Patricio Fernández: El mensaje de la victoria del Rechazo en Chile

Patricio Fernández, durante el Festival Gabo en Medellín. Foto: Fundación Gabo

El descrédito de la Convención, la derrota política de Boric, y ahora el retorno al debate de una nueva Constitución

Por Carlos F. Chamorro (Confidencial)

HAVANA TIMES – El resultado del plebiscito constitucional en Chile con una ventaja abrumadora del Rechazo sobre el Apruebo de más de 24 puntos, representa una derrota política para el presidente Gabriel Boric, pero no significa que “revive Pinochet”, como tuiteó, en un derroche de ignorancia o desatino político, el presidente de Colombia Gustavo Petro. “El 80% de los chilenos le puso fin a la Constitución de Pinochet”, recuerda Patricio Fernández, convencional independiente, electo después del estallido social, y promotor del Apruebo, quien insiste en que el debate chileno “es sobre el futuro”.

Periodista y escritor chileno, fundador del medio The Clinic, Fernández destaca el “descrédito” y la “pérdida de confianza” que generaron los debates altisonantes en la Convención, que provocaron el desborde masivo del Rechazo, aún entre los pueblos indígenas que el texto constitucional favorecía de forma rotunda.

En una entrevista en el progama Esta Semana, Fernández describió la nueva etapa del laboratorio político chileno que continúa, ahora con el rol protagónico de los partidos políticos en el Congreso y el Senado como “la búsqueda de una ecualización entre el cambio y la estabilidad. Seguramente, la próxima propuesta (Constitucional) va a ser menos vanguardista que ésta”, advirtió.

Este domingo casi el 62% de los chilenos rechazó la propuesta de una nueva Constitución que incluía cambios profundos.  Pero hace dos años, el 78% de los chilenos votó por cambiar la Constitución heredada de la dictadura Pinochet, que en realidad había sido ya reformada varias veces, incluido en 2005. ¿Quién ganó en Chile el domingo? ¿Cuál es el mensaje del electorado?

Efectivamente, el 80% de los chilenos el año pasado rechazó, le dio el fin a la Constitución de Pinochet; por lo tanto, yo diría que este fracaso de la Convención no implica la vuelta o permanencia o consolidación de la Constitución de Pinochet, no es ese el mensaje, para ir de a uno. Con esto, para contradecir al presidente (Gustavo) Petro, que hizo una declaración muy poco feliz por Twitter en ese sentido.

¿Qué pasó? lo primero, yo creo que estamos en un Chile y en un mundo que está buscando ecualizar sus aspiraciones de cambio con sus ansias de estabilidad, sus deseos de transformaciones y mejoras con la conciencia de que hay otras que puede perder.

La Convención Constituyente fue elegida en tiempos de estallido social. En el 2019 Chile estalló en unas movilizaciones, que tuvieron ámbitos muy violentos, que fue muy intensa, y que fue una crisis en la institucionalidad como Chile no vivía, desde el golpe de Estado; y, por lo tanto, en ese clima fue elegida esta Convención, o sea, en un clima de gran revuelta; de una intensidad de las demandas transformadoras muy fuertes; de una ruptura muy fuerte con los partidos políticos, razón por la cual 104 de los 155 convencionales elegidos fuimos independientes. Los más ruidosos, diría yo, los más vociferantes de los que llegaron, tenían un discurso muy en contra, no solo de la derecha, sino que de los partidos que habían tenido el poder en las últimas décadas a la Concertación, y llegaron con mucho resentimiento, con más con más energía para encarar, que con voluntad de construir un espacio común.

Las normas, en general, que resultaron, como necesitaban el apoyo de los dos tercios, eran más bien virtuosas y no radicales.  Pero, la imagen de la Convención fue perdiendo confiabilidad, se fue convirtiendo en una convención a veces estrambótica, con unos personajes excepcionales que daban noticias muy curiosas, gente que llegaba a disfrazada, en fin; con unos grupos muy gritones y extremos que propusieron normas que escapaban directamente al sentido común, y que aunque no fueron aprobadas, quedaron en el aire.

