El diario viaje de Yurina por la habana

“Soy la única que maneja Metrobus…”

Por Regina Cano

Yurina Gonzalez Rasmunssen

HAVANA TIMES, 6 nov. — Monté en un P-6 fuera de parada. En esos casos acostumbro a agradecer al chofer por detenerse, pero la sorpresa de ver a una mujer al volante me “sacó del paso.” Enseñoreada detrás del timón estaba Yurina González Rasmunssen, la única mujer que maneja Metrobus articulado en la ciudad. Inteligente, arriesgada y humana. Mujer que atraviesa cada día la urbanidad habanera, siendo parte de uno de los más conflictivos fenómenos de la capital: El Transporte Urbano.

Le propuse entrevistarla y accedió de inmediato.

¿Cómo llegas a ser chofer de un Metrobus? 

Yurina Gonzalez Rasmunssen: Era Inspectora del Transporte en GETA (Grupo Especial de Transporte Alternativo).  Hicieron captaciones para chofer y me presenté.  Empecé a manejar ómnibus en el 2005 y luego pasé a Metrobus, porque me gusta lo nuevo, ir cambiando. Ahora, si ponen unas guaguas de siete puertas, yo quiero ir pa´ esas.

¿Objetaron algo ante al hech de que eres mujer?

Yurima: Cuándo dije que quería ser chofer, la gente del colectivo, se tiraron a reír…, Lo dije pa´ una jarana en el grupo pero la gente del Sindicato lo vió muy lindo, muy interesante, eso de que una mujer manejara, y elevaron la petición.

Entonces el Ministro, cuando aquello era Carlos Paso, autorizó que se me entrenara y fuera la primera mujer chofer de ómnibus urbanos, que no había en la ciudad.  Yo tenía todas las licencias para conducir, menos rastra y guagua.”

La licencia de guagua me llevaron a sacarla al paradero de Guanabacoa.  Me dieron un curso rápido, resulté buena chofer -a mí me gusta mucho eso- y ahí mismo me emplearon.

Ahora ya tengo Licencia Master.  Que tiene su lógica. No es lo mismo manejar un ómnibus articulado que uno rígido.

¿Algo específico en tí te hace preferir este oficio?  

Yurina: Mi padre era chofer. Mi abuelo era un Mecánico–Chofer. En la casa donde me crié había un Taller de Mecánica.  Me crié entre mecánicos y choferes.

A mí eso me encanta, todo lo que sea trabajar con hierros. Dicen que debo ser hija de Oggún (Orisha de la forja).

Yo podía haber hecho la Carrera que quisiera, porque tenía el 69 en escalafón* entre cientos de alumnos.  Sin embargo, mi abuelo materno era Tornero y lo primero que elegí estudiar fue Mecánica General, Tornería.

Era la única mujer Mecánica que había en el Tecnológico Ciudad Libertad.  Ahí me metí, con todo mi escalafón grande, mi inteligencia, yo prefería los hierros esos.

En mi juventud, se conminaba a los jóvenes comunistas a que si querían estudiar una cosa y hacía falta en el momento más graduados en otra especialidad, escogieran esos estudios, y terminaron estudiando otras cosas, por necesidad. Eso es un grave error.

Pienso que uno no debe estar donde lo necesitan, sino donde a uno le gusta, porque es donde más productivo es el hombre.

El buen Albañil es, porque le gusta la albañilería; el buen chofer es porque le gusta manejar, además, el chofer de ómnibus tiene que tener una característica que no tiene otro chofer, gustarle la gente, tener vocación de servicio y ser una persona humana.

Todo tipo de personas abordan una guagua y tienes que tener una sonrisa y un trato amable para cada una. Por eso cada dos años nos obligan a pasar una escuela, y nos estudian y hablan los sicólogos y si no estás apto o apta, para lidiar con el público, si perdiste alguna cualidad de esas, te separan.

Yo he pasado esa escuela cuatro veces.  Te dan como asignaturas: Tránsito, Sicología y Relaciones Interpersonales, que si tú eres “out” en relaciones interpersonales, no puedes manejar guaguas.

