Peteco: Un Tipo Atípico

Por Alfredo Fernández

Peteco

HAVANA TIMES, 20 marzo — Corría el lejano año de 1998 cuando le conocí.  EL azar quiso que nos encontráramos en la sala Caracol de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) en un curso de Cine Erótico que impartía el crítico recientemente fallecido Rufo Caballero.  De allí nació una amistad que ha trascendido hasta hoy.

A no dudar, Peteco fue uno de los personajes más pintorescos de la vida intelectual habanera de las décadas de los ochenta y noventa.  Por entonces casi terminaba la carrera de licenciatura en matemática, le faltó la tesis para concluir.  Tesis que nunca realizaría debido a que, entre otros muchos problemas, sus proyectos excedían a la academia cubana.

Así, Peteco tuvo que soportar que sus trabajos de cursos: “Refutaciones a las demostraciones de la existencia de Dios en Santo Tomas de Aquino.” e “Ideas matemáticas expuestas en  la obra de Lewis Carol, Alicia a través del espejo.” tuvieran un no como respuesta.  Vale destacar que a Peteco el hecho de no haberse graduado de la universidad, nunca le ha impedido  presentarse a todos como un matemático y así, todos lo reconocemos como matemático.

Fuera de los muros de la Universidad la vida de Peteco también tenía una encendida existencia.  Estuvo estrechamente ligado en amistad y, en no pocas ocasiones, en trabajo, a ese grupo de artistas plásticos que en los ochenta revolucionó el arte cubano de manera tal que muchos críticos los llegaron a ubicar en un primer lugar, dentro de la plástica mundial.

Baste recordar que en 1989, luego de que la oficialidad les cerrara varias exposiciones a jóvenes plásticos de la época, los artistas realizaron el más famoso performance cubano de todos los tiempos “Juego de pelota.” el cual consistió en un juego de beisbol en el que los integrantes de ambos equipos eran los miembros de esa generación y que tuvo como lema el eslogan político del momento,  “LISTOS PARA VENCER” LPV.  Como dato curioso, el pitcher principal del afamado encuentro fue Peteco.

La mayoría de estos artistas abandonarían Cuba.

Esta entrevista deviene un personal homenaje a  un ingenioso amigo.  Peteco, siempre repleto de respuestas sagaces y de salidas geniales, como cuando hace años, se le espetaba que era un mujeriego, a lo que él replicó con una aclaración.

“No soy mujeriego, soy un mujerólogo.”

Creo ubicar la mayor gracia en la vida de Peteco durante su etapa de estudiante.  La escuela Lenin y la Universidad de La Habana resultaron espacios muy vitales para él, a tal punto, que todavía hoy escucho de sus hazañas por las más innumerables  vías, siempre contadas por sus antiguos compañeros o amigos, quienes lo recuerdan invariablemente como un particular estudiante.

HT: Peteco ¿En qué fecha naciste y cuándo surgió el sobrenombre de Peteco?

Peteco: Nací aquí, en La Habana, el 26 de junio de 1960,  en El Vedado, donde he vivido toda mi vida.  El sobrenombre de Peteco me llegó en fecha tan temprana, como los dos años.  Resulta que mi tía estudiaba filosofía y aprendía esa parte de la historia griega en que el Estado dividía a los integrantes de la sociedad en: Patricios, Metecos y Plebeyos.   Los  Metecos, en la Grecia Antigua, eran considerados los gérmenes de la sociedad futura.  Estos casi siempre eran comerciantes, artistas, y sobre todo, tipos muy irreverentes.  En el español coloquial el sustantivo Meteco, trascendió como sinónimo de atípico.  Mi tía al ver cómo me  conducía entre los demás niños expresó.

“Esté es el Meteco de la familia.”

Pero ocurrió que la palabra Meteco excedió la comprensión de mis primitos, de manera que me llamaron como mejor pudieron pronunciar aquello,  Peteco, sobrenombre que hasta hoy me acompaña y al cual no le he fallado.  Porque sigo siendo el mismo tipo atípico de aquella primera vez ante mi tía.

HT: ¿Cuándo entraste a la Universidad de La Habana?

Peteco: En septiembre de 1979.  Entro a estudiar la carrera de Licenciatura en  Matemática.

HT: ¿Por qué estudiaste Matemática, si siempre te has movido entre artistas?

Peteco: Porque yo considero que la Matemática es un caso particular de Artes Pláticas Conceptuales, una verdadera estética del pensamiento, o sea, que para mí, estudiar Matemática fue casi lo mismo que si hubiera ido al ISA (Instituto Superior de Arte) a estudiar Artes Plásticas, o incluso mucho mejor.

HT: ¿Qué opinión guardas de la Universidad de tus días de estudiante?

Peteco: En general tengo una buena opinión, aunque la formación por momentos me pareció muy pobre, pues resultaba demasiado específica, te digo que mientras estudiaba, no me era difícil  sentirme más ingeniero que científico, pues la formación en matemática pura, contrario a lo que puedas pensar, le dejaba muy poco espacio a la imaginación, aún así, también tengo que decirte que tuve profesores muy buenos.

Como por ejemplo, Celiar Silva, un matemático uruguayo que me impartió la asignatura de Análisis Funcional.  Recuerdo que un día en plena clase se escucharon sonar las campanas de la iglesia de Infanta y San Rafael, cercana a la Universidad, y alguien dijo que esas campanas sonaban porque se celebraba la Semana Santa, lo cual sirvió de motivo para que el profesor Silva, nos explicara cómo se calculaba astrológicamente la fecha de la celebración cristiana, que como bien sabes, cambia de año en año.

HT: ¿Sabes si esta situación en la formación de los matemáticos se mantiene hoy en día?

Peteco: No sé, pues hace mucho tiempo estoy desvinculado de la facultad, aunque ahora hay una asignatura que creo puede evitar el excesivo tecnicismo en el pensamiento: Historia de la Matemática, la cual relaciona a esta ciencia con otras ramas del saber.

HT: ¿Sentiste que la Universidad te dotaba de una verdadera autonomía como hombre de pensamiento?

Peteco: En ese entonces la formación era muy limitada y parcializada, carecía de toda autonomía, la educación se limitaba a preservar y construir a un alumno acorde con el  pensamiento oficial.  Acuérdate de aquel eslogan que dice: “La Universidad es para los revolucionarios” lo peor, era que esta formación estaba ubicada en el centro de los planes educativos, se me exigía como estudiante un alto por ciento de coincidencia con el pensamiento oficial para pertenecer a la Universidad.

HT: ¿Y estás de acuerdo con eso?

Peteco: Por supuesto que no.  La Universidad debe ser un aula que acoja a todos amén de cualquiera sea su afiliación ideológica, de su afiliación política.  La Universidad tiene que ser un espacio con los brazos abiertos a todos igual que esa escultura que está en la escalinata universitaria, el Alma Máter.

HT: Peteco, tú paso por la universidad  en verdad fue largo.  Entras en el 1979 y hasta donde sé, permaneces allí hasta 1989,  sin graduarte.  ¿Cuenta algunos de los problemas que sufriste durante tu etapa de estudiante?

Peteco: Tuve muchos, la primera vez fue en 1980, me separaron un año de la universidad por inasistencia a clases; la segunda vez fue en 1984, debido a  una operación en el menisco que me impidió asistir por casi todo ese año a la escuela.  Luego vino el problema mayor, el que provocó mi expulsión.  Resulta que en diciembre de 1989 supuestamente aparecieron en un aula varios carteles  de “ABAJO FIDEL.” la reacción inmediata de la dirección de la universidad consistió en hacer un mural en la facultad, en donde a modo de repudio a lo sucedido, quien quisiera podía manifestar su apoyo a La Revolución y a Fidel.  Así, tome un plumón y justo al lado de donde decía  VIVA FIDEL, escribí en un tamaño similar algo así como VIVA αβγφω.

HT: ¿Qué quisiste decir con esto?

Peteco: Con eso quería pedir, desde mí lenguaje, las matemáticas, una nueva notación a Fidel, una nueva postura.  Quería decir que no me contentaba con la tradicionalidad de repetir consignas de manera mecánica, eran momentos distintos que exigían de un líder distinto, quería decir también que no podíamos conformarnos con repetir la consigna de VIVA FIDEL para ser revolucionarios, que ya era hora de que tomáramos parte en las decisiones del país, de que asumiéramos una postura acorde con el presente, al tiempo que también le pedía al Primer Secretario del Partido Comunista Cubano un nuevo estilo de trabajo.

