“El rap transformó mi vida y me propuse llevar este arte a cada rincón”

Queremos acercarnos a la trayectoria artística de Lucia Vargas Salina, pero la situación social y política de Colombia atraviesa por completo la conversación. Su música siempre ha estado vinculada a la transformación social.

Lucía Vargas Salinas, en una de las protestas. La imagen ha sido cedida para esta entrevista.

Por Pau Herreros Castelló y Sol Camarena Medina (Pikara Magazine)

HAVANA TIMES – Lucía Vargas Salinas empezó en el activismo cuando tenía unos trece o catorce años. Formaba parte de una agrupación de rap de mujeres llamada Por Razones de Estado. El grupo tuvo mucho impacto porque eran “dos niñas muy pequeñas con una convicción social y política muy clara”. Hablamos con ella de su trayectoria artística, pero la situación social y política de su país atraviesa por completo la conversación. Una reforma tributaria, que afecta especialmente a las clases medias y pobres, hizo que estallara el conflicto social en Colombia.

En Bogotá, Vargas fundó la organización Sur del Cielo y trabajó con jóvenes de la localidad durante siete años. Participó también en la creación de la organización Latidos, “una construcción muy bonita a partir del rap, una cultura que ha sido estigmatizada toda la vida, pero que ha transformado socialmente a estas comunidades y es asequible a los jóvenes”.

Tu experiencia como artista es inseparable de los movimientos sociales de los que formas parte. No podemos dejar de preguntarte, ¿qué está ocurriendo en Colombia?

La reforma tributaria introducía un impuesto del 19% a la mayoría de compras y actividades, sobre los alimentos básicos de la canasta familiar y nuestros sueldos. Sumando la pandemia, era el acabose para todos. El 28 de abril se convocó el paro y todo el mundo salió a las calles. Ya veníamos cansados de una violencia sistemática por parte del Estado, incumplimientos de acuerdos firmados, corrupción, salarios exageradamente altos a senadores, entre otros.

Con las manifestaciones se consiguió tumbar, tanto esta reforma tributaria, como la reforma de la salud, basada en tratar de privatizar lo que es público. Después, renuncian los ministros y se da un efecto globo que va creciendo. La gente empieza a salir masivamente. El Estado, ante estas manifestaciones, reacciona con una represión supremamente fuerte y violenta.

¿Qué medidas represivas estáis viviendo?

Esta represión siempre ha existido en Colombia, con el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios). Nosotros les llamamos el Escuadrón Muerte Anti Derechos porque, cuando sales a una manifestación, ya sabes que va a haber un infiltrado. La arremetida más fuerte fue en Cali. Fue tan brutal que destituyeron al alcalde y pusieron a uno de los generales de la policía y del ejército a cargo de la ciudad. Lo que antes sucedía en la ruralidad, más ajeno a las metrópolis, ahora estaba dentro de la ciudad de una manera muy intensa.

En el sur de Bogotá vive la gente de escasos recursos. En el norte, vive la gente de muchísimo dinero. El centro, occidente y oriente; se dividen entre ricos, pobres y clase media. Siempre habíamos marchado hacia el centro de la ciudad. Con la agresión estatal del ESMAD, la gente queda encerrada. Prácticamente, es una matanza. En estas manifestaciones pensamos que teníamos que salir hacia el norte. Cuando la gente de esa zona se da cuenta de que el ESMAD ataca a la población por estar quieta, se empieza a solidarizar.

Hay vídeos donde aparece el ESMAD atacando a la primera línea. La mayoría son pelados, es decir, jóvenes de diecisiete y dieciocho años, enfrentándose con escudo a un man que tiene una metra y un camión. Es tan fuerte la represión que, pasados cinco o seis días, se organizan las Mamás de la Primera Línea. Ahora, ellas también salen a acompañar a sus hijos y se establecen lugares de resistencia a lo largo del territorio.

¿Quieres transmitir algo a las comunidades internacionales?

La represión fue tan fuerte que cortaron Internet en Cali. Hicieron apagones para que no tuvieran luz. La arremetida fue tan dura que hubo un momento en el que el colectivo internacional Anonymous se infiltró y tumbó las páginas del Senado y de la presidencia y liberó datos de congresistas.