Déjame decirte, la gente no valora a los varones que manejan guaguas, y son tan valiosos o más que yo, porque la gente conmigo tienen deferencias: “Mira, una mujer manejando guaguas.”  “Caballero páguenle que es una mujer.”

Con ellos son crueles las gentes.  Ellos tienen que tener parsimonia, para cuando vienen tres hombres, por ejemplo, y les dicen: “no te voy a pagar,” o dicen “el de atrás paga” y el de atrás dice: “no, el de adelante” y ellos tienen que tragar en seco y mantener la calma, porque le cuesta a un chofer -una bronca* por cuarenta quilos- si llega una queja, la separación del centro de trabajo.  Porque nosotros primero tenemos que debernos al público, a los clientes.

Para mí, un chofer de ómnibus vale más que cualquier cosa y prestan un servicio súper útil, porque sin el transporte un país está detenido.

¿Dificultades, incomprensiones o discriminaciones?

Yurina: Bueno mira, cuando empecé en el Paradero de Guanabacoa, por supuesto hubo rechazo. El Instructor del Paradero me puso a dar vueltas en la nave y se olvidó de que yo existía.

Pero hubo un chofer en particular, Irán, que me dijo: “Ven acá mijita.  De verdad tú quieres manejar guagua.”  Y le dije: “Claro!  Y entonces me dijo: “Yo te voy a enseñar….”  A mí no me enseñó a manejar guagua el Instructor de Guanabacoa. Me enseñó este muchacho.

Entonces, cuando voy a sacar la Licencia de Conducción me mandan con Carmenate, un machista empedernido, que no le dio la gana de darme el timón, para que yo fuera para la policía que hace el examen. Cada carro tiene sus características y debes conocerlo. Por supuesto, suspendí.

Después, fui por segunda vez y me mandaron con Kiki, otro chofer del paradero.

Este era lo máximo igual que Irán, desde que salimos me dice: “A mí me dijeron que te diera la guagua en el policía, pero yo te la voy a dar antes, porque me da la gana y quiero que saques tu Licencia.  Cógela para que vayas teniendo tamaño de bola*,” y me dio un mínimo técnico en el barrio El Mañana que fue donde hice la prueba.  Cuando vio que yo estaba bien, me dijo: “Ahora, vamos para la policía.”

Se portó elegante. Si no es por Kiki, yo a lo mejor no hubiera sido guagüera nunca.

A ver!  Qué pasa?  Me encontré con detractores, pero dentro de los detractores siempre hay rebeldes.

Cuando empecé a manejar guaguas había conductores (cobradores). Yo llegaba al paradero y a veces tenía la guagua, pero no tenía al conductor.  No podía manejar.

Hasta que una mujer, Martha, conductora, dijo:”Yo voy a trabajar con ella” “No quieren que nadie maneje contigo, pero a mí me da la gana.”

Después que regresó al paradero dijo: “Oye! Tremenda chofer, un baro (dinero) que hala, que no es fácil…,” se rompió ese hielo y entonces ya todos querían trabajar conmigo.

P-6 Metrobus. Foto: Irina Echarry

Claro!, era buenísima, porque un chofer que anda corriendo no es bueno.  El chofer bueno para un conductor era el que se atrasaba 20 ó 30 minutos, porque recaudaba más dinero.

No era que yo fuera buena, es que era nueva y no sabía.

Entonces, ya tenía muchos amigos, los conductores todos me querían, porque no es lo mismo trabajar con un chofer que se faja con el público, que con uno que trata bien a todo el mundo. La gente deja más propina.

Y lo de la discriminación, es constante, pero es una minoría, aunque se debe tener en cuenta que los choferes son un colectivo de varones con sus virtudes y defectos.

¿Cómo te tratan los pasajeros?

Yurina: A la gran mayoría se la ve contenta conmigo.  Las mujeres…por favor!…se ponen “letal”:  “Oye, sííí!.  Eso es lo que hay que hacer!  Las mujeres adelante!.”