La Universidad de La Habana.

Para expresarme en aquel momento utilicé cinco letras del alfabeto griego muy presentes en las ecuaciones matemáticas, el mismo número de letras que tiene el nombre de Fidel.  Era diciembre de 1989 y unos meses antes el país había sido estremecido por la Causa numero 1, que concluyó con el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa Sánchez, por otro lado, semanas atrás el Muro de Berlín se había “caído”  lo cual hacia inminente el comienzo de la crisis económica que se instaló hasta hoy en el país.  Por eso creí prudente expresarme así.

HT: ¿Entonces, como llegó tu expulsión?

Peteco: Nada, alguien informó al partido que yo había escrito semejante cartel, entonces se efectuó una asamblea en la facultad con los todos los alumnos, allí se propuso la expulsión definitiva de la Universidad del grupo de los “Seguidores de Mella[i].” esto de manera directa y a mí se me sometió a una comisión disciplinaria para analizarme.  Luego, cuando expuse las razones por las cuales había escrito aquel texto ante la “comisión disciplinaria” (esta consistía sólo del Secretario del Partido de la Facultad y una Secretaria que copiaba la conversación entre este señor y yo), sencillamente resultó peor, el Secretario del Partido al escucharme estalló en cólera y decidió que yo bajo ningún motivo podía continuar en La Universidad.

HT: ¿Quiénes eran los “Seguidores de Mella.” por qué fueron expulsados?

Peteco: Eran cuatro estudiantes de matemática que querían hacer una organización que resultará algo así como una nueva FEU (Federación de Estudiantes y Universitarios).  Recuerdo que tuvieron conversaciones por varias semanas con los dirigentes de la FEU, hasta que estos dirigentes se cansaron de “conversar” al no poder redimir a los muchachos por la vía del dialogo.  Incluso el jefe de ellos, que ahora no recuerdo su nombre, llegó a estar 7 meses en prisión.  Luego todos abandonarían el país.

HT: ¿Después que te expulsan de la universidad, qué haces?

Peteco: Después que me expulsan de la Universidad, la propia jerarquía de la institución se da cuenta de lo abusivo de la medida y me pide que haga un Recurso de Apelación.  Esta apelación me la redactó el profesor Castenada, quien por entonces era vicedecano de la Facultad de Derecho.  Debo decirte que la iniciativa partió del mismo Rector de aquel momento, Fernando Rojas, él me conocía personalmente, pues yo era amigo de su hijo Fernando (el hoy Viceministro de Cultura), aunque también, para mí, este Rector era una buena persona, a quien  le pareció demasiado excesiva la sanción.

HT: ¿Y qué pasó después?

Peteco: Presente el Recurso de Apelación al Ministerio de Educación Superior.  El resultado fue algo así como un “pacto” entre la Educación Superior Cubana y yo.  Era como que la institución no podía dejar de sancionarme, pero que estimaban que se había ido muy lejos conmigo.

Entonces lo que me propusieron fue sancionarme a tres años de separación de la Universidad.  Cuando hay una sanción de separación por un tiempo determinado, a la mitad de éste se puede hacer una reconsideración de la medida.  Ellos me propusieron que aceptara los tres años de separación como medida punitiva, luego al año y medio se me reconsideraba y podía regresar a la escuela.  Aún así, no me pareció honesto el proceder, yo pedía que me sancionaran o no.  No obstante presenté el Recurso de Apelación, este falló a mi favor, o sea, oficialmente fui separado por tres años de la educación superior con la posibilidad de entrar al año y medio.

HT: Peteco es hijo de Arnol Rodríguez Camps, quien fuera durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, Jefe de Propaganda Nacional del Movimiento de Liberación 26 de Julio, teniendo como su más conocida acción, la entrega del campeón mundial de automovilismo, el argentino Juan Manuel Fangio, quien fuera secuestrado por el 26 de Julio. ¿Y no crees que en esa posibilidad del Recurso de Apelación haya pesado que tú fueras el hijo de Arnol Rodríguez?

