El arte de ser mujer

Por Yusimí Rodríguez

Chantal

HAVANA TIMES — La vi por primera vez en el Café Amor o Karabalí, como muchos seguimos llamando el centro nocturno. Otras pueden ser más histriónicas, más ingeniosas o tener más sentido del humor. “Pero Chantal es la más bella”, me había anunciado mi amigo Alexandros, y tenía razón. Te quita el aliento en cuanto sale al escenario, y no necesita hacer nada más que estar ahí, mostrarse, sonreír.

El mismo amigo me la presentó en el Bar Esencia, un Bar-Restaurante donde actúa los lunes, y justo una semana después he regresado a entrevistarla. Como casi toda mujer hermosa se hace esperar, y me pone nerviosa porque mi fotógrafo esta vez está apurado. Es él justamente el primero que la descubre aunque no la había visto antes, pero apenas ve la puerta de un carro abrirse y el tacón de un zapato rojo, quizás un poco grande para la media de las mujeres, me dice: “Ahí está”.

Sólo puede ser ella, con un vestido estridente, unos zapatos rojos, y una cara… bellísima. Y como si llevara la ropa más sencilla del mundo atraviesa la puerta del bar y va de mesa en mesa saludando a los asiduos y a quienes acuden por primera vez a la Noche de la Diversidad en Esencia. El bar abre cada noche, y para cada noche hay una propuesta diferente. La del lunes está dedicada a la diversidad y los protagonistas del show son transformistas. La anfitriona es Chantal.

Pero el hecho de saber que ese pelo rizado y abundante (o elegantemente corto, por momentos) es peluca, que las caderas y las piernas son postizos y los senos falsos, no le resta gota de encanto a esta mujer. ¿O más bien, lo incrementa? Quizás la magia está justamente en ver a un varón imitar a una mujer, al punto de crear una mujer casi imposible.

Todo el que asiste a Esencia los lunes sabe que nada en esas mujeres súper maquilladas que suben al escenario a doblar temas de cantantes famosas, es real. Lo único real es el deseo de dar vida, durante algunas horas, a una mujer especial. Dicen que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. En este caso, detrás de esta gran mujer está Leonardo León Reyes, un joven estilista de 39 años. Pero en el camerino, mientras habla conmigo a la vez que se coloca las uñas, cambia de peluca, de zapatos y se coloca el cuerpo, no sé cómo llamarlo. Me sonríe con sensualidad: “Ahora soy Chantal”.

Hasta a Almodóvar

Chantal: Entré al mundo del transformismo por curiosidad. Por mi trabajo como estilista, siempre me acerqué al mundo del arte, del cabaret, el maquillaje… Fui una vez a una fiesta, hace muchos años, cuando era prohibido, y me gustó ese mundo. Me hice una prueba yo mismo de maquillaje y un día me presenté. Tenía 19 años entonces. Ese día surgió mi personaje Chantal, hace veinte años.

HT: Sé que existía aquella casa en la Güinera (reparto del municipio Arroyo Naranjo en La Habana), donde había espectáculos de transformistas, que eran ilegales, y que tú actuabas allí, porque tengo un amigo que fue también transformista en aquel entonces.

Chantal: Justo en esa casa de la Güinera surgió Chantal. El transformismo era prohibido, pero como todo lo prohibido era muy emocionante. Las personas buscaban lo que no se conocía. Se hacía a escondidas, pero era muy bonito.

HT: ¿Qué quieres decir con que era prohibido? ¿Iba la policía, se llevaban gente presa?

Chantal: Era ilegal. Si te cogían vestido de mujer, ibas preso. Era ilegal hacer reuniones, como gay.

HT: ¿Te llevaron preso alguna vez?

Chantal: No. Yo hacía transformismo de forma esporádica y nunca me llevaron, pero a otros, sí. Cuando el Periquitón (una casa en Marianao donde se hacían fiestas con show de transformistas; el dueño también se llamaba Leo), por ejemplo, estaba Almodóvar aquí y se llevaron a un montón de gente, hasta a Almodóvar. Yo estaba ahí, pero me escapé.

HT: ¿Por qué seguiste haciéndolo, si era ilegal y te podían llevar preso?

Chantal: A las personas les gusta lo prohibido. Además, yo lo hacía como artista. Soy artista en todo lo que hago: lo que hago con mis manos y con lo que represento. Me considero un actor empírico. ¿Por qué no lo iba a hacer, porque la sociedad o el régimen no lo permitían? Como artista quería expresarme de esa forma, ¿por qué limitarme? Yo siempre he tenido claro lo que quiero.

Me cuenta que en la casa de la Güinera no cobraba. Empezó a cobrar en la casa de Rogelio Conde, que se llamaba el Bar de las Estrellas. De esa época, y de Rogelio Conde, habla con mucho cariño.

La imagen del transformismo cubano

HT: ¿En qué consiste el arte del transformismo?

Chantal: Imitar la figura femenina, la delicadeza; rescatar un poco los valores de la vedette, como lo fue Rosita Fornés. Tuve el placer de ser su último estilista, en la última etapa que actuó en los teatros. