La familia cubana, en constantes cambios

Por Jancel Moreno

Foto. Virgen Enid Dominguez

HAVANA TIMES – A la luz de los tiempos modernos, muchas instituciones se mueven, actualizan y transforman. El núcleo parental de donde devenimos no es la excepción.

Luego de una serie de entrevistas sobre la familia y su modo de concebirla, la mayoría de los participantes enunciaba razones por las que retardaban la formación de una prole y apuntaban, entre ellas, las dificultades económicas, los retos de convivencia con otras generaciones y las metas profesionales de ambos miembros de la pareja, las cuales deben ser encaminadas antes de tomar “la gran decisión”.

Pero, ¿Qué otros factores están influyendo en el modo en que los jóvenes forman su familia? ¿Cuánto ha cambiado en Cuba la célula fundamental de la sociedad?

“Hay que mirar a la familia en Cuba, sabiendo que existen diferentes tipos. Ese modelo exclusivo y nuclear de mamá, papá y nene, ya se da poco, porque las familias se han vuelto más complejas en su composición y funcionamiento. Es importante tener en cuenta que ese núcleo está impactado por múltiples factores sociales, pues a veces lo vemos como si fuera un ente que solo actuara por sí mismo”.

Así lo define la doctora  Dayanis Álvarez Puig, profesora de Psicología de la Universidad de Ciencias Médicas, de Villa Clara. Plantea, además, que para que la familia tenga un funcionamiento adecuado ha de poseer las condiciones mínimas de vida, y ejemplifica como una de las principales necesidades la vivienda.

Puig abunda en que una de sus funciones, la económica (encargada de proporcionar el sustento material), se ha manifestado sobredimensionadamente en Cuba desde la  primera investigación nacional realizada en 1989 por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas. Esa tendencia confirma que muchos núcleos desplazan su función educativa, debido a que tiempo y esfuerzos se concentran más en exigencias materiales como la alimentación y la vestimenta de cada miembro.

Además, precisa la especialista, las mujeres se recargan demasiado, pues, sin descuidar su profesión, deben dedicar mucho tiempo a las labores domésticas y a los cuidados de personas dependientes como los menores y mayores de edad, quienes cada día son más en los hogares cubanos.

En el caso de los infantes, influye la falta de círculos infantiles que satisfagan las necesidades de todas las madres trabajadoras y la alternativa de cuidadores particulares resulta bastante cara, por lo que ese sigue siendo un tema alarmante. Es una demanda esencial el asunto del cuidado y apoyo estatal por diversas vías, pues eso genera tensiones y mayores gastos.

La formación de valores se ha deteriorado considerablemente en la familia cubana y, por ende, en la sociedad, y esa responsabilidad (siempre compartida con la escuela) debe adecuarse también ahora al escenario de las nuevas tecnologías. Por ello, es necesario potenciar el reforzamiento del vínculo hogar-escuela, que en los últimos años se ha visto dañado, asegura la doctora.

La migración (a la vez que puede incidir en la economía hogareña con el envío de remesas y otras ayudas materiales) también influye en cuestiones como las crecientes necesidades de cuidado a los niños y ancianos, que no tienen a sus prole junto a ellos. En los últimos años es más notable los hogares de una persona, mayoritariamente integrada por mujeres, quienes por lo general han quedado solas debido a la viudez y a que sus hijos no están en el país.

En el caso de los jóvenes que desean tener descendencia, describe Álvarez Puig, es una realidad que el apoyo en los hogares también ha disminuido por parte de abuelas y abuelos, debido a la calidad de vida de estos, quienes aún se encuentran en sus puestos de trabajo; igualmente debido a la ausencia de hermanos que ayuden.

La creciente incorporación de las mujeres al trabajo ha conllevado a la obtención de su autonomía e influye notoriamente en la familia. Sin embargo, ninguna investigación evidencia que las trabajadoras asalariadas atiendan menos a sus hijos que las amas de casa. Al contrario, en esos casos, se consigue una comunicación más variada y efectiva.

El envejecimiento poblacional y la situación habitacional imponen el reto de que los menores vivan con sus abuelos, con los efectos positivos que eso trae, pero igualmente con la condición de lidiar con estereotipos tradicionales que pueden inculcarles a sus nietos. Por otra parte, el aumento de la tasa de divorcios, casi siempre deriva de nuevas uniones consensuales, en las que se reconstituyen las familias con nuevos miembros que deben enfrentarse a los límites de sus roles de poder. Ese es otro reto para las familias.

Otro de los cambios resaltados por la especialista es el surgimiento de o integrados por personas del mismo sexo, quienes se convierten en padres o madres de menores de edad que deben insertarse en una sociedad todavía homofóbica y machista.

En fin, la familia cubana para nada es lo que muchos planeaban hace apenas unos 10 años, la situación de la vivienda, la alimentación, la falta de opciones labores reales, la migración, es decir, la situación económica y social de la Isla, son los principales factores que modifican la estructura del núcleo de nuestra sociedad, y esa situación parece no mejorar, mientras tanto no exista la voluntad de las instituciones gubernamentales de fomentar nuevas y mejores oportunidades para todo aquel que decida dar el paso de crear una nueva generación de cubanos.

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