Hay información que es necesario que todo el mundo conozca. Usan armamento como las Venom, aturdidoras que botan desde los camiones del ESMAD. ¿Cómo es que hay para comprar uno de los estallidos de Venom, que vale 400 mil pesos colombianos y no para la financiación social? Uno de estos estallidos equivale, haciendo un cálculo grosso modo, a 90 euros. El salario mínimo de un colombiano sería un millón de pesos, que son unos 224 euros.

Para aumentar la violencia del ejército, sí hay dinero; igual que para comprar helicópteros y aviones y pagar a senadores que se ganan 34 millones de pesos mensuales. Serían aproximadamente 7.600 euros y son alrededor de 64 congresistas.

Respecto al sesgo informativo, la gente no podía creer que los falsos positivos fueran reales. Me refiero a jóvenes asesinados por el ejército para disfrazarles de guerrilleros muertos. El mundo tiene que conocer las desapariciones de muchos jóvenes en los barrios populares. Al ejército le daban beneficios por mostrar guerrilleros caídos en combate, así que secuestraban niños de los barrios. Las mamás empezaron a buscar a sus hijos. Hay un movimiento muy grande de familiares e, incluso, supervivientes de falsos positivos. Han desaparecido jóvenes con síndrome de Down y con afectaciones mentales. Había casos inauditos, con ropa que no era de ellos y botas puestas del revés.

¿Cómo te está afectando esta violencia? ¿Cómo crees que puede estar impactando en las vidas de las comunidades más vulnerabilizadas?

En este momento, respeto cualquier forma de lucha. Creo que, para mucha gente, la afectación principal ha sido psicológica. Hablamos de una violencia que ahora se ha vuelto masiva. En 2010-2011, tuve la oportunidad de irme de gira por Europa. Cuando, acá en Colombia, buscaba en Internet información acerca de los paramilitares, no podía ver nada. Lo busqué de nuevo en Alemania y m salieron unos vídeos atroces. Eran paramilitares jugando fútbol con la cabeza de los campesinos. Han pasado diez años y ya lo había visto entonces, pero acá todavía no se había extendido a las ciudades.

La afectación psicológica es aún mayor para los niños y niñas. En mis redes hay un vídeo que hice con una títere llamada Resistencia Paz Ex-guerra, donde les explicamos a las niñas y niños qué está pasando. Ellos sólo preguntan por qué les pica la garganta y por qué les duelen los ojos. El ESMAD está botando gas dentro de unidades residenciales. Pienso que ahora nos toca prepararnos. Guardo la esperanza de que en algún momento esto cambie y se calme la violencia, de que haya un proceso de sanación psicológica, de forma individual y colectiva.

Ustedes preguntaban sobre el impacto de las violencias. Quienes ponen la cara son, sobre todo, las comunidades vulnerables. Esto es una guerra que se debería dar a nivel político sin costar la vida de nadie. Sin embargo, como políticamente no se logra, la gente está saliendo de la forma que puede. En muchos casos, esa forma es violenta.

No la justifico porque siempre he sido partidaria del arte, sabiendo que transforma, de generar comunidades en las que es este arte lo que realmente saca a los pelados de los conflictos. Sin embargo, nos llevaron a un extremo en el que queremos quemarlo todo. No nos están dando un gobierno en el que se pueda confiar para buscar una solución política.

Llevas tiempo organizando intervenciones sociales a raíz del rap.

Cuando conocí el rap, lo que más me gustó fue su ritmo. Mi papá era músico, por lo que desarrollé sensibilidad auditiva muy temprano. La música que él escuchaba y hacía cuando era pequeña, me llamaba mucho la atención. Sobre todo, la que tenía un contenido social y político, canciones como Soñando con el abuelo.