Los varones, muy caballerosos, muy todo, muy bien.

Yo creo que sí, que es un éxito total que la mujer maneje guagua.  Como en todo, hay sus poquitos, algunos estúpidos que lo ven de otra manera, pero con la gran mayoría todo va muy bien.

Porque lo mismo me gritan: “chofer!” que “oye muñeca! – lo que les dé la gana a la gente- abre atrás.”   La gente es así y yo no puedo basar mi vida en cómo me dicen.  Lo mío es prestar el servicio.

¿Qué dicen tu familia, tus amigos viéndote ahora de chofer?

Yurina: Mi familia no quiere que maneje guaguas.  Mi mamá tampoco, porque no tengo tiempo para ir a verla.  Ella sabe que yo soy una chofer por excelencia.  Su miedo es: “Que no sabe cómo yo, con el genio que tengo, puedo trabajar con público” y nunca se ha querido montar conmigo en la guagua.

Teme que alguien me ofenda y a cómo vaya a reaccionar, porque siempre he sido gente de guerra, “donde me las dan, las tomo,” pero eso no puede suceder porque es mi trabajo.

Por supuesto, mis amistades no quisieron que yo manejara guaguas tampoco, porque no tengo tiempo para atenderlas.

Porque eso tiene la guagua…es una vida de soledad.

Cuando tú estás durmiendo ya él chofer está caminando al paradero.

El que trabaja por la mañana, tiene que ir partiendo desde las dos.  Mientras más lejos el paradero, menos tú duermes.  La primera salida es a las cuatro y veinte de la mañana y ya los choferes tienen que estar ahí.  Termina una de la tarde, llega a su casa a las tres, lo que quiere es dormir, no ve televisión…se levanta y parte para trabajo otra vez.

El que trabaja por la tarde es igual, termina once de la noche, llega a la casa dos de la mañana. Qué tiempo tienes?

Un chofer de ómnibus tiene que tener dos cosas: personas que lo atiendan en su casa, porque si no se vuelve un desastre, no tienes tiempo de hacer nada. Se te cae la casa encima!, y después tener el espíritu de renunciar a cosas que le gustan.

Sucede también que mi oficio es como un bichito que tienes adentro. Imagínate, que el castigo para los choferes es no dejarlo manejar. Tú te portas mal y dicen: “ Ah, sí!, te portaste mal, verdad? Te vamos a quitar la guagua. Oíste!”

¿Y tú relación con los demás choferes?

Yurina: Mira, yo he estado -en Ciudad Habana- en el Paradero de Guanabacoa, en el Bahía, en el de Alamar, en Regla; donde mejor se me trató. Prestando servicio en Santa Amalia y ahora en el Calvario.

Nunca yo había visto las cosas que veo en el Calvario.  Allí no hay “compañeros de trabajo.” Fíjate, yo tengo compañeros que me quieren, que me adoran, pero son fieras cuando salen para la línea, para la calle. Por cargar más pasaje (colectar más), no respetan el horario de los demás. Lo mismo te sobrepasan, que se retrasan en las paradas.

Lo único que yo hago de gratis es la música. Que donde quiera que yo voy, toco, canto pero a mí me place muchísimo regalar lo que…digo yo: lo divino que hay en mí, el talento que me regaló Dios.

Claro, que eso tiene que ver por cómo se está trabajando ahora el transporte.  En una noche pusieron todas las alcancías: Ya no pueden trabajar de conductores…

¿Y qué pasó con los cobradores? 

Yurina: Había conductores malos, que maltrataban al público, como hay choferes malos que lo hacen.

Les decían conductores, pero eran cobradores.  Había los que no te daban tus 60 quilos de vuelto.

Yo tuve conductores honestos, que iban a Colecturía y pedían pesetas, “porque si no, no salgo,” y daban el vuelto, porque con los veinte pesos en pesetas que les daban no llegábamos ni a la quinta parada de la ruta.

