Nicaragua: “Europa no reconocerá resultados”

…de una farsa electoral

Ramón Jáuregui, exparlamentario del partido socialista español en el Parlamento Europeo

Exeurodiputado español: Nicaragua esta en la agenda de ministros de exteriores de la Unión Europea, con unas “elecciones en las que no hay por quién votar, ni por qué votar”

Por Carlos F. Chamorro (Confidencial)

HAVANA TIMES – Ramón Jáuregui, exparlamentario del partido socialista español en el Parlamento Europeo que presidió la misión de eurodiputados a Nicaragua en enero 2019, considera que las elecciones del 7 de noviembre “son una farsa”, con todos los candidatos de la oposición presos y la prohibición de la personería jurídica de los partidos de oposición, y vaticina que la Unión Europea “no reconocerá al Gobierno que surja de esas elecciones”.

En esta entrevista con Esta Semana y CONFIDENCIAL, Jáuregui exhortó al pueblo nicaragüense a que “no confíen únicamente en lo que hagan la comunidad internacional, también depende de lo que el propio pueblo nicaragüense haga”, en alusión a su decisión de no participar en unas elecciones.

Estamos a un mes de las elecciones de Nicaragua, con todos los precandidatos presidenciales de la oposición presos y más de 30 líderes políticos y cívicos procesados por “conspiración”. ¿Cómo se ve desde España y desde la Unión Europea, esta inminente reelección de Daniel Ortega, sin competencia política el 7 de noviembre?

Con enorme pesimismo, con mucha tristeza, porque cunde la opinión de que las elecciones son una farsa, y que todo lo que exige un proceso electoral, de libertad, de pluralismo, de igualdad de oportunidades, ha sido literalmente barrido por una estrategia gubernamental dirigida a eliminar cualquier tipo de oposición y de alternativa.

Yo siempre he dicho que si están tan seguros que tienen la confianza y el apoyo del pueblo nicaragüense, tendría que haberse sometido a un proceso electoral limpio, con observación internacional, y al mismo tiempo permitiendo que otros candidatos, o la oposición, después de lo que ha pasado en Nicaragua en los últimos años, pudiera presentar su alternativa; pero es que los ha encarcelado a todos; ha eliminado todas las libertades; ha prohibido las personalidades jurídicas de los partidos de oposición, los tiene encarcelados o exiliados. En esas condiciones, las elecciones son una farsa.

Esta crisis ha sido precedida de condenas políticas en el Parlamento Europeo con votaciones altamente mayoritarias, y también por sanciones de la Unión Europea a funcionarios del régimen de Nicaragua. ¿Qué tipo de acciones podría debatir o adoptar la Unión Europea frente a esta crisis de legitimidad de la elección del 7 de noviembre?

La reunión del Consejo de ministros de la Unión Europea que se va a celebrar el próximo 18 de octubre tiene ya orden del día, y uno de los puntos es Nicaragua; puedo decir que muy probablemente la Unión Europea no va a dictar una resolución anterior a la fecha electoral, su posición política se conoce, no hay garantías; la Unión Europea mantiene las sanciones a determinadas personalidades del régimen autoritario de Ortega y muy probablemente después de las elecciones sí habrá un pronunciamiento.

Europa no va a estar presente, ni Europa ni ningún organismo internacional y, por tanto, no va a haber observación internacional y no va a haber opinión internacional que avale ese proceso que, repito, es una farsa.

La oposición y los nicaragüenses

La mayoría de las organizaciones de la oposición nicaragüense que están en el exilio, emitieron un pronunciamiento este jueves en el que llaman, en primer lugar, a los países de Centroamérica, los países de la OEA, Estados Unidos y la Unión Europea, a desconocer los resultados de esta elección del 7 de noviembre. ¿Una declaratoria de ilegitimidad, es una decisión que podrían adoptar de manera individual países de la Unión Europea, o podría debatirse como bloque?

Yo creo que la Unión Europea emitirá un pronunciamiento común, de los 27 países que integramos la Unión Europea, y que establecerán una tacha de legitimidad a ese proceso electoral, y por tanto no habrá un reconocimiento internacional por el conjunto de la Unión Europea, siempre a juicio de que también lo pueda haber por parte de cada uno de los países, son complementarios. Yo creo que después de las elecciones del 7 de noviembre Europa diga: esas elecciones son una farsa, no reconocemos los resultados y, por tanto, no reconocemos el Gobierno que surja de esas elecciones.

Eso tendría repercusiones políticas, diplomáticas, económicas, sí es una decisión adoptada por la Unión, o si es adoptada, incluso, de manera individual por los países, digo, para el régimen de Ortega.  ¿Hay  algún antecedente de acciones de ese tipo diplomáticas de la Unión Europea?

Hay situaciones semejantes, y las hubo en Venezuela, lo cual no quiere decir que la representación política o diplomática de la Unión en el país vaya a ser eliminada, porque los intereses europeos y la defensa de nuestros ciudadanos en ese país, exige que mantengas la representación política; pero puede tener repercusiones, especialmente, en el Acuerdo de Asociación que tenemos con Centroamérica, y del que forma parte Nicaragua, yo creo que hay  una cláusula democrática muy seria en ese Acuerdo,  que exige que los países que forman parte del acuerdo cumplan escrupulosamente los principios fundamentales de un Estado de derecho.

Nicaragua, después de estas elecciones, probablemente incurre abiertamente en una contradicción con esos principios, y eso puede tener repercusión también en el mantenimiento o no del Acuerdo de Asociación con Nicaragua por parte de Europa.

En esa especie de hoja de ruta que anunció la oposición nicaragüense, hacia una transición, colocan, en primer lugar, la liberación de los presos políticos, la restauración de las libertades, y crear condiciones para el retorno de los exiliados para que en Nicaragua se pueda hacer una reforma electoral e ir, eventualmente, a otras elecciones; pero la oposición está presa, está en el exilio, y esta descabezada. ¿La comunidad internacional puede incidir frente a ese vacío y a esa demanda?

Sí, por supuesto, seguiremos ayudando a la oposición y sancionando al régimen; pero tienen ustedes que entender que el desenlace de esta crisis política y de esta conflictividad interna, corresponde al propio país, a Nicaragua y a su pueblo.

Nosotros no tenemos ninguna intención de actuar fácticamente en la situación nicaragüense; y ahí  tengo que reiterar que no confíen únicamente en lo que hagan la comunidad internacional, también depende de lo que el propio pueblo nicaragüense haga.  Y en ese sentido a mí me ha sorprendido, cuando he leído el último comunicado de la oposición, que no haya un llamado al pueblo nicaragüense, porque lo que importa saber ahora es si la oposición decide participar o no en las elecciones; y si decide no participar, lo que tiene que hacer es decirle al pueblo que no participe.

Yo creo sinceramente que no hay por quien votar en Nicaragua, y no hay por qué votar. Honradamente lo digo, y creo que eso tiene que ser un mensaje del propio conjunto de los líderes o de los partidos de la oposición, diciendo en el país: señores, nos han encarcelado a los candidatos, no tenemos personalidad jurídica, estamos literalmente exiliados de la política y, por tanto, le digo al pueblo y al país, y a los ciudadanos nicaragüenses, que no participen en esta farsa. Pero esto hay que decirlo, no hay por quien votar en esa elecciones, y no hay por qué votar en esa elecciones.

En 2016, en realidad en Nicaragua se dio una situación semejante, en la que los candidatos de oposición habían sido eliminados, no encarcelados, y el régimen fue a reelegirse con una comparsa de partidos colaboracionistas, y lo que vimos fue un vacío en las urnas, una gran abstención. Sin embargo, a pesar de eso, posteriormente, el régimen de Ortega tuvo reconocimiento de parte de la OEA, y tuvo reconocimiento político.

Yo creo que es muy diferente lo que pasó en el 2016 de lo que va a pasar ahora en 2021. Es verdad que hubo limitaciones en su momento, pero es que ahora están en la cárcel los líderes, y los siete candidatos que podían ganarle Ortega están en la cárcel o en el exilio.

Entonces, no hay manera de poder evaluar como positivo, el desenlace electoral del 7 de noviembre. Y más allá de lo que haya pasado en el 2016, lo que ocurra en el 2021 va a depender del pueblo nicaragüense. Si Ortega ve que el país no participa, luego podrá engañar con los resultados; pero si él ve que hay una participación del 30 o del 40% del país, es que esas elecciones están literalmente frustradas, y por tanto, habrá un mensaje del pueblo nicaragüense, a la dictadura de Ortega, de que no acepta esta mentira electoral, y por tanto, eso fuerza mucho también la respuesta de la comunidad internacional.

Pero, si ocurre lo contrario, si hay una participación masiva, la comunidad internacional tendrá que acabar diciendo que las elecciones, aunque no las haya observado, pues, parece que tienen un viso de legitimidad, y eso depende, literalmente, de la ciudadanía nicaragüense.

El futuro: pesimismo e incertidumbre

Partiendo de la premisa de que Ortega se reelige el 7 de noviembre, sin competencia política, con un alto grado de abstención, aunque el régimen producirá sus propias imágenes de participación electoral, y brindará un conteo que participación que ya está prestablecido que será mayor del 70 %, como en 2016. ¿Cómo se vislumbra esta crisis a mediano plazo, en 2022, 2023, con un Gobierno que está determinado a atornillarse en el poder?

Con mucho pesimismo e incertidumbre. El falseamiento de los datos electorales sobre participación y sobre apoyo al ganador, que se supone que será Ortega, puede introducir algunas dudas en el ámbito del tablero internacional. Pero claro, quién va a creer los datos que produzca una organización sin ningún tipo de observación electoral de ningún organismo internacional, ni de la OEA, ni la fundación Carter, tampoco de la Unión Europea. Al final, los únicos acompañantes del proceso electoral nicaragüense van a ser tres o cuatro miembros individuales del Partido Comunista español, argentino o cubano; realmente eso no es una observación electoral. Y los datos que ofrezca el resultado el día 7 de noviembre no serán creíbles para nada.

A partir de ahí, ¿cuál será la reacción el año que viene? No lo sé. Lo único que puedo decir es que muy probablemente la comunidad internacional, de una manera rotunda, los Estados Unidos, la Unión Europea, no sé si la OEA también, si hay una mayoría para establecer un capítulo de expulsión, tomarán las decisiones. Yo creo que el sistema político nicaragüense estará totalmente deslegitimado en el mundo entero, mucho más que en el 2016; porque hoy está claro, en el mundo entero que las elecciones nicaragüenses están falseadas; que la oposición ha sido literalmente encarcelada o exiliada del país; que no hay Estado de derecho y libertades; que no hay observación.  Por lo tanto, a partir de ahí, yo lo único que espero es que tengamos la capacidad de remover esa situación para que pueda haber un proceso electoral limpio, para que en Nicaragua haya unas elecciones limpias cuanto antes, ese es el único objetivo político que nos trazamos desde el punto de vista internacional.

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