Lazara y la incertidumbre

Ivett de las Mercedes

La madre de Lázara.

HAVANA TIMES – En Cuba, desde hace años, el cáncer es una de las primeras causas de muerte. Un diagnóstico a tiempo puede alargar la vida de los pacientes; en ese período hay personas importantes que ayudan a lidiar con la enfermedad y muy pocas veces se mencionan. Lázara Medina Rodríguez tiene 55 años y desde hace cinco cuida a su madre operada de un carcinoma rectal.

HT: ¿Cómo fue el proceso que antecedió al diagnóstico de la enfermad?

Lázara Medina: Mi madre era una mujer muy activa. Siempre estaba inmersa en las labores de la casa. Le gustaba salir por el barrio, conversar con los vecinos, hacer la cola de los mandados. Todo eso fue cambiando a medida que comenzó a sentirse fatigada. Bajó de peso, con frecuencia le dolía la cabeza, pasaba mucho tiempo acostada. 

HT: ¿Fueron al médico de inmediato?

LM: Realmente eso fue sucediendo poco a poco. A veces cuando vives con alguien no percibes con claridad el deterioro, hasta que algún conocido te mete el bichito en el cuerpo. Una prima que vino de visita fue la que notó que ella había bajado mucho de peso. Fue como si hubiera tenido una venda en los ojos. Inmediatamente corrimos al médico de la familia, allí pensaron que era posible que estuviera haciendo una diabetes, no obstante, le mandó un análisis para determinar el sangrado en las heces.

HT: ¿Qué sucedió después del diagnóstico?

LM: Cuando el médico nos explicó la situación, fue como un mazazo, no podía dejar de llorar. Lloraba por mi madre que no se merecía pasar por esa situación, pero también por mí, sabía que mi vida cambiaría radicalmente. 

HT: ¿Cómo tomó la noticia?

LM: Ella estaba tan frágil, que mi hermano y yo determinamos ocultarle la verdad.  Definitivamente cuando uno no quiere pensar en algo, lo evade totalmente. Lo cierto es que mis abuelos y una de mis tías murieron de lo mismo.

 Mi madre siempre fue muy estreñida, a veces pasaba muchos días sin ir al baño, y cuando lo conseguía  sufría cólicos. Por suerte la operación fue un éxito, le hicieron la colostomía, que es algo así como colocar un ano artificial al exterior. Los médicos fueron muy amables. Claro que ella es una anciana muy especial. Puedo asegurar que la atención que recibió, incluso de las enfermeras, fue la mejor.

HT: ¿Y una vez en casa?

LM: Una colostomía es una castración. La persona convaleciente tiene que olvidar que tiene un orificio por donde defeca, tiene que dejar de utilizarlo; se dice fácil, pero no lo es. Mi madre estuvo pujando durante mucho tiempo, le era difícil dejar de hacerlo. Enfrentarla a la bolsa donde estarían sus heces fue mucho peor.

The bags.

HT: ¿Fue duro el proceso de adaptación?

LM: Terrible, no solo para ella. Al principio la piel se le quemó alrededor del orificio. Las bolsas traen una goma que se pega a la piel. Fue muy doloso para mí verla sufrir. La piel demoró en aceptar la bolsa, después vino el aprendizaje.  Primero para mí, estaba tan nerviosa que las primeras bolsas se perdieron. Hay que tener mano firme para recortar alrededor del círculo que irá adherido al orificio. Después hay que saber poner la presilla que evita que el contenido se derrame. Fue muy estresante. Luego pasaron meses para que mi madre lograra ponerse y quitarse la bolsa.

HT: ¿Qué sentiste la primera vez que tuviste que cambiarle la bolsa colectora?

LM: Fue todo un reto. Hay que querer mucho a alguien para resistir esa situación. Yo se lo debía a mi madre. Ella tuvo que limpiar muchas escaleras y consultorios médicos para mantenernos a mi hermano y a mí. Fue una luchadora. A mí me tocaba retribuirle. Contenía la respiración y las náuseas para no herirla. Muchas veces la bolsa se abría y las heces se desparramaban sobre ella o sobre la cama.

HT: ¿Cómo ella reaccionaba a esa nueva vida?

LM: Para una mujer fuerte, acostumbrada a valerse por sí misma era muy doloroso. No solo por la vergüenza y la humillación que sentía por ella misma, sino por mí.  Todo el tiempo se sentía sucia. Por más que le decía que no tenía mal olor, ella lo sentía. La bañaba hasta tres veces al día, los pomos de colonia no duraban una semana, me pasaba todo el tiempo lavando sus sábanas, ropas y zapatos.

Un buen día me dijo que ella misma se pondría la bolsa, y de ahí en lo adelante yo solo las preparaba. Otro dilema fue la ropa. Ella que siempre fue tan presumida comenzó a vestirse con ropas anchas que muchas veces no le gustaban ni le quedaban bien, pero lo fundamental era que las bolsas no estuvieran apretadas porque podían vaciarse.

HT: ¿Qué pasó con tu trabajo?

LM: Tuve que dejarlo, era imposible hacerlo pensando que mi madre estaba sola. Los dos primeros años me pasaba todo el tiempo limpiando la casa y sus ropas, lavándome las manos. Es triste  en un país donde la mayoría de la población va camino a los sesenta años, que los hijos no perciban un salario por cuidar a sus padres. Yo tengo a mi esposo, pero ¿qué pasa con las mujeres que están solas cuidando a sus padres? ¿De dónde van a sacar el  jabón, el detergente, la legía, y las frutas, las verduras, muy importantes para su dieta, así como el pollo y el pescado?

HT: Cuando se acaban las bolsas colectoras ¿qué sucede?

 LM: Cuando las bolsas que dan en la farmacia están agotándose y no se pueden conseguir en la calle, hay que reutilizaras. Yo he tenido suerte hasta hoy. Mi familia se pone las pilas y siempre aparece alguien que vende las de la farmacia porque le mandan de afuera, o alguien muere y la familia las vende, o en ocasiones las regala si eres un conocido. Pero conozco viejitos que se ponen jabas de nailon.

HT: ¿Qué tal está la relación con tu esposo?

LM: Las cuidadoras vivimos estresadas, si alguien te dice otra cosa es mentira. Mi madre tiene 86 años y hace cinco que se operó, he pasado por cosas inimaginables. Déjame decirte, por ejemplo, que la situación del agua en Centro Habana no tiene nombre.

Imagina  si no viene el agua durante dos o tres días y tienes ropas sucias porque la bolsa se ha desprendido por la madrugada o durante el día. O si tu madre ante la necesidad tiene que reciclar la bolsa y embarra el lavamanos o la pila de agua. Un persona cuidadora vive en la cuerda floja, pierde los estribos, grita y poco le falta para convertirse  en abusadora.  Yo soy afortunada, he tenido el apoyo de mi esposo, no solo materialmente, creo que sin él hubiera perdido la cordura. Aunque, quién sabe, tal vez estoy loca y aún no lo sé.      

One thought on “Lazara y la incertidumbre

  • Es una pena el sufrimiento de esa pobre mujer, la periodista lo ha reflejado muy bien, lástima que no le preguntó cuanto ha tenido que pagar por el proceso de diagnostico, la operación y el tratamiento médico, nos habría ilustrado mejor.

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