Y esta desconfianza y distancia que fue tomando la Convención, de la ciudadanía, terminó provocando que aquellos que eran partidarios del Rechazo pudieran convencer o encontraran un terreno abonado a la hora de decir que las normas, ahí establecidas, eran o delirantes o irresponsables, o descriteriadas. Si hubiera habido otro espacio de confianza y otra construcción política en la Convención, seguramente la lectura de las mismas normas hubiera tenido otro cariz.

El rechazo es abrumador, más de 24 puntos de diferencia en todas las regiones de Chile, incluido Santiago. ¿Cuál es la causa de fondo? Hablas de una pérdida de confianza de la población en la Convención Constituyente, ¿Cuánto pesa en este tema el rechazo a algunos de los contenidos que se plantearon, que eran refundacionales, como por ejemplo, la paridad de género, de los derechos indígenas, el Estado plurinacional y la ecología?

Justamente esos puntos que son algunos de los fundamentales, al haber perdido la confianza un porcentaje amplísimo de la población, que no solo es el 62%, solo en ocho comunas, de más de 300 en Chile, ganó el Apruebo; en los sectores populares perdió con más intensidad todavía que en sectores acomodados.  Esto es un golpe muy grande, para las fuerzas transformadoras en Chile,  es una es una señal muy dura.

Aquí se establecían derechos de los presos, y por primera vez se invitó a los presos a votar, y en siete, de ocho penales, perdió el Apruebo, ganó el Rechazo. En las localidades indígenas, tanto el pueblo Mapuche como Aymara, ganó de manera muy sustantiva el Rechazo.  O sea, esto vino a contradecir buena parte de las convicciones “biempensantes” que emanaban también de sectores de la Convención.  En ese sentido para mí es una gran sorpresa también eso. Aquellos sectores, aquellas causas que parecían las más representadas por la Convención, no fueron aprobadas y defendida por aquellos, para quienes se supone que eran hechas, eso fue bien impresionante.

Ahora, ¿esto va a significar un retroceso a la Constitución del 80? No. Va a significar la búsqueda de algo así como una ecualización entre el cambio y la estabilidad.  Sí.  Seguramente la próxima propuesta va a ser menos vanguardista que esta.

Alguien escribió por ahí una frase que me pareció que hacía mucho sentido, creo que fue en el New York Times. Decían, en el país más conservador de América Latina se está escribiendo la Constitución más progresista del mundo. Bueno, eso parece que no terminó cuajando del todo.

La gran razón de cómo se leyeron esos artículos, del que se hayan leído con gran desconfianza, más que en un rechazo al fondo de lo que postulan, estaba el que la Convención cayó en un gran descrédito y se alejó del sentido común ciudadano, en muchas de sus declaraciones y apariciones.

¿Cómo se ubicaron los votantes frente al presidente Boric y a su nuevo gobierno? Boric también asoció su credibilidad, su mandato, con los resultados de esta Constituyente; hay una serie de problemas acumulados en Chile que, obviamente, no se han resuelto en este corto período de su gobierno. ¿Hay un voto de castigo contra el presidente en esta resolución?

Cuando se da un plebiscito, así se esté preguntando si te gustan las estrellas o prefiere un cake, la verdad es que se plebiscita también al Gobierno, y en este caso de manera mucho más directa todavía, porque el Gobierno se la jugó por el Apruebo; pero además, Gabriel Boric, es uno de los padres de este proceso constituyente. O sea, sin su firma en el momento del acuerdo, que lo llevó a cabo esto no habría fluido; y además, no solo es parte explícita e institucional, yo diría que es parte cultural. Esta es una generación nueva que llega al poder y que viene acompañada con la idea de una nueva discusión de nuestros grandes acuerdos comunitarios.

La gran víctima, sin ningún lugar a dudas, quien más triste, decaído y golpeado está por este resultado, es el presidente Boric; después le seguimos nosotros, los convencionales, que empujamos el Apruebo.  Pero, en primer lugar es el Gobierno del presidente Boric que, de hecho, ayer realizó un muy profundo cambio de gabinete, y algunos dicen que aquí comienza el Gobierno, porque de alguna manera tuvo que matizar muchísimo las propuestas iniciales, al expandir, al darle mucha más fuerza al socialismo democrático, que es como ha devenido llamándose las fuerzas más provenientes y herederas de la Concertación.