Por otro lado, los mecánicos no viven con el sueldo que ganan. Existía un acuerdo entre el conductor, el chofer y los mecánicos para garantizar las salidas de las guaguas.  Un acuerdo que beneficiaba hasta los clientes.

El conductor llegaba antes, cuidaba las guaguas, y se encargaba de todo.

Pero, en Transporte todo el mundo sabe lo que pasa y en vez de tratar de mejorar las cosas, las empeoran.

Ahora está la AGESP (Agencia Protectora).  Los tienen contratados para que esa gente cuide las guaguas dentro del Paradero.  El cuerpo investigativo que elige a los choferes viene de AGESP también y además cuentan el dinero de la recaudación.

Ahora el chofer tiene una alcancía sellada.  Tú llegas al Paradero, viene un agente de esos, saca esa alcancía.

Tú jamás puedes ver lo que hay dentro, aunque tú sabes, uno va contando.  Con una libreta: uno, dos, tres, cuatro pesos; en la otra parada doce pesos, en la otra tres pesos y al final sumo y sé lo que tengo ahí en pesos, en pesetas no, pero en pesos sí.

Entonces, se llevan la alcancía para un Centro Colector donde cuentan el dinero y de allí baja una planilla al Paradero -que no ve el chofer- y te dicen si cumpliste o no cumpliste.

Ni el chofer, ni el Centro Colector pueden estar seguros de que a cada uno de nosotros se nos juzga según lo que realmente viene en esa Planilla.

Todo el que trabaja con dinero, tiene el derecho de participar al contarse lo que entrega, ¿por qué los choferes de ómnibus no?

Lo que había que hacer era haberse reunido con todos esos cobradores y haberles dicho: “Se acabó el relajo, el que no recaude, va para fuera el mismo día que incumpla.”  “…una queja de que maltrató al pueblo, va para fuera sin contemplaciones y se ponen nuevos cobradores.”

Obreros de nueve, diez, doce años “conducteando” una guagua -su trabajo, su comida, su pan- se afectaron.

¿Y eso cómo afecta a los choferes?

Yurina: Nos estamos rompiendo el lomo, atendiendo la alcancía, atendiendo al cliente y al tránsito.  El chofer no puede estar en todo, él está ahí para manejar.

En cualquier país del mundo usted ve un cartel que dice: “No moleste al conductor, no hable con el conductor,” y aquí, el conductor tiene que pasarse el día entero hablando y toreando a la gente -que te echen el dinero en la alcancía.

Si no cumples te botan, te sancionan, te mandan para la casa sin empleo y sin sueldo. Hombres con hijos que no pueden mantener su casa, porque no cumplieron con una recaudación.

Se está cometiendo una barbarie con los choferes del transporte y el chofer se incomoda. Fíjate, personas que transportan público y van estresadas.

Hubo un sesudo, que quiso ser más inteligente que los capitalistas que no pierde ni a las escupidas, que tienen ahí a cobradores, porque es como único ganan y aquí los quitaron: “Porque el pueblo no los quería!.”

Y cada día que pasa son menos los que pagan, porque van cogiendo “cara dura.”

Hay gente que no pagan y tú le dices: “Oye! la alcancía” y te dicen: “Aarg!  Eso no es tuyo” y siguen para atrás.

Eso es porque saben que no puedes reclamar como chofer, cambiar dinero, ni tocarlo.  Te enseñan un billete de veinte o cinco pesos en la mano, como si fuera un pase: “Chofer, mira, no tengo dinero” (fraccionaria), y siguen para atrás.

Una vez, llegué a una parada donde había siete personas y solo pagó una mujer.   Le dije: “Muchas gracias por pagar la guagua,” pero yo tengo un genio del carajo, y apago la guagua y digo: “Hasta que no paguen no voy a manejar. Decía José Martí que el hombre que regale el fruto de su trabajo tiene alma de esclavo y yo no tengo alma de esclavo. No voy a manejar más esto. Búsquense otro chofer.”

