El contexto cubano actual es de suspenso

Entrevista con Armando Chaguaceda: “Tenemos un régimen que adversa a todo actor que reclame espacios”.

Por Karla Pérez*

Foto: Raydel Comas Rodríguez

HAVANA TIMES – Latinoamérica, verde, convulsa y desigual. Cuba, dentro de ella, distintísima, pero también verde, convulsa y desigual. Cuando la región ha sufrido tanto por historias desarrolladas desde la izquierda, confiar en sus ideólogos actuales resulta difícil para los pueblos.

El cubano Armando Chaguaceda, doctor en Historia y Estudios Regionales y politólogo, se considera parte de la “nueva izquierda”, de un socialismo democrático, abierto y plural que ha sabido marcar distancia con sistemas fallidos y dejar claro que su trinchera no es la del autoritarismo.

Te defines como parte de la “nueva izquierda cubana”, a pesar de las experiencias anteriores de la región. ¿Qué te separa de la “vieja”, y qué tienes de nuevo para defender?

La separación se basa en el concepto de izquierda dominante en Cuba en los últimos 55, 60 años, ha sido calcado al modelo soviético de partido único, organizaciones de masas subordinadas, de ideología de estado y de control estatal de la vida pública. Me aparta de esa izquierda mi concepción de que la democracia tiene que ser participativa, representativa, deliberativa, integral, pero nunca el poder de un solo partido o de una sola fuerza política.

La justicia social no puede ser solamente una dádiva del Estado, sino que tiene que considerarse a partir de un conjunto de derechos, y que si bien lo público es importante en cualquier nación de izquierda -la idea de un sector público importante, de una protección a los más desfavorecidos, la regulación del mercado- no puede ser de la mano de un partido, de un estado que controle los recursos de la nación sin rendición de cuentas.

Entonces me separa de la vieja izquierda la materia estalinista de la mayor parte de ese grupo, y lo nuevo es básicamente la idea de una democracia integral, todos los derechos para todas las personas, y la defensa de lo público no entendido solamente como lo estatal.

Evidentemente a partir de lo que comentas surge una pregunta.  ¿Qué está fallando entonces en Latinoamérica, donde varios procesos iniciados por la izquierda desencadenaron en gobiernos corruptos e incluso antidemocráticos?

Foto: Raydel Comas Rodríguez

Primero, que llegan al poder por la vía electoral. No son gobiernos revolucionarios, pero se resisten a salir del poder, cuando después de un periodo de tiempo han agotado su gestión, y entonces comienzan a aplicar una lógica revolucionaria, de “llego al poder y me mantengo” más allá de procedimientos electorales, más allá de los frenos y contrapesos, y una idea radical, máxima lista de la política. Es decir, la política -como expresaba Carl Schmitt- como una relación de amigo-enemigo y debo simplificar el campo político aniquilando todos los enemigos y estableciendo un predominio absoluto de mi opción.

En América Latina hubo grandes logros. Los resultados son diversos: Bolivia, Ecuador, por ejemplo, tuvieron logros importantes en tema de inclusión social, de desarrollo, y Venezuela ha sido un balance mucho más negativo en todos los sentidos. ¿Qué está fallando? Básicamente eso, que se llega al poder por la vía de las urnas, pero que en el fondo muchos son leninistas de closet o estalinistas de closet y se resisten a salir del poder una vez que la ciudadanía los desfavorece con el voto.

El contexto cubano actual es de suspenso. Las miradas solo apuntan una fecha: 2018. Quien ha gobernado el país durante la última década se retira, al menos, del espectro público. No existe hoy, a 6 meses de la anunciada “transición”. una propuesta a consultar con los ciudadanos cubanos sobre los destinos de la nación. Incertidumbre, desconocimiento sobre el futuro.

En febrero de 2018 Raúl Castro deja su cargo como presidente de Cuba. ¿Crees que será algo simbólico, o puede traer cambios internos reales y definitivos?

Yo creo que ahí puede haber cambios reales, como ha habido en los últimos años, pero tendrán que ver básicamente con un mayor aumento de los espacios del mercado, del consumo privado para ciertos sectores.

Eso en la esfera socioeconómica, por tanto más desigualdad, la pobreza se mantiene, algunos ganadores sectores nuevos conectados al mercado transnacional, artistas, pequeños empresarios, por supuesto, miembros del gerenciado de la élite, y una masa de trabajadores que sigue con un consumo y un salario depreciado como desde los años 90.

Armando Chaguaceda

Creo que en lo político se va a mantener un partido único, puede haber una dirección colegiada, puede haber una división de funciones siempre precaria entre el Partido(Partido Comunista de Cuba) y el Estado. Precaria porque el primero sigue siendo fuerza dirigente de la sociedad, y es muy difícil lograr diferenciar una actuación político-partidista de la administración, y en tanto exista una ideología de estado es muy difícil que se reconozca un pluralismo social.

