Lo que SI puede ver Jorge

Por Osmel Almaguer

Jorge Felix y su familia.

HAVANA TIMES, 14 mayo – Jorge Félix Naranjo Fernández (La Habana, 1966). Débil visual desde su nacimiento. Graduado de Técnico Medio en Informática en 1984. Como egresado se desempeñó en un preuniversitario impartiendo clases de la materia que estudió.

Desde 1986 hasta 1990 laboró en una ensambladora de radios. Luego, cuando el Estado autorizó el “trabajo por cuenta propia”, se hizo rápidamente de una licencia para vender jugos, cosa nada fácil para el resto de las personas, considerándose su discapacidad. Así ha sabido mantener a su esposa e hijo en estos duros años de período especial. Su descendiente ha heredado la misma patología.

¿Qué ha sido para ti ser débil visual en la Cuba de hoy?

Me ha traído algunos inconvenientes, pero también ciertas ventajas. Por ejemplo, como impedimentos puedo contar la discriminación de la que a veces he sido objeto. En la fábrica donde trabajé, era relegado a la hora de otorgar tareas de responsabilidad, incluso pasé bastante trabajo para entrar en esa empresa.

En el Ministerio de Trabajo, la vez que acudí en busca de empleo, aunque de forma sutil, me plancharon, ofreciéndome plazas que para nada estaban al nivel de mis estudios y mi capacidad. Claro, tampoco podían decirme redondamente que no, porque se supone que eso sería una discriminación abierta a un discapacitado.

Entre las ventajas, la posibilidad de vender en las calles sin que nadie me acose o me lo prohíba. Para quien no tenga licencia, esto es casi imposible, al menos sin sufrir la presión de la policía o los inspectores, que casi siempre buscan dinero.

Otra ventaja ha sido la de poder adquirir este apartamento (bastante amplio y en buenas condiciones en un edificio de Alamar), en este caso por la condición de mi hijo, y claro, por la mía. El gobierno, por medio de la Dirección Municipal de la Vivienda, nos lo asignó. En la calle la gente tiende a solidarizarse con los impedidos.

Como trabajador por cuenta propia ¿Consideras que tu trabajo es recompensado?

Claro que sí. El dinero que me gano alcanza para hacer algunas cosas que para el trabajador asalariado son imposibles. No soy rico, pero me siento privilegiado, ¿ya te dije que es muy difícil hacerse de una de estas licencias? Lo malo de todo esto es el stress al que a veces estamos sometidos, debido a las contradicciones de este sistema de trabajo.

¿A qué contradicciones te refieres?

Aunque parezca que para los cuentapropistas todo es color de rosa, no es así. Las condiciones que nos pone el Estado nos mantienen contra la pared casi todo el tiempo. En este sentido te puedo decir que estamos obligados a comprar la materia prima de nuestros productos al Estado, ¡y en divisa!, ¿No te imaginas?, y luego tenemos que vender en moneda nacional, porque aunque pudiéramos hacerlo en divisa, nadie nos compraría, pues el pueblo cubano no cobra divisas.

Este absurdo nos obliga a estar constantemente al margen de la ley. Comprar en la bolsa negra para que el negocio sea rentable, y luego arreglárnosla para que los inspectores no nos hagan explotar. Muchas veces con un simple soborno basta, pero otras el asunto es más complicado, falsificar las facturas del mercado en divisas y hacerles creer que corresponden a los productos con los que estamos trabajando.

Como verás, no existe una sola noche en la que pueda descansar mi cabeza en la almohada sintiendo que tengo algo seguro. Y si pierdo esto que tengo no sé que va a ser de nosotros. Porque ya a mi edad no sería fácil ponerme a trabajar por 300 pesos.

¿Y tu familia, qué papel juega en todo esto?

Imagínate, mi madre y mi padre son los que atienden el negocio. Nosotros compramos naranja en grandes cantidades y vendemos el jugo. Yo, por tener este apartamento aquí en Alamar, no puedo estar allá, pero ellos pueden vender el jugo gracias a la licencia que me dio el gobierno. Ellos viven en Altahabana, a unos veinte y pico de kilómetros de aquí.

Con mi madre me llevo inmejorablemente, mientras que con mi padre la relación es un poco tensa, pero igual nos queremos. Mi mujer y mi hijo son la razón de mi existencia, sin ellos nada de esto tendría sentido, ellos son mi propósito.

Como informático, aunque ya no te dedicas profesionalmente a ello, ¿cuanto de tu tiempo le dedicas a la computación?

Me paso unas dos o tres horas diarias frente a la máquina. Para mí es apasionante, pero mi padecimiento me impide entregarme en cuerpo y alma a la computadora. La utilizo para estudiar inglés, mantenerme informado, ayudar a que mis amigos mejores sus computadoras, también aprendo de ella, de su funcionamiento, porque me encantan los enigmas, y en esta ciencia la lógica juega un papel fundamental. Cada problema que se presenta implica el análisis de un enigma. Mucho me divierto y me conecto con el resto de la sociedad.

¿Qué virtud consideras imprescindible para cualquier ser humano y cual defecto aborreces más?

Como virtud, la primera que me viene a la mente, y no debe ser por gusto, es la sed de conocimientos. Esa curiosidad, poder de cuestionamiento, el no quedarse tranquilo ante las apariencias, ante las primeras informaciones, porque siempre hay algo detrás de cada cosa que descubrimos.

Entre los defectos que más aborrezco está la hipocresía, actitud que me afecta mucho, porque las personas que te tratan con hipocresía aparentan sentimientos y emociones falsas, y a veces hasta llega a cogerles aprecio.

Si te convidaran a decir las cosas que te faltan por hacer en esta vida, tus sueños y objetivos no realizados, ¿qué mencionarías?

No soy una persona de grandes ambiciones, pero quisiera poder disfrutar de esas cosas que a la gran mayoría de los cubanos nos están vedadas por la pobreza de nuestra economía.

Conocer mi país, viajar por él, por Varadero y otros lugares bellos que sé que existen pero nunca he podido visitar. Comer en un restaurante cuando desee. No te hablo de viajar al extranjero porque eso ya está aún más lejos. En veinte años de matrimonio no he podido hacer estas cosas con mi mujer y mi hijo.

También quisiera seguir aprendiendo, estudiar mucho, no ser maltratado socialmente, ni como minusválido ni como persona. Sabemos que aquí solo se trata bien a los extranjeros, y para eso no siempre. Y los cubanos que se jodan.

Quisiera llegar a los 70 con buena salud, o bueno, con esta misma salud que es aceptable. No me interesan las riquezas. Mis intereses espirituales están por encima. Desearía no seguir perdiendo la vista. Creo que estas cosas sencillas, que mucha gente no valora, son las esencias que me llenan como persona.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *