¿Hay esperanza de justicia en Nicaragua?

Almudena Bernabéu durante un foro en El Salvador. Foto: Shawn Calhoun | Flickr | CC

Abogada internacional que litigó casos de masacre de los jesuitas y genocidio contra Ríos Montt: “El proceso es lento, pero viene, y ahí estaremos”

Por Carlos F. Chamorro (Confidencial)

HAVANA TIMES – “Sí, hay esperanza de justicia”, por los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura Ortega Murillo en Nicaragua. “Yo sé que a veces es un proceso lento, pero eso viene, y hay mérito para ello”, afirma con aplomo la abogada internacional Almudena Bernabéu, que acaba de conseguir una condena en la Audiencia Nacional de España, contra uno de los militares salvadoreños responsables de la matanza de cinco sacerdotes jesuitas españoles, asesinados en la UCA de San Salvador en 1989, donde también murieron un sacerdote salvadoreño, una trabajadora doméstica y su hija.

Bernabéu es la directora del Centro Guernica para la Justicia Internacional, y ha litigado en renombrados casos como el del dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt, condenado por genocidio en su país en 2013. Cinco años después, en Chile, representó a la familia del cantautor Víctor Jara, en el juicio que culminó con la condena de nueve militares por el asesinato ocurrido 45 años atrás, en los primeros días del golpe del general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende en 1973.

En Nicaragua, dice la abogada, “la sociedad civil se está organizando y eso creará la base para procesos judiciales, y ahí estaremos, si no en Nicaragua, en otras jurisdicciones”.

Este es un fragmento de la conversación que sostuvimos en el programa televisivo Esta Semana.

La abogada internacional Almudena Bernabéu durante el juicio contra el dictador Efraín Ríos Montt, en Guatemala. // Foto de Werner Monterroso

El juicio en España por la matanza de los jesuitas en El Salvador

Usted ha representado ante los tribunales de España a los familiares de las víctimas en un caso que no se pudo hacer justicia en El Salvador por el asesinato de cinco jesuitas españoles, un salvadoreño, una trabajadora y su hija, que fueron masacrados por el Ejército en la UCA de San Salvador en 1989, y está siendo procesado el coronel Inocente Montano, quien fue extraditado de Estados Unidos a España. ¿Se hará justicia 31 años después?

Sí, fue un camino muy largo, sobre todo para la Compañía de Jesús y los familiares de las víctimas, que estuvieron desde el día uno. Yo estoy aquí, 31 años después, porque ellos nunca perdieron la esperanza de obtener una medida de justicia que para ellos siempre fue a partir de la verdad, a partir de un reconocimiento de que efectivamente las Fuerzas Armadas cometieron ese asesinato, se ordenó y se ejecutó desde las Fuerzas Armadas.

Después de todas las vicisitudes, una extradición impensable desde Estados Unidos, (se integró) un tribunal en España en un contexto de pandemia internacional; yo creo que sí vamos a ver algo de justicia en ese sentido de verdad que yo decía. La finalidad de las familias nunca fue que una de estas personas fuera la cárcel, creo que eso es parte de la legalidad, y así ha sido, y él (coronel Inocente Montano) permanece en la cárcel, y si la sentencia es condenatoria, permanecerá en la cárcel.

Pero más allá de eso, en junio y julio, en las sesiones de los testigos, hubo una medida de verdad muy grande, de mano de testigos ejemplares, miembros, incluso de las propias Fuerzas Armadas salvadoreñas, 31 años después, hablaron alto y claro de quién y cómo llevó adelante eso; pero, también del propio coronel (Montano), que tanto en su declaración a preguntas de su abogado, como en su última palabra, que es un derecho que reconoce el sistema español, admitió lo que han venido negando durante 31 años, y es que efectivamente las Fuerzas Armadas, en un contexto de reacción ante la acción militar de ocupar la ciudad por parte del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, cuando el FMLN intenta ocupar San Salvador, la respuesta de las Fuerzas Armadas es, entre otras medidas, asesinar a los padres jesuitas.

Hay otros 15 imputados en este juicio, todos son militares salvadoreños que están protegidos por la Corte Suprema de Justicia de El Salvador que impide su extradición a España, para que también fueran sometidos a este juicio. ¿Quedará en la impunidad su responsabilidad en esta masacre?