Petco: No, no lo creo, aunque si puede haber pesado la ayuda del Rector, que te dije me conocía personalmente y además era una buena persona, al menos para mí.

HT: ¿Luego del año y medio qué pasó?

Peteco: Volví a la Universidad pero ya no le encontraba sentido a nada de lo que hacía allí, para entonces tenía 32 años y lo que era peor, había perdido toda la ilusión con que entré  a la escuela, había perdido la ilusión de hacer matemática pura, que era lo que me hubiera gustado trabajar.  Encima, tenía que verle demasiado a menudo las caras a muchos de los que se habían prestado para todo ese juego sucio.  Así que un buen día me levante y decidí no ir más a la escuela.

HT: ¿Quisieras mencionar el nombre de los profesores y alumnos que se confabularon para tú expulsión?

Petco: No, no te los diré, pues aunque no me olvido de nada de lo ocurrido, ya perdoné a esas personas, por esto creo que no sería ético de mi parte que te dijera sus nombres.

También debo de decirte que durante los días del problema constaté como personas que yo creía amigas me retiraban el saludo, aunque a decir verdad nunca en la Universidad me sentí tan apoyado como entonces, pues el problema trascendió a otras facultades y estudiantes que yo no conocía me paraban para darme ánimo y mostrarme su apoyo desde la sombra.

En particular, de todo el apoyo que recibí, me gustaría destacar la actitud de mí profesor de Análisis Matemático, Alfredo Gómez, quien hace años radica en Chile, quien indignado por todo lo que se me hizo, se comportó con arrojo, a tal extremo que me hizo la delicadísima confección de que él se encontraba en la oficina del Decano cuando allí irrumpió alguien que se identifico como Oficial de la Seguridad del Estado y le ordenó a la entonces Decana que había que expulsarme de la Universidad de cualquier manera y que inventaran ellos el pretexto.

La Universidad de La Habana. Foto: Caridad

El profesor Alfredo fue más lejos aún y me pidió que utilizara su confección como último recurso en mi defensa y aunque nunca necesité hacer alusión a lo que me contó este hombre, nunca olvidaré tanta valentía ante una injusticia.

HT: Peteco ¿Por qué ese interés de los Órganos de la Seguridad del Estado en que te expulsaran de la Universidad?

Peteco: Porque yo no sólo había sido un alumno difícil en la Facultad, también al mismo tiempo que cursaba la carrera tuve varios trabajos, y en casi todos tuve problemas, por reclamar mi derecho como trabajador y sobre todo por hacerle saber al resto de los compañeros que tenían mis mismos derechos y que había que respetárselos.

HT: ¿Cuáles fueron los trabajos y problemas que tuviste?

Peteco: Fueron varios.  Fui durante dos años, sereno en un Joven Club de Computación.  Fui estibador en una fábrica de quesos durante un año.  Allí no me quedaba callado ante ninguna medida absurda, como cuando una vez  se quiso que los trabajadores aprobaran una ley, en la cual si eras considerado lo que hoy precisamente le llaman un “Disponible” se te hacían otras dos propuestas de trabajo (generalmente construcción o agricultura) y si no la aceptabas te quedabas en la calle.

En aquella reunión expuse mis razones por la cual no admitía la medida y eso fue ante todos los trabajadores, luego en la votación ocurrió el milagro de que el voto no fue unánime, muchos trabajadores se sumaron a mi negación.  De hecho alguien llegó a decir que desde allí iba a salir la primera marcha obrera de la Revolución.  Luego algunos compañeros me quisieron proponer para Jefe del Sindicato.

Como te das cuenta todo eso me perjudicaba, pero yo, aunque lo sabia,  como revolucionario que me sentía no podía evitar protestar, no me podía quedar callado ante lo mal hecho.  En esta etapa también fui trabajador civil de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en un centro de cálculo de una Unidad Militar, allí era programador.

Por mis discusiones con los jefes, se me fue apartando en el centro al punto que me quedé sin contenido de trabajo, entonces pedí la baja.  La muchacha que en aquel momento era mi novia, Alida Morales, trabajaba en el Instituto de Hidrología también anexo a las FAR, ella igualmente fue expulsada de su trabajo y todo por estar relacionada conmigo.

