Marthadela Tamayo y sus luchas por la dignidad humana

Por Yusimí Rodríguez López (Alas Tensas)

Marthadela Tamayo

HAVANA TIMES – El homicidio de George Floyd ha provocado, junto a la ola de manifestaciones y protestas, algunas convertidas en actos vandálicos, un repunte en los debates sobre el racismo, tanto en los Estados Unidos como en una buena cantidad de países. Cuba no ha sido la excepción.

Aunque el Estado cubano y los medios a su servicio durante décadas han aprovechado hechos como la muerte de Floyd, que desgraciadamente no son incidentes aislados en los Estados Unidos, para contrastar la realidad de aquel país con la de Cuba, donde según el discurso oficial no hay ni violencia policial ni racismo. En el mejor de los casos, lo que reconocen de este son vestigios heredados de sistemas sociales previos.

El racismo es una realidad en la sociedad cubana

Este discurso oficial ha sido eficiente, incluso entre muchas personas que son víctimas del racismo en Cuba y no lo perciben, o han aprendido a conformarse con que la situación en otros países sea peor. Pero si durante la colonia existían esclavos domésticos conformes con una esclavitud menos dura y cimarrones que no se resignaban a ninguna servidumbre, también en la Cuba “revolucionaria” existen cimarrones y cimarronas.

Así se define Marthadela Tamayo, activista antirracista, integrante del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), que ha presentado informes sobre la situación de derechos humanos de la población afrocubana en general y la mujer negra, en particular, ante organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Para Marthadela, el racismo en Cuba es “una realidad que está presente en nuestro imaginario y ha sido construido desde la cultura del privilegio blanco” y considera que negar el racismo o reducirlo a prejuicio, son las formas en que el grupo hegemónico ha querido suavizar las tensiones que provoca el racismo.

“Cuba es una sociedad que hay que mirarla bajo el prisma de la racialidad. El racismo es una realidad y hay una reconfiguración del racismo en la sociedad cubana, pero el que más peso tiene es el racismo anti negro. En nombre de ese racismo anti negro hubo una masacre en 1912, el Partido Comunista Cubano en la etapa republicana tuvo como proyecto fundar la Franja Negra de Oriente, es decir, se pensó balcanizar el país. En nombre de ese racismo anti negro, las Sociedades de Color fueron desmanteladas tras los primeros pasos fundacionales de la revolución, pero las demás sociedades quedaron en pie: las chinas, las regionales españolas, muchas de las cuales eran franquistas y militaban en la falange española”.

“En nombre de la unidad nacional se han silenciado las narrativas muy particulares de los negros en Cuba, cuando en ese gesto fundacional los cimarrones son los abuelos de la patria. El paternalismo revolucionario, así como la indiferencia de las plataformas políticas de oposición respecto a una agenda en la que esté incluido el racismo, son una realidad. En el campo de la oposición política también hay racismo, homofobia y misoginia. Los negros, la comunidad LGBTI y las mujeres somos una fuerza política que tenemos que acompañarnos entre nosotros mismos, pues no tenemos esa solidaridad de lo que queda en Cuba como plataformas políticas. También en la mayoría de las organizaciones del exilio está este problema. Nosotros desde la base tenemos que educar, educar”.

Se me ve lo afro perfectamente

Sin embargo, no siempre tuvo Marthadela la misma percepción del racismo, que, confiesa, era una realidad “que no tenía identificada en mi radar visual”. Su piel clara y su pelo casi lacio la alejaban bastante de la raíz africana.

“Mi familia materna es blanca y en la paterna está lo afro y lo chino. Yo no me sentía identificada como afro. Me decían china o mulatica”. Marthadela cuenta que creció escuchando y considerando normales frases que componen el llamado “racismo lingüístico” —y que resultan muy comunes en Cuba— como “adelantar la raza”, “aquí no vamos a peinar pasa”, “negro solo en las suelas de los zapatos”.

“Así fui criada. Simplemente, yo nací y viví en, quizás, la provincia más racista de Cuba, Holguín. Mi provincia Holguín es un pedazo de Cuba que no se reconoce en su Negritud, en su diversidad; es de un racismo visceral que pesa sobre el imaginario de mi patria chica y, claro, eso me hace sentir vergüenza”.