Entonces, hubo gente que dijo: “Oiga chofer!, los demás que pagamos no tenemos la culpa” y ya!, no hay nada que hacer.

¿Existen maneras de hacer que el pueblo tome conciencia de pagar?

Yurina: Por Mantilla una muchacha con un niño me hace señas y le paro.  Me da el peso en la mano, y hago por echarlo en la alcancía y me dice: “Si lo echas, vamos a tener problemas,” y le digo: “Por qué no quieres que lo eche en la alcancía?”

“Porque no me da la gana que Fidel se quede con lo que es mío,”

“…que cosa es lo que es tuyo,”

“El peso que te di,”

“Y la guagua esta que yo manejo, no es tuya?,”

“No, esta es de Fidel.”

“No, es un error.  Fidel no se monta aquí.  El que se monta aquí es el pueblo cubano.  Tú, yo, tu familia, tus amigos, tus compañeros.  Y esta guagua la compró Fidel para que tú la uses.  Tú estás ayudando a mantener vivo el transporte que nos regaló a nosotros.  Otro gobernante coge el dinero de estas guaguas lindas y nuevas, y compra una isla para él y su familia.  Este gobernante invirtió una cantidad de pesos, para que el pueblo nuestro tenga guaguas nuevas.

“Cuántas cosas no hace este gobierno por el pueblo y el pueblo lo destruye.   El gobierno te pone el Policlínico “Niu paquet” brand new), con todo, y el pueblo llega y se roba los bombillos, se roba las cosas de…”

“Sí, claro porque el salario no alcanza, se lo roban para vender, para tener dinero.”

“Es decir,…el gobierno da, el pueblo roba, como el gobierno está dando, pero no lo suficiente y el pueblo está recibiendo, pero se está quedando corto…entonces es la historia de nunca acabar.”

P-6 Havana Metrobus

Yo, gané un cliente.  Me esperaba todos los días: “Mira, como tú me enseñaste,” Pum! Y lo zumbaba en la alcancía: “Hay que ayudar al transporte.”  Ella adquirió conciencia de que el transporte es una cosa de todos.

¿Y tu vida familiar?

Yurina: Tengo hijos que no son míos, no los parí, los crié y me dicen mamá, y sus hijos me dicen abuela.  El entorno mío es el entorno de cualquier cubano, con un poco menos de tiempo para criticar lo malo o halagar lo bueno, porque el chofer no tiene tiempo para llevar vida social.

No avaricio nada, como tú ves vivo con lo necesario, no me interesa tener más de lo que tengo. El amor suficiente. Mi familia me adora. Creo que algunos de mis clientes también me quieren.

Mi pareja es excelente. Es decir que todo está bien en mi vida, todo está perfecto. No quiero nada más.

Lo que añoro es tener tranquilidad para trabajar. Poder disfrutar de mi trabajo, como cuando empecé en Transporte.

Prestar un servicio de excelencia, que le guste a mi población y paz. No tener tanto problema con la Recaudación, problema con esto…

Imagino que es lo mismo que necesitan todos mis compañeros de trabajo, que trabajamos con la espada de Damocles encima de la cabeza. Todos estamos nerviosos. Tomando pastillas, porque con el stress te duele todo, el cuerpo duele.

¿Otras ocupaciones y pasiones?

Yurina: Bueno, mira. El ser humano se desarrolla en dependencia de su entorno.  Soy la hija mayor de un matrimonio separado. Mi madre con cinco hijos era Ama de Casa, sin estudios. Mi papá se va. Mi mamá se queda sola y casi se muere de la depresión. El hombro que tuvo fue el mío. Fui su soporte.

Con nueve años hice mi primer trabajo. Teníamos un vecino, amigo, artesano, que hacía maceticas de barro y yo cogía las que quedaban mal. Él me enseñó a hacer unas cadenitas con alambre y yo metía dos pozuelitos en ellas y me iba por las calles a venderlos a cinco pesos el par y le daba ese dinero a mi mamá. Ese fue el primer trabajo serio que hice.