Al crecer, conozco el rap, el punk y el hardcore. Me sumerjo para entender la sociedad desde el anarquismo y el straight edge. No obstante, en el trasfondo de mi alma siempre busqué los orígenes. Así encuentro a las comunidades ancestrales, que me hablan de la espiritualidad y de la importancia de la naturaleza como una revolución desde el cuidado y la conservación de la madre tierra. Los pueblos originarios ya habitaban y cuidaban este territorio antes de la conquista. El pueblo Misak, por ejemplo, está haciendo un gran trabajo, a través de acciones como derribar las estatuas de los ¨conquistadores¨, reivindicando la historia de las comunidades ancestrales.

Partiendo de la reinserción social, todos los grupos armados debían sacar a los niños del conflicto. En ese momento, no sabían qué hacer porque eran peladitos que lo único que conocen es coger un arma y disparar. Además, no tienen una construcción política ni ideológica. Solamente cumplen órdenes. Una organización llamada Taller de Vida, situada en Usme, me contactó para trabajar con ellos a través del rap y posibilitar esta reinserción social. Se trataba de trabajar con los niños y niñas que salían de conflicto armado en una comunidad que queda al sur de Bogotá. Todo ello, claro, siendo mujer.

Acepté, pero el impacto fue muy fuerte para mí porque mi familia se ha visto muy afectada por la guerra. Pedí que me reemplazaran. No obstante, las chicas de la organización insistían en que tenía que ser una mujer la que diera estos talleres de rap. Hice un segundo esfuerzo y, ahí, logré sanar una herida muy fuerte del conflicto. Consistió en perdonar y empezar a ver a estos niños, no como paramilitares o guerrilleros que empuñan armas a matar, sino como niños. Tienen unas secuelas increíbles; su cuerpo tiene marcas, cicatrices de guerra.

Hicimos un álbum de rap con ellos. Al principio, no entendía por qué tenía que ser una mujer la que hiciera los talleres. La conclusión fue que, en la guerra, las niñas y las mujeres no obedecían a mujeres, sólo a hombres. Era un conflicto patriarcal. Creo que actuó el poder del amor, porque me entregué en cuerpo y alma. Las chicas con las que trabajamos entendieron sobre derechos humanos y patriarcado. También entendieron por qué no tiene que ser menos el valor de tu palabra que la de un hombre. Así, comprendí que el arte sí transforma. El arte sí estaba haciendo su transformación social, el Hip-Hop la estaba haciendo.

Los pelados que empezaron conmigo cuando tenían 8 o 9 años ya tienen 21 o 22. Ya está lista su organización de base y siguen su camino. Eso era lo más importante para mí: generar semilleros. Quedan semillas y van expandiendo. Para mí eso es el arte, aparte de cantar, que es chévere y es importante. Más allá del arte, ¿qué puedes hacer tú? ¿Qué activismo harás para que tus palabras sean válidas cuando cantes?

Háblanos acerca del trabajo que hacéis en Latidos.

Latidos se inicia trabajando en la desvinculación de niños y niñas del conflicto armado. Su trasfondo es el no consumo de sustancias psicoactivas. En Colombia hay una problemática muy asentada de microtráfico en los barrios. Reclutan a los pelados para la venta de sustancias. Primero los inician en el consumo y, después, en la venta. A veces, los pelados consumen, se gastan esa plata, no pagan y los terminan matando. Acá se habla de fronteras invisibles entre los controles de las ollas, los sitios de expendio de drogas más fuertes que hay en cada barrio.

Se genera una guerra de microtráfico, en la que terminan asesinando a todo el mundo. Los pelados son involucrados en conflictos de intereses por la venta. Cuando empiezo a pensar Latidos, tengo presente que el rap transformó mi vida. Me propuse llevar este arte a cada rincón con una apuesta social y política.

Cuando trabajaba en Taller de Vida, nos financiaban diferentes ONGs. Al agotarse la financiación, quedé con 60 peladitos. Las mamás me pedían que siguiéramos con los talleres, incluso, en sus garajes. No podía parar porque no hubiese plata. Fui encontrando lugares y, finalmente, nos quedamos en unos auditorios pequeñitos, muy bonitos, humildes y con un techo donde resguardarnos si llovía. Estaban situados dentro del parque del acueducto de Bogotá. Allí, retomé los talleres con los niños.