Te recuerdo la diferencia que se estableció en las ciencias políticas entre totalitarismo y autoritarismo: en el  primero los espacios de pluralismo son mínimos, mientras que en el último, aunque no sean políticos pueden existir contrapesos en el ámbito empresarial, eclesial, social. Vamos a ser en Cuba una nueva generación, la primera generación post-histórica, pero no espero grandes cambios.

Sí, pero a pesar de esos cambios ocurridos durante la administración de Raúl Castro que mencionas, en estos últimos días se avizoraba un retroceso respecto al sector privado. ¿A qué se debe esta involución?

Considero tiene que ver con una percepción de riesgo, una idea de tratar de obtener una mayor cantidad de concesiones posibles del gobierno de Trump. Recientemente reunido en un evento académico con un miembro de la delegación estadounidense que negoció con Cuba, decía que era muy difícil incluso en algunos detalles obtener un reconocimiento a la necesidad de un mayor espacio al sector privado, de garantías a la inversión extranjera, que eran muy reacios los negociadores cubanos en esas cosas.

Entonces creo que con el entorno de Trump, y digamos el retorno de cierta hostilidad, por lo menos, verbal más que práctica, la idea y el miedo mismo ya desde la época de Obama, de que al surgir un sector independiente, autónomo, aunque fuera no tanto el reclamo de derechos, sino desde el punto de vista económico, asustó a la élite política cubana y los llevó a parar el proceso.

Con lo que están insistiendo en los últimos tiempos con el cuentapropismo particularmente y algunas cooperativas, hay una mezcla de miedo a riesgo político en una coyuntura de transición, a que siga creciendo el sector privado, porque puede ser un potencial autor autónomo a futuro y también un ordenamiento desde el punto de vista más administrativo.

Es decir, ellos saben que no tienen un sistema mayorista, saben que hay mucho robo al Estado y quieren ordenar por esa vía. Carmelo Mesa Lago ha planteado que dadas las variables de la sociedad y la economía cubana, el envejecimiento demográfico, la migración incontenible, el magro crecimiento económico, esta política restrictiva al único sector que crece y absorbe fuerza de trabajo y provee bienes y servicios es nefasta.

La sociedad civil cubana es más visible. ¿Cuál ha sido su mayor victoria y qué problemas restan por erradicar?

Foto: Raydel Comas Rodríguez

Lo que resta por erradicar es el régimen político, es decir, el conjunto de instituciones y normas que impiden que se expanda esa sociedad civil, no solamente opositora, sino autónoma, cooperativista, organizaciones que atienden a poblaciones desfavorecidas, iglesias, movimientos comunitarios. Tenemos un régimen autonomófobo: no solo adversa a una oposición que se pueda identificar como la derecha, sino a todo aquel actor que se desarrolle y reclame espacios de autonomía.

Su mayor victoria yo creo que es existir, persistir, pero tienen muchas trampas, primero el régimen que le pone trabas, segundo los propios mecanismos de autopreservación que el régimen ha inducido en esa sociedad civil, es decir, para yo subsistir, tengo que contar con la venia del Gobierno y, por tanto, si tengo un centro cristiano que hace atención social o si tengo un proyecto cultural en un barrio no voy a relacionarme con actores de la oposición.

Paradójicamente esto es complicado, porque muchas veces lo que hoy le sucede a un actor confrontacional, opositor, que llegó a ese status por historias personales -no necesariamente porque se convenció ideológicamente de adversar al gobierno- puede pasarle mañana a otro actor.

La sociedad civil cubana tiene un grave problema, como la sociedad en Cuba: de memoria, de acumulación de experiencias, porque el gobierno ha controlado la historia, ha controlado el pasado, y periódicamente reproduce prácticas de represión que muchos actores nuevos no saben que se han practicado con otros. Hay una debilidad estructural de esa propia sociedad civil; además, ha sido inoculada por los mecanismos de control, de miedo, de paranoia, de desconfianza, de delación, de un gobierno de tipo estalinista-soviético. Sin embargo, sí existen espacios de personas que sencillamente quieren cambiar el gobierno por la vía pacífica, o quieren hacer el bien por su comunidad y atender a demandas insatisfechas de diferentes tipos de cubanos que viven en la isla.

*Karla Pérez: 19 años, cubana. Inició estudios de periodismo en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (Cuba), donde culminó un semestre, y en abril del presente año fue expulsada de la carrera y de la Educación Superior de Cuba por motivos políticos. Actualmente radica en Costa Rica y estudia en la Universidad Latina.

 

21 thoughts on “El contexto cubano actual es de suspenso

  • Esopo, te creeria si no viera en te termino el ultimo capitulo del socialismo democratico o del siglo 21 en latinoamerica. Contrario a lo que prometieron gobernaron utilizando las peores practicas del capitalismo: corrupcion, robo descarado a las arcas del estado, clientelismo politico, falta de transparencia, persecucion a la prensa y a la oposicion, terrorismo de estado, alianzas internacionales con dictaduras y regimenes antidemocraticos.

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