Siempre estudiaba a la par, porque mi abuelo, que era alemán y ya murió, siempre me dijo: “El tesoro mayor que puede tener un ser humano es la educación.  Puedes hacer con tu vida lo que te dé la gana, pero no puedes dejar los estudios.”  Y eso mismo se lo trasmití a todos los niños esos que crié.  Todos fueron a la Universidad.  Todos tienen carreras.

Mi mamá tuvo que aprender a trabajar.  Pasó una escuelita de Mecanógrafa.  Se fue a trabajar al Puerto y tuvo que becar a los mayores, ahí me fui yo, pa´ la Isla de la Juventud. Un año de sufrimiento.

Y entonces, la historia familiar, me ayudó mucho en lo que soy, que no le tengo miedo a nada. Yo puedo hacer cualquier trabajo, lo que me pongan.  Siempre y cuando se me retribuya ese trabajo.  No me gusta trabajar de gratis.

Lo único que yo hago de gratis es la música.  Que donde quiera que yo voy, toco, canto pero a mí me place muchísimo regalar lo que…digo yo: lo divino que hay en mí, el talento que me regaló Dios.

Nunca estudié música, pero compongo, escribo, hago poesía y ese talento es mío, entiendes? Que no he tenido tiempo de explotarlo, porque el tiempo mío era hacer dinero para mi casa.

He tenido presentaciones en público, fundamentalmente en Concursos:  2007-Tercer Premio de Composición y Popularidad en el Juan Arrondo.  2008-Tercer Premio en el Concurso María Teresa Vera.  2009-Primer Premio en Interpretación y Composición en el Concurso Jauma.

También he asistido a Peñas, a Conciertos -cuando tenía el Dúo Amigas- y sola: en la Sala Lecuona, Museo Plaza de la Revolución, en la Sala de la Resistencia, Galería de Arte de Alamar, Jardines del Museo San Miguel del Padrón. En Casas de Culturas de casi todos los municipios de la Ciudad.

Las personas que conocen la música y canciones que escribo les encantan.

Otra pasión mía es la naturaleza. Si por mí fuera viviera debajo de una mata, en una arboleda, con una hamaca, con las cosas imprescindibles, un algo para hacer fuego, para cocinarme un pescado, porque me encanta la vida nómada.

Por esta razón, me preocupa la ecología de mi país, que se está destruyendo.  Aquí tenía unos árboles frente a mi vista, que ahora no hay.  No es el árbol solamente lo que se destruye, es el habitad de miles de pajaritos, de miles de bichitos, de cositas que son útiles también al hombre.

Dondequiera tú ves árboles muertos y pájaros desorientados.  Cada vez que tumban una mata de almácigo ahí hay 4 nidos de Codornices o de Sinsontes.

Se destruye la ciudad también.  Edificios con una arquitectura preciosa y nadie está haciendo nada por eso.

Cuando comencé a manejar Metrobus, estaba tan emocionada con mi guagua nueva, que  decía: “Qué bello es 10 de Octubre,” pero no me daba cuenta de lo destruida que estaba la Calzada.  Y como ya me pasó la magia del inicio, ahora veo todo lo feo que hay.

Hay que detener esas cosas, para que la vida mejore.

Y Gentes! Deleitándome al escuchar las canciones de Yurima y disfrutando de su buena voz,  terminamos el encuentro, pues vive un poco lejos de todo y el transporte está malo.

 

 

4 thoughts on “El diario viaje de Yurina por la habana

  • Regina me encanto tu entrevista hasta me siento una admiradora de Yurina. Gracias siempre me gusta lo que escribes.

  • Regina: he disfrutado mucho esta entrevista. Gracias por el aporte

  • Regina gracias por esa entrevista, siempre tienes en cuenta a los trabajadores que al fin al cabo son los que mantienen a flote el país.

  • exelente entrevista!!!,conozco a imnumerables yurimas en la habana que la verdad que da gusto trabajar con ellas!!!

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