como se diría en mandarín “yue lai yue hao”, o de bien a mejor…

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