En efecto, el presidente Boric ayer incorporó a seis figuras importantes de la antigua Concertación y de la transición democrática en su Gobierno, supongo que esto significa una especie de giro hacia el centro de su coalición.  ¿Puede esto generar tensiones a lo interno de su propio Gobierno, en la alianza que tiene con el Partido Comunista?

Yo creo que en este momento ahí adentro se están asomando cuchillos por todos lados, eso no tengo ni la menor duda, están viviendo momentos de intensísimas tensiones. Aquí el presidente, dando demostración de su talante democrático, y de que su comprensión de que gobernar era es algo más que llevar adelante    los propios deseos y las propias pulsiones; llamó y amplió la búsqueda de fuerzas al interior de su Gobierno ante un estado de gran debilidad, que es lo que es lo que dejó el plebiscito, el plebiscito de la Convención. Y efectivamente, eso es lo que hizo, un acto de gran renuncia.

Vos decías hace un momento que esa frase del presidente colombiano, Petro, -revive Pinochet-, no tiene ningún eco en Chile hoy.  ¿Cómo leyó la derecha chilena el resultado del Rechazo?

Tanto la derecha chilena, como la izquierda chilena, hay que ponerles a estas alturas un claro plural; hay derechas y hay izquierdas. Hay una parte de la derecha que quisiera ver en esto la resurrección de la Constitución del 80, ninguna necesidad de una nueva Constitución, y el que todo lo anterior fue un error. Es el mundo de los republicanos, debe haber parte de la UDI, y no me extrañaría ver que hayan gritado ese día ¡viva Chile y Pinochet!, como gritaron durante tanto tiempo en la historia de este país, para dolor de muchos.  Pero, sería injusto decir que eso es la derecha, y más injusto todavía decir que eso es hoy día, que eso fue el rechazo.

Está hablando alguien que era defensor del Apruebo, y que trabajó muy arduamente por ello, pero creo que eso sería falsear la historia. Yo conozco gente que fue torturada, que sufrió prisión política durante años y que sufrió el exilio, y que votó rechazo.  Esta es una discusión, más bien, sobre futuro, sobre los nuevos acuerdos de una nueva sociedad y no una discusión sobre el dictador que terminó su gobierno, digamos, hace más de 30 años.  No. Eso es injusto.  Y lo dice también alguien que habría votado por (Gustavo) Petro, para que no se confundan las cosas.

Hablemos de los próximos pasos. ¿Cuál es la misión del Congreso y del Senado chileno para hacer una propuesta nueva de Constitución? ¿El punto de partida es la Constitución reformada del 2005, este proyecto de la Constituyente, que ha sido derrotado? ¿De dónde parte ahora Chile para poder tener una nueva Constitución, y qué plazo político tienen el Congreso y el Senado?

Todo lo que tú estás diciendo está en este momento en puntos suspensivos.  Ninguna de tus preguntas te la puedo contestar con certidumbre, porque todavía no se firma.   Lo que sí te puedo contestar es hacia dónde uno ve avanzando las conversaciones. Yo las veo bastante avanzadas en dirección a que haya una nueva Convención Constituyente elegida por la ciudadanía, esta vez seguramente no con las mismas características. 

La Convención en la que participé yo, de los 155 convencionales tuvo varias características muy influidas por el estallido social, que fue la paridad, que yo creo que no se acabaría en esta próxima Constituyente; la participación de escaños de pueblos originarios, que yo creo que acá también se mantendría, pero mucho más baja,  elegidos con otros criterios; la participación de listas de Independiente, que veo al mundo político muy poco dispuesto a repetir esa experiencia.

Y lo que a mí me va a parecer importante es que, ahora lo que está radicado en el Congreso,  la configuración de cómo sigue este proceso. Espero y deseo que no olviden  de dónde venimos, y por qué han acontecido las cosas que han acontecido.  Porque ya se nota en los políticos algo así como la autosatisfacción de decir -se acabó esa desconfianza con nosotros. Volvemos a ser las estrellas rutilantes y deseadas y queridas de la población, todo lo que se hizo anteriormente fue una tontera por culpa de nuestra ausencia-. Y yo creo que eso sería un error garrafal. Porque durante el estallido social un 2% de los chilenos decía sentirse representado por algún partido político.  Hubo un gran quiebre de confianza con ello.  La valoración del Congreso al día de hoy es bajísima, más baja que la de la Convención Constituyente.