Para Latidos es importantísima la alimentación. Desde las organizaciones de base siempre se dan refrigerios, jugos de caja y un sándwich o un pastel de pollo o de carne. Sin embargo, cuando los niños venían, algunos lo hacían sin desayunar o sin poder volver a comer hasta la noche. Por eso, porque tengo claro que cuando uno da algo siempre tiene que dar lo mejor, iba a las plazas del mercado con más compañeros a pedir alimento. Tenía un restaurante vegetariano y abríamos muy temprano. Madrugábamos a las tres de la mañana para cocinar y llevarles un buen alimento.

Cuando llegábamos, ya estaban los pelados, a las ocho de la mañana. Empezábamos el taller y a las doce todos comíamos muy rico; un alimento vegetariano y bien presentado. No puedes transformar una sociedad si no le estás dando amor. Ellos se daban cuenta. Pasado un tiempo, cuando crecieron, me acompañaban a la plaza del mercado y a cocinar. Así, supieron que era un trabajo voluntario hecho con amor.

Cuando la comunidad entendió cómo financiábamos Latidos, nos respaldó totalmente. Además, no tenemos plata del Estado porque nunca nos ha interesado, siempre nos autogestionamos con donaciones. No obstante, antes de que cualquiera nos aporte, le pido que venga. Más que dinero, los niños necesitan afecto y que alguien los escuche. Lo principal es el amor, estar pendientes y que sientan que tienen un respaldo.

También hacemos reforestación de árboles y limpieza de quebradas. El respeto hacia la naturaleza es muy importante para nosotras, al igual que el reconocimiento ancestral. Hemos hecho talleres con la mesa ancestral de Usme. Allí se encuentra toda la investigación de todas las comunidades ancestrales que habitan en esta zona. En el colegio no les están enseñando esto. Lo que buscamos es enseñárselo mediante el arte para que ellos abran el espectro de su mente y entiendan un mundo con muchas posibilidades.

En orden de utilidad, ¿qué podemos aportar las personas que estamos en otros lugares del mundo para apoyaros?

Ayuda de primeros auxilios a la primera línea. Si les genero confianza, también pueden enviar dinero. Acá, lo que hago es ir a comprar las cosas de primeros auxilios y entregarlas. Les haría un registro fotográfico o de vídeo de la entrega. También, es importante rotar la información, que el mundo se entere de lo que está pasando. Ya llevamos tanto tiempo que la gente se cansa de escuchar lo que sucede. Sin embargo, las arremetidas continúan siendo muy fuertes.

Es primordial reivindicar la Minga Indígena. La palabra Minga, en sí, significa encuentro; una reunión de saberes, ideologías y trabajos. La Guardia Indígena que se construyó desde las comunidades ancestrales siempre anda dándonos respaldo. Es la única autoridad que la gente de las manifestaciones respeta; nuestros mayores, nuestros ancestros. Son las comunidades ancestrales que salen del Cauca. Este mayo, los paramilitares atacaron a la Minga. Les dispararon desde los helicópteros. La Minga no tiene armas, sólo tiene caucheras, capuchas y piedras. Karen Tovar y yo, Naturaleza Suprema, grabamos una canción para respaldarles: Mis ancestros como guía. En el vídeo de esta canción se ve cómo ellos mismos construyen su armamento porque no hay cómo defenderse.

Hay otra forma más extrema. La canción de la que hablaba tiene detrás un documental, En Tierras Tomadas. Se puede ver en Vimeo. Evidencia todo lo que pasó y por qué llegamos a esa canción. Con los disparos, vino una toma de territorios de las comunidades ancestrales. Es increíble cómo la presencia de un extranjero allá, disminuía la violencia. El gran problema en el que se puede meter el Estado si asesina o hiere a un extranjero en uno de estos combates, es mucho más grande que si mata a un colombiano. Otra forma de ayuda es venir de acompañamiento a estas comunidades, pero, a riesgo de salir herido o, incluso, no salir vivo. Va al conflicto real. Esto es algo que gradecen mucho las comunidades ancestrales porque disminuye la violencia. Eso es ya al latir del corazón de cada persona. Todo tipo de lucha es válido. Para nosotras y nosotros, con lo que estamos viviendo, todo lo que quieran aportar, suma.

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