La niñez, la buena salud y las tecnologías

By Ivett de las Mercedes

HAVANA TIMES – Ser profesora en la Enseñanza primaria ayudó a Martha González a comprender a su sobrino: un niño con dificultad en el lenguaje. Esta carrera, que requiere de mucha paciencia y amor, ofrece herramientas para conocer de primera mano el desarrollo integral de los infantes.

HT: ¿Cómo se percató de que su sobrino tenía dificultad en el desarrollo del lenguaje?

Martha González: Tenía dos años y aún no hablaba. Cada vez que trataba el tema con mi hermana, ella alegaba que había niños que se retrasaban en el habla o en el caminar. A mí, sin embargo, me parecía muy extraño. 

Mi hermana vive con mis padres, su esposo y dos adolescentes. La conversación nunca falta. Son una familia muy unida, de esas que aún conservan el hábito de sentarse todos a la mesa, por lo que la incomunicación no parecía ser la causa. Tampoco los malos tratos, pues eran muy armoniosos entre ellos.

Nunca pensé que las tareas domésticas fueran el detonante que obligara a mi hermana a sentar al niño frente al televisor desde temprano.  A veces esos asuntos no se comentan con la familia, pero ella estaba agobiada. No solo tenía que hacer frente al desayuno, almuerzo y comida de seis personas, lavar la ropa, plancharla, mantener la casa limpia, sino cuidar de mis padres y el pequeño.  Cuando decidí llevarme conmigo a mis padres, ya era tarde.

HT: ¿Se sintió culpable de todas estas situaciones?

MG: Por supuesto. Mi hermana pensaba que yo tenía que darme cuenta de que ella estaba al tope. Simplemente pensé que al mudarse con mis padres ella asumiría el resto. El bebé no fue planificado, pero cuando se supo la noticia, fue asumido con mucha alegría por todos los miembros de la familia.

HT: ¿Conversó con su hermana sobre los peligros que acarrea exponer a un ser tan pequeño a sentarse frente al televisor?

MG: No tenía idea de esa situación. Nunca coincidió mi llegada con la presencia de mi sobrino frente a la TV. Lo descubrí un día que fui por mi madre para llevarla al médico. A partir de entonces me esforcé en explicarle, pero ella argumentaba que todos sus hijos se habían criado así. Obviamente pasaba por alto la edad y el tiempo de exposición.

Recuerdo que comenté el tema con mis compañeras de trabajo y una de ellas había comprado un televisor recientemente, y me afirmó que en el fondo de la caja anunciaba prohibido para menores de 3 años. No obstante, accedió a llevarlo al logopeda, quien le prohibió ver la televisión y mantener las interconsultas.

HT: ¿Cree, entonces, que la televisión fue la culpable del retraso del habla en este caso?

MG: A los dos años se comienza a aprender de lo que nos rodea. Es un tiempo precioso que no debe perderse. A los niños les gusta sentirse amados y que sus padres compartan tareas con ellos. Eso crea un vínculo del que después todos podemos disfrutar. Si lo sentamos frente al televisor mientras hacemos las tareas domésticas, ¿cuándo aprenderán?

Los primeros años son esenciales para la formación de la conducta, época en que deben aprender y, sobre todo, jugar. Los niños son como esponjas, ellos perciben si molestan o no, captan los estados de ánimo de sus padres. Si una madre es feliz, si comparte tiempo con ellos y les pone canciones infantiles o le canta, sentirán esa alegría.

Si por el contrario la madre sufre por una discusión o porque no disfruta amamantándolos también lo sentirán. Ellos expresan su bienestar a través de las risas y los abrazos. Si un pequeñín pega su carita a la de sus padres y hermanos, podemos estar seguros de que todo va bien. Cuando llora, no es solo por hambre, sueño o dolor, puede estar pidiendo atención y esta atención puede referirse a los juegos.

HT: Entonces el juego es fundamental en su desarrollo

MG: Los primeros juegos se deben realizar acompañados por sus padres. Después con otros de su edad aprenderán a relacionarse y a estimular su imaginación. Si evitamos que ellos jueguen, castramos su desarrollo.

Los padres no pueden olvidar que mediante el juego aprenden a escuchar y a tener en cuenta la opinión de los demás. Si nuestros infantes pasan sus primeros años frente a una pantalla, ya sea de una TV, un celular, un tablet o una computadora no se podrá comunicar a través del juego sus emociones.

HT: ¿En estos tiempos se puede mantener a nuestros hijos alejados de nuestros medios de comunicación y entretenimientos?

MH: No podemos cansarnos de intentarlo. Los padres tienen la obligación de crear espacios de juegos y competencia de conocimientos, lecturas colectivas, que redundarán en el gusto por la cultura, en las que se incluya el aprendizaje educativo, lo cual no pueden hacer de estar frente a esos medios.

Recordemos que muchas veces viendo los muñes, los pequeños dejan de aprender, de jugar al aire libre, de socializar. Los padres tienen que vigilar el tiempo y sobre todo escoger lo que ven sus hijos.

HT: ¿Qué puede decirnos de la recuperación de su sobrino?

MH: Ya ha comenzado a decir sus primeras palabras, aunque aún presenta dificultades para hacer las oraciones. Estoy segura de que cuando alcance la edad escolar podrá incorporarse a la escuela, aunque es muy posible que su rendimiento no sea el mismo que el de otros pupilos.

También es probable que tenga dificultad para socializar en un inicio, pero tengo esperanzas de que todo pueda solucionarse. En Cuba tenemos muy buenos especialistas en esa área del desarrollo. Soy una optimista convencida. Al menos él tiene una familia preocupada que se ha instruido respecto al tema.

HT: En estos tiempos de pandemia el tema de esta entrevista puede resultar de gran ayuda a las familias que permanecen mucho tiempo en casa. ¿Tiene algún mensaje para ellos?

MG: Es en este momento que los padres deben extremar su preocupación por la salud física y mental de sus hijos. Da igual si hay cuarentena o si la vida transcurre con cierta normalidad. El tiempo de juego de los menores no puede perderse por el espacio o por el exceso de tareas a realizar.

Cada padre debe tener un calendario de actividades para compartir con sus hijos como mínimo una hora. Se debe hacer énfasis en los juegos de mesa, con los cuales a cualquier edad se puede aprender a socializar, a respetar, a seguir las reglas del juego, a valorar la capacidad de cada cual y la del resto de los contrincantes.

El parchí, el dominó, el capitolio, el monopolio, las damas chinas, los naipes, pueden ser un buen momento para disfrutar en familia. También se puede disfrutar de tareas compartidas, ya sea en la elaboración de algún alimento, un momento de lectura, una película.

Sé de muchas amigas que han retomado la confección de títeres, las construcciones de casas de muñecas con cartón, incluso tengo un amigo que junto a su pequeño construyó una casita para el perro e inventaron con cajas juguetes para el gato de la familia.

Cuando lleguen de la escuela hay estar presentes también en sus tareas, dejando que ellos piensen y las realicen por sí mismos. Todo cuanto sea posible podemos poner en las manos de nuestros hijos, pero, sobre todo, que se sientan queridos e importantes.

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