De manera que, entendiendo la necesidad de una  mejor gobernanza de la Convención por venir, creo que tenemos que buscar,  ojalá encuentren las estrategias y caminos que no desechen estos otros datos y que involucren la preocupación por mejorar su funcionamiento.

Pero, ¿va a partir de algún texto anterior? No se sabe.  Podrían ocupar este texto rechazado. Podrían ocupar también una propuesta que hubo bajo el Gobierno de Bachelet. Podrían ponerlas las dos, y ver cómo arrancar de ahí. No sabemos.

Prácticamente, en este momento, Chile vuelve a ser una especie de laboratorio político, no se sabe cuál va a ser el resultado de ese cambio. Pero, una cosa sí está clara, los partidos políticos en el Congreso están recuperando un rol protagónico. ¿Qué impacto tiene esto en relación a lo que fueron las aspiraciones del estallido social y del movimiento de independientes que, como has dicho antes, predominó en la anterior Constituyente? Es decir, ¿quedan desplazados o son parte del nuevo escenario político chileno?

Yo espero que el mundo político tenga la lucidez de entender que estamos en un proceso, que yo hace rato que lo percibo así. Ya estaba al interior de la Convención cuando me resultó muy evidente, y lo insistí mucho en que estamos en un proceso que no iba a terminar ni con el Apruebo ni con el Rechazo,  y que no había comenzado tampoco con la elección de la Convención.

Yo participé del Consejo Ciudadano de Observadores en tiempo de Michelle Bachelet, para diálogos ciudadanos, en que invitó a discutir a la población esta nueva Constitución. Vino el mundo político, en general, y no solo la derecha, boicoteó esa invitación de Michelle Bachelet, y la propuesta constitucional que salió de ahí quedó en un cajón.  Vino el Gobierno de Sebastián Piñera, y no se habló más de la Constitución. Él llegó a declarar que estábamos en un oasis de América Latina, y una semana después vino el estallido social más grande que hemos tenido durante muchísimas décadas.

Tengo la impresión de que el laboratorio, que Chile muchas veces ha sido, tiene que aprender a reconocer que está en un proceso que yo admiro, para serte franco, aun ahora después de haber vivido un fracaso personal en esta parte, en el sentido que uno puso todo lo mejor de sí para que esto fuera aprobado. Pero creo que estamos buscando ecualizar fuerzas,  las fuerzas de cambio con las fuerzas conservadoras y protectora; las ansias de mejoras con el reconocimiento de las mejoras que ya hemos tenido; las nuevas generaciones y las nuevas grandes pulsiones identitarias, que empujan por tener su lugar con ciertas tradiciones, creencias heredadas, y que no significan nada;  la gran unidad nacional con la existencia de distintas realidades culturales al interior, que merecen reconocimiento; las mujeres que irrumpen con las institucionalidades que perviven;  todo esto es una búsqueda en la que creo que estamos inmersos, que nos va a tomar más tiempo, y quiero creer que vamos a llegar a un buen resultado,  por el bien de Chile, y no solo de Chile,  para que este laboratorio dé por resultado una pócima no explosiva, sino que mejore.

¿Cómo se compagina esto con las urgencias del momento, del día a día, del corto plazo, la crisis de seguridad que hay en Chile, las demandas relacionadas con temas económicos y sociales que tiene que enfrentar el Gobierno de Gabriel Boric, paralelamente a resolver esta crisis de la nueva Constitución?

Gabriel Boric, ya le entregó la consecución del proceso constituyente al Parlamento. Y yo creo que uno de sus grandes retos va a ser encapsular, de alguna manera, este proceso que continúa su curso para, justamente, poder dar respuesta a esas grandes urgencias a las que tú te refieres.

El Gobierno no se puede perder, no puede desaparecer en la pervivencia de este tema que se alarga.  Una de mis grandes preocupaciones es, justamente, la dilación permanente del tema Constituyente, que pueda llegar hasta el final de este Gobierno impidiéndole abordar, con personalidad, temas como  lo que tú estás diciendo. Va a depender mucho del liderazgo y de la capacidad de encausar esto del presidente de la República también.  Vamos a ver cómo lo hace.

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