En el imaginario cubano, Marthadela es una china o mulatica, y cuenta que cuando la entrevistó Cibercuba, en los comentarios decían “¡Ah, pero con pelo!”. Por su parte, Martica afirma, divertida y con mucho orgullo, que “se me ve lo afro perfectamente”.

La satisfacción que siente ahora al describirse como una mujer afro, la atribuye a su trabajo con el CIR.

“Comencé a tener preocupación por el tema del racismo y la situación de las mujeres negras a partir de mi articulación de trabajo con el CIR. El activismo del CIR me permitió descubrir estas realidades, identificar las etiquetas raciales y el racismo lingüístico que está muy vivo en mi provincia. Con el CIR me descubrí una Cimarrona. Siempre lo fui, pero al lado de quienes estuvieron desde un principio, descubrí aún más el racismo de la sociedad. Comencé a palpar en la base las problemáticas particulares de las mujeres negras que, además de ser las más violentadas por ese racismo anti negro, también el patriarcado negro atenta contra sus vidas”.

Llegar a las comunidades con la verdad

Proyecto comunitario “Animando sonrisas” del CIR.

La anterior no es una afirmación gratuita, sino el resultado de lo que ha observado Marthadela al trabajar directamente en comunidades desfavorecidas y asentamientos poblacionales donde la mayoría de los habitantes son personas negras. Su labor comunitaria principal ha sido dentro de “Animando Sonrisas”, un proyecto llevado a cabo por el CIR en barrios desfavorecidos, al que ella se incorporó hace siete años.

“El proyecto consiste, desde sus inicios, en la realización de talleres con niños, en celebrarles cumpleaños, actividades con payasos, con cakes, con juegos didácticos, deportes. También se llevaba a los niños y a los adolescentes a algún museo en La Habana cuando se podía buscar una guagua y montar a los niños, darles una vuelta por todo el casco histórico”.

“Animando Sonrisas” no se ha limitado a barrios desfavorecidos de la capital, también ha llegado a la provincia de Holguín, en la zona oriental del país. Pero no todos los habitantes de estas comunidades ven con buenos ojos el trabajo del CIR. Ellos siempre se han acercado a estos barrios y a las personas que tienen liderazgo, casi siempre mujeres, “con un lenguaje para nada beligerante, pero sí con la verdad”, declara Marthadela. “Nunca se les engañó sobre lo que somos: activistas y defensores de derechos humanos”.

Con el tiempo, algunas personas, ya sea por afinidad con el régimen o por miedo, les han dado la espalda y les han dicho que no quieren conversar con ellos ni que sus hijos asistan a ninguna actividad de “Animando sonrisas”. Estas actitudes han sido minoritarias. “Somos bien recibidos y las personas se han identificado con el discurso de nosotros”.

Marthadela describe el trabajo realizado en estas comunidades como “educativo, para nada ha sido caritativo. Un trabajo de base en el que primero hemos escuchado a la comunidad; es una labor de aprendizaje para ellos y para nosotros.”

“Primeramente, esto se logra por la construcción del campo de confianza, no se llega a un lugar así e imponer normas; tienes que hacer un estudio de terreno, comunicarte con las líderes de la comunidad, conocer los códigos del lugar y a partir de ahí crear un mapa colectivo de trabajo. En las comunidades en las que trabajamos ha sido fundamental trabajar con mujeres desde la pedagogía de talleres contra la violencia de género, en escenarios de desigualdad en los cuales las mujeres son las protagonistas y llevan la jefatura familiar.

“El proyecto “Animando Sonrisas” es uno de los grandes empeños que hemos puesto en práctica. Visibilizar los problemas de las comunidades a través de nuestras líneas de investigación puede contribuir a mejorar el estado de bienestar de las mujeres”.

En estas comunidades, Marthadela ha observado que hay muchas mujeres jefas de familia y son las que llevan el peso de la economía familiar, dedicando largas jornadas en sus trabajos o  vendiendo útiles del hogar. Estas jornadas laborales no terminan con la llegada a sus hogares, donde no solo tienen que encargarse de las labores domésticas. Algunas son peluqueras o manicures.