Los dos entonces nos fuimos a trabajar de barrenderos, lo hicimos durante 45 días a manera de performance por lo que nos había sucedió, barríamos la calle Zapata, desde la calle 8 hasta la Avenida 26, comenzábamos a trabajar a las 5.00am y terminábamos a las 11.00am.  Allí nos fueron a ver muchas personas que nos mostraban su apoyo conmovidos al ver dos jóvenes haciendo un trabajo que por entonces era tenido como el último reducto laboral cubano.

Pero el momento más triste como trabajador fue cuando impartí matemáticas en una escuela secundaria.  Imagínate con el amor que yo siento por las matemáticas y tener que soportar un sistema mediocre de promoción con una emulación que atentaba contra la calidad de la educación, contra el aprendizaje creativo del alumno.

Tenía que haber promoción a cualquier precio y por tanto se me obligaba a dar repasos en los cuales casi le tenía que decir a los alumnos lo que iban a examinar.  Aunque lo peor no fue eso, esto quedó superado cuando una alumna de séptimo grado (niña de 12 años) se me insinúo sexualmente a cambio del aprobado, le llamé la atención por ser una niña y una alumna para hacer algo así, nada, al otro día la chiquita se me apareció con la madre, la cual me hizo extensiva la invitación a ella.  Quedé decepcionado de impartir clases en un lugar así y lo abandoné.

HT: Peteco, a la par de tu permanencia en la Universidad y de tus trabajos, también estuviste involucrado en fuertes lazos de amistad y colaboración al grupo de artistas plásticos de los ochenta, un grupo revolucionario en el arte a nivel mundial.  ¿A qué le echas de menos de este grupo que emigró de Cuba?

Peteco: Permíteme hacerte la aclaración de que hay muy importantes artistas de esa generación que no emigraron, que trabajan hoy aquí, como lo son: René Francisco, Lázaro Saavedra, y Ponjuan, entre otros, aunque es verdad que la mayoría se fue.  Ahora, lo que más extraño de esa generación y que no la he visto después en ninguna de las que le sucedieron es LA SOLIDARIDAD. Los artistas de la generación de los ochenta llegaron a conformar una familia, eran muy unidos y se ayudaban entre sí.

Ahora no, los artistas de hoy andan muy preocupados en alcanzar “méritos personales” y en la obtención del confort económico.

HT: ¿Y eso que les pasa a los artistas cubanos de hoy, no puede ser de alguna manera lo mismo que le está pasando a la sociedad cubana actual?

Peteco: No, no te puedo dar esa respuesta, hace tiempo que vivo prácticamente aislado en mi casa y por la tanto carezco de elementos para juzgar a la sociedad cubana de hoy.

HT: Peteco, también cuentas con una afición al cine, sólo comparable a la de Guillermo Cabreara Infante o Rufo Caballero.  ¿De dónde te vino semejante inclinación?

Peteco: Recuerdo que la primera película que vi en mi vida con conciencia fue Moby Dick, la vi en el cine Ámbar en las calles 15 y 14 de El Vedado, un cine de barrio que ya no existe.  Tenía 8 años y quedé impresionado por esa luz que un proyector reflejaba sobre una sábana blanca.  Esto me despertó una sed de ver cine insaciable hasta hoy, aunque ahora ya no veo tantas películas como antes, pues las medicinas que consumo me impiden sostener la atención durante mucho tiempo, de ahí que me sea difícil ver una película lo mismo en el cine que en  televisión.

HT: ¿Qué enfermedad padeces?

Peteco: El dictamen médico que se me hizo fue Trastorno de la personalidad.

HT: ¿Qué opinión te merece el cine cubano de hoy?

Peteco: Mira, al menos se está haciendo cine, lo cual ya es algo bueno.  Las nuevas tecnologías del video digital han abaratado los costos en el cine y eso le ha hecho posible a muchos jóvenes trabajar, sacar sus proyectos adelante.  De manera que si hoy se celebra cada año algo como “LA MUESTRA DE JÓVENES REALIZADORES” es sobre todo gracias a los avances tecnológicos.

HT: ¿Trabajas en algo actualmente?