La esperanza, para mí, es que no quede en la impunidad. Queda mucho camino y eso me devuelve un poquito a Centroamérica, lo que es vital es que se haga justicia en El Salvador. Yo creo que al contrario, como nos pasó con el caso del genocidio contra Efraín Ríos Montt, esto vuelve a casa, antes o después vuelve a dónde pertenece, que es, sin lugar a dudas, los tribunales salvadoreños. La situación de El Salvador hoy es muy compleja, pero creo que son conscientes los operadores de justicia de que no se puede seguir adelante sin resarcir de alguna manera a las víctimas, sin tener algo de acción judicial o capacidad de trabajar, en este sentido, nacionalmente.

Hay cierta reapertura con el caso de (la masacre) de El Mozote que sigue avanzando. Todo el trabajo está por hacerse en El Salvador, donde están los otros trece involucrados en el crimen, están tranquilos, no sé si protegidos activamente, pero al menos ellos se sienten seguros, siempre y cuando estén dentro de El Salvador. Creo que es importante que apoyemos y ayudemos a los jueces y a los fiscales salvadoreños a que hagan su trabajo.

A lo largo de este proceso también se ha señalado a autoridades civiles y militares de El Salvador como responsables intelectuales de este crimen, como coautores o encubridores. ¿La justicia penal no llega hasta este nivel de responsabilidad política?

La justicia penal sí. En realidad lo intentamos en España, pero no convencimos a la Fiscalía. La Fiscalía se opuso, incluso el juez investigador, el juez de instrucción no abrió el abanico de responsabilidades a esa autoría, efectivamente civil, que tuvo un rol en el encubrimiento.

Hubo muchísimas instancias a lo largo del proceso, en las sesiones tanto de junio como de julio pasadas, y por cuestiones de pandemia, tuvimos esa cuestión privilegiada de que fuera un juicio televisado y de alguna manera más accesible para el pueblo salvadoreño. Pero sí se dijo, por parte de varios de los testigos, en varias ocasiones se reiteró, tanto el rol del expresidente Alfredo Cristiani, como de, hoy un miembro de la Asamblea Nacional, Rodolfo Parker, salieron nombres de personas que tuvieron un rol definitivo en, como decimos en España, liar la madeja, es decir crearse una serie de comisiones y llevar adelante una serie de actos destinados todos a confundir y a eludir las responsabilidades que tenían como miembros del Gobierno.

Las rutas posibles hacia la justicia en Nicaragua

En la crisis que vive Nicaragua después de la matanza de más de 300 ciudadanos, que se ejecutó durante la represión en abril, mayo, junio, julio de 2018, hasta este momento no existe ningún policía, paramilitar o responsable intelectual que esté siendo investigado, o procesado. ¿Existe alguna esperanza de justicia para los familiares de las víctimas, quizás en cortes internacionales?

Sí, yo creo que hay, y debo decir que se está haciendo un esfuerzo, que es inicial a toda posibilidad de justicia, por recuperar la información, por identificar exactamente qué pasó, y quiénes fueron los responsables.

Cuando a uno le matan a un familiar, o lo agreden, naturalmente no se puede hablar de paciencia, creo que es un momento inicial de cohesión y de obtención de información, que se está haciendo en Nicaragua, la sociedad civil nicaragüense se está organizando, y eso creará la base, sin lugar a dudas, y ahí estaremos, creará las bases para procesos, si no en Nicaragua, en otras jurisdicciones. Yo sé que a veces es un proceso lento, pero eso viene, y hay mérito para ello.

Almudena Bernabéu. Foto: elmundo.es

El Gobierno de Nicaragua no es suscriptor del Estatuto de Roma, y por lo tanto no se podría recurrir, aparentemente, a la Corte Penal Internacional de Justicia de La Haya. ¿Hay otras vías para hacer justicia? ¿Puede ser invocado el principio de justicia universal en otros países?

Así es. De todas formas, no es cierto que porque uno no sea signatario de la Corte Penal Internacional esté libre de toda responsabilidad. Hay otros mecanismos, otras avenidas, a través del Consejo de Seguridad, e incluso de manera unilateral, la Fiscalía, o incluso abrir investigaciones preliminares, o sea que no ser signatario no es una carta blanca para que nunca un país sea responsable o sea de interés en investigar y profundizar lo ocurrido, en la Corte Penal.