En sus hogares, además, están sometidas a trato violento por parte de sus parejas, hombres “súper machistas”, que también maltratan a los hijos. Otro de los problemas que afecta a estas comunidades e influye en los comportamientos violentos es el alcoholismo.

Marthadela Tamayo junto a Juan Antonio Madrazo, Coordinador del CIR.

La observación directa de la situación en estas comunidades, donde la inmensa mayoría de las personas son afrodescendientes, además de la recogida de testimonios y la realización de encuestas, le ha permitido a Marthadela presentar informes sombra sobre la situación de derechos humanos de los afrocubanos ante organismos internacionales como la CIDH.

Otra hazaña del ya tristemente célebre mayor Alejandro

Pese a que no acuden a estas comunidades para hablar de política ni hacer labor proselitista, el 6 de enero de 2020, Día de Reyes, el proyecto “Animando Sonrisas” se disponía a realizar su actividad en la comunidad El Tropical. “El día 4, la persona que siempre trabaja con nosotros allí, la lideresa, nos hizo una llamada, que por favor nos conectáramos o habláramos con ella rápido, que tenía que explicarnos en el momento de tensión que estaba”.

“Era que el mayor Alejandro, de la Seguridad del Estado, este mayor que se ha encargado de reprimir bastante a los miembros del Comité Ciudadanos por la Integración Racial y reprime a gran parte de la sociedad civil cubana de aquí de La Habana, llegó a la comunidad, le colocó a ella una citación para que fuera a la unidad más cercana y la amenazó. Le dijo que sabía que ella trabajaba con el CIR y que tenía conocimiento de que nosotros los días de Reyes hacíamos actividades, pero que este año no las iban a hacer el CIR, no las iban a hacer las Damas de Blanco, no las iban a hacer la UNPACU. Ella le respondió: ‘eso es lo que usted dice, lo que usted dice es eso y lo que yo voy a hacer es otra cosa’.

“Se tomó una estrategia y ella misma, con ayuda de vecinos y vecinas de la propia comunidad, hizo la actividad. Nosotros no pudimos llegar porque también te puedo decir que él puso unas patrullas tanto a Madrazo (Coordinador nacional del CIR) en (la calle) 23 como a Osvaldo y a mí en la casa. A Nancy (Alfaya) y a Jorge (Olivera) también les impidió participar.

“La actividad no fue frustrada. La actividad se dio, y creo que mucho mejor que estando nosotros allí. Eso responde al trabajo que hemos venido haciendo. Ha sido un proceso en el que todos hemos ganado. No ha sido solamente que el CIR ha ido a hacer la actividad y luego hemos dado la espalda y nunca más hemos ido. Es una comunidad que la sentimos nuestra y estamos en constante comunicación para saber cómo están ellos, principalmente las personas con las que trabajamos, pero ellos nos informan del resto”.

¿Qué luchas por la dignidad humana puede acompañar una mujer cristiana?

El activismo, tanto en el tema racial como en el de género, le ha brindado a Marthadela Tamayo la satisfacción de retroalimentarse “en cuanto a conocimiento” y multiplicarlo. “También conocer y acompañar diversas luchas por la dignidad humana, sensibilizarme con el dolor del otro, articular con otras diversidades dentro y fuera de Cuba, haber pasado una beca de género que me abrió más al mundo de la batalla de género, sentirme acompañada por compañeros muy sensibles a todas formas de discriminación”.

“La insatisfacción mayor es tener permanentemente la bota de los agentes del Estado, que muchas veces intentan dejarnos sin aliento hasta no dejarnos respirar, pero recuerda que tenemos el espíritu de rebeldía de nuestros taitas y el espíritu de cimarronaje no nos deja caer”.

Sin embargo, el propósito de “acompañar diversas luchas por la dignidad humana” y de sensibilizarse “con el dolor del otro”, puede plantear retos muy difíciles.

Marthadela Tamayo es una mujer cristiana. Las iglesias cristianas han realizado una fuerte campaña contra la posibilidad de aprobación del matrimonio igualitario en Cuba, antes y después del referendo sobre la nueva Constitución, de la que finalmente se eliminó el controvertido Artículo 68 que definía el matrimonio como la unión de dos personas.