Peteco: Trabajo con la artista Sandra Ramos.  La cual es mi amiga hace muchos años.

HT: ¿Qué haces con ella?

Peteco: La ayudo en lo que puedo y ella me ayuda en lo que puede.

HT: ¿Cómo te gustaría que fuera la Universidad cubana del futuro?

Peteco: Me gustaría que fuera muy autónoma y que fuera en verdad rigurosa en estar al tanto en los avances de la ciencia y la tecnología a nivel mundial.  Me gustaría que la educación no fuera con fines demagógicos.  Por ejemplo, la computación que hoy se enseña en el país se le hace una propaganda con “bombos y platillos.” cosa que a nadie que piense un poquito le resultara difícil darse cuenta de la demagogia, sino, ¿Por qué se nos niega el libre acceso a Internet?

Volviendo a tú pregunta te digo que me gustaría ver a la Universidad cubana del futuro como un espacio que en verdad fuera formador de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento.

HT: Peteco, eres un animal de El Vedado, este ha sido tú espacio natural donde has vivido por 50 años.  Supongamos que un poder divino te diera la posibilidad de arreglar algo de este espacio ¿Qué te gustaría salvar?

Peteco: Yo arreglaría todas las casas semi-destruidas.

 

HT: ¿Pero eso no te parece eso demasiado?

Peteco: ¿Y tú no me dijiste que me dabas un “poder divino”?

Risas

HT: Bueno Peteco ¿Quisieras decir algo más?

Peteco No, gracias por tus preguntas.

HT. Gracias por tus revelaciones  para Havana times.


[i] Julio Antonio Mella (1903-1930). Joven cubano que durante su paso por La Universidad (1923-1925) fundó la FEU, de allí sería expulsado en 1925, ese mismo año funda el Partido Comunista Cubano, del cual sería su Primer Secretario. Perseguido por el dictador Gerardo Machado tiene que exiliarse en México, donde éste le asesina en 1929. Aunque versiones más resiente de su muerte, ubican a su asesino en el entonces Primer Secretario del Partido de la URSS, Iósiv Stalin.

9 thoughts on “Peteco: Un Tipo Atípico

  • Mis mas grandes saludos y abrazo para mi amigo PETECO. Compartimos ideas y tragos juntos en la universidad. Ojala lo pueda volver a ver. Nos dejamos de ver hace ya hace 25 años. Ojala!!! Nuestra frase era “No nos gusta esta revolucion, por que hay que revolucionarla”
    Buzzi estudiante de Fisica
    Alfredo, saludalo de mi parte.

  • Yo también conozco a peteko y puedo decir que como él no hay nadie más, ni en cuba, ni en el mundo. Quizá él no estaría de acuerdo con todos los comentarios aquí escritos y como respuesta nos miraría y se pondría a caminar… Y sí, yo también creo, peteko fue quien consiguio ese costal con naranjas, él sabe donde encontrar un elefante rosa en toda la habana, jajajaja. Te quiero mi buen peteko, aunque tú eres él único que no va a leer estas letras. Gina, de la calle ocho.

  • Conocí a peteco en el año 93 cuando viví en la habana y desde ese tiempo cuando se habla de un intelectual lo pongo de ejemplo, tal vez él ni me recuerde pero yo tengo los mejores recuerdo que una persona puede tener de un buen ser humano.

    Un día antes de mi cumpleaños número 31, peteco escuchó que estaba batallando para encontrar naranjas en toda la habana y al día siguiente al abrir la puerta de mi departamento me encontré con un saco de naranjas y una florecita encima de este, ese recuerdo nunca lo he olvidado y, la única persona en toda ciudad habana que hubiera hecho eso, era peteco.
    Felicidades Alfredo por esta entrevista
    Gracias por los recuerdos.

  • También conozco a Peteco pero a través de esta entrevista me he enterado de muchas cosas de su vida que desconocía. Agradezco la entrevista que significa una restitución de su valía. Se manifiesta con claridad sobre incidentes clave de la vida intelectual cubana con la humildad e inteliegencia que le son características. Y estoy de acuerdo también en que no es el único Peteco que hay en Cuba, si llamamos así a los tipos inconformes, ingeniosos, divertidos…en fin. Gracias por la entrevista…

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