Suponiendo que no fuera el caso, efectivamente hay un número importante de jurisdicciones nacionales, en varios países, que permitirían (abrir procesos). Las bases jurisdiccionales son diferentes, en algunos casos es que se encuentren víctimas presentes (en esos países), hay muchos nicaragüenses en el exilio como consecuencia de estos hechos; en otros casos, es que alguna persona con responsabilidad también, o se encuentre presente o se demuestre que tiene vínculos con el país. Sería una cuestión de analizarlo caso por caso, y según los escenarios, pero hay alternativas, sin lugar a dudas.

En Nicaragua se han organizado los familiares de las víctimas en torno a las Madres de Abril, quienes reclaman justicia sin impunidad por la pérdida, el asesinato de sus hijos, de sus familiares; pero hay otros crímenes como estos que fueron conocidos esta semana en Costa Rica por un tribunal de conciencia en el que usted formó parte, crímenes de abuso sexual cometidos durante la represión. ¿Este tipo de crímenes pueden ser judicializados?

Absolutamente. Y quisiera decir dos cosas: la gravedad de los crímenes de violencia sexual, específicamente los que se han cometido en Nicaragua, abundabala necesidad de este tribunal, creo que ha sido (una) iniciativa muy importante para contarle al mundo lo ocurrido; pero también es absolutamente innovador, en el sentido de rescatar inmediatamente esa violencia, extraerla y analizarla, porque en términos generales hemos llegado siempre muy tarde como abogados, como investigadores, como defensores de derechos humanos, a darnos cuenta de ese componente, independientemente de toda la violencia generalizada, porque creo que es una práctica transversal que ha quedado oculta o de alguna manera minimizada en muchas de las investigaciones, así que creo que ha sido un esfuerzo notable.

¿Por dónde empieza la ruta hacia la justicia? ¿Por una confesión, un papel, una prueba, un pez chico o un pez gordo?

Empieza preparando a la comunidad de víctimas y la sociedad civil, (que) están juntas y están claras de lo que quieren hacer, y esa energía que la generan solamente quienes han sufrido, empieza a hacer olas, como dicen en Estados Unidos, y a partir de ahí empieza a haber justicia, y aparece una confesión, aparece quien se contradice, aparece quien se arrepiente, y se puede llegar a los peces grandes.

Algunos sectores alegan que en procesos de transición después de dictaduras criminales, como la que hay en Nicaragua, estas demandas de justicia sin impunidad deberían subordinarse a otro tipo de imperativos, como estabilidad o elecciones, para evitar heridas más profundas y confrontación política. ¿Se puede tener democracia sin justicia? ¿Cuál es su propia experiencia como jurista, frente a estos dilemas?

Yo creo que son falsos dilemas. La medida de justicia, cuando uno analiza que por qué tenemos justicia, por qué se insiste en un Poder Judicial independiente, por qué se insiste en leyes y normas, precisamente (es) para que todos sepamos en dónde estamos, a dónde pertenecemos, y cómo debemos actuar.

A la justicia se le puede poner una espera, para decir, vamos a hablar de unas elecciones o vamos a intentar una negociación política. Hay miles de escenarios en diferentes países, y creo que solamente quienes son parte del país y parte del proceso pueden definirlo. Hay muchas opciones, pero nunca abandonar justicia. Si se empieza ese proceso y, a lo largo de este proceso no se garantiza alguna medida de justicia, será incompleto, excluirá una parte importante de la población, será insuficiente y, para mí, será débil y se resquebrajará en algún momento.

¿Qué le recomendaría a los familiares de las víctimas en Nicaragua, y a las organizaciones de derechos humanos que abogan por una justicia sin impunidad?

Que sigamos trabajando. Están muy al principio, en el sentido de que eso es reciente, la violencia fue un shock, creo que (en este momento) más importante (para) Nicaragua, que haya un juicio, puede ser que haya un cambio político importante, creo que solo ellas en su búsqueda, solo estas víctimas y las comunidades y la sociedad civil, en esta búsqueda de justicia, pueden precipitar ese cambio. Y la recomendación es, pasito a pasito, pero llegará, llegará. Yo sé que no van a desistir. Pero es en esa perseverancia donde uno encuentra los caminos.

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