Quizás no sea posible, después de todo, acompañar todas las luchas, o solo será posible acompañar una parte de esas luchas. Pero para Marthadela no hay contradicción entre ser cristiana y respetar el derecho a la diversidad.

“Como cristiana estoy a favor del respeto a la diversidad, a favor del empoderamiento de la dignidad. Es una cuestión de Derechos Humanos y me incomoda muchísimo cuando se pide tolerancia. No se trata de perdonarle el derecho a existir a nadie, se trata de respetar. Me incomoda muchísimo y no estoy a favor ni del fundamentalismo cristiano conservador, que tenemos muy anclado ahora en la sociedad cubana, ni del fundamentalismo de la Iglesia católica.

“Hay mucho racismo, homofobia, misoginia sobre todo contra las mujeres lesbianas. Todos los días, desde mi trinchera, aporto mi grano de arena para que cambien esas ecuaciones de irrespeto que atentan contra la dignidad humana. Te confieso que hay días que me falta el aire ante tanto fundamentalismo e indiferencia, pero me levanto porque creo en el mejoramiento humano”.

Marthadela aclara que nunca ha sido homofóbica y de hecho no sólo defiende los derechos de la comunidad LGBTI, sino que aprueba el matrimonio igualitario. “Eso es lo más normal del mundo: casarse”, declara.

Su apoyo a la comunidad LGBTI no se limita a las palabras. Ha participado en las marchas contra la homofobia organizadas por el CENESEX y lo único que le impidió estar presente en la marcha alternativa del 11 de mayo de 2019, fue que ese día viajaba al extranjero por una beca sobre estudios de género.

Ser opositor o anticastrista no es ser antirracista o anti homofóbico

Aunque activistas como ella suelen criticar al gobierno por su falta de voluntad política para reconocer y erradicar el racismo en Cuba, y por su actitud homofóbica que intenta ocultar detrás de las marchas anualescontra la homofobia, también es consciente de la existencia del racismo y la homofobia dentro de la propia oposición.

“Desde el CIR, no somos los únicos que hablamos claro sobre esta realidad. Nosotros, y hablo por mi organización, tenemos muy claro que son pocas las plataformas dentro de la oposición política que están dispuestas a acompañarnos. El racismo, sobre todo el racismo anti negro, la homofobia, la misoginia, hace mucho tiempo echó raíces. Ser opositor o anticastrista no es ser antirracista o anti homofóbico.

“Desde el CIR, tenemos como principio la Cultura de la Denuncia y lo mismo denunciamos al Estado, a sus agentes, como a esa oposición intolerante que desde el nacionalismo marginal intenta silenciar nuestras luchas. Es una realidad de la que hay que hablar entre cubanos pues por estos días ha habido una cruzada racista en las redes, las redes como barriles de pólvora y son viscerales las opiniones de cubanos de un lado u otro y lamentable que se identifiquen como Defensores de Derechos Humanos.”

Pero también se da cuenta de que no toda la oposición se comporta así y considera que la marcha alternativa LGBTI del año pasado fue muy buena, una gran experiencia en la que se sintió el apoyo de muchos amigos y amigas heterosexuales de la sociedad civil.

“El apoyo que se ha dado a (Ariel Ruiz) Urquiola es muy justo y necesario. Las violaciones contra los derechos humanos de las personas deben parar ya. La solidaridad siempre es importante y eso es lo que queremos, trabajar en un frente común. La marcha pacífica convocada para el 30 de junio por las violaciones cometidas contra Silverio (Portal), el propio Ariel y por la muerte del joven afrocubano Hansel (Ernesto Hernández Galiano), aunque no se efectuó como deseábamos, mostró de diversas formas la solidaridad por estas causas”.

Marthadela y su esposo, el rapero y también activista Osvaldo Navarro, estuvieron entre las más de ochenta personas a quienes la Seguridad del Estado impidió salir de sus casas, bajo amenaza de encarcelamiento, para impedirles participar en la protesta pacífica convocada para el 30 de junio.

 Marthadela, junto a otros activistas antirracistas, en la audiencia temática ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  (CIDH), en Washington, en marzo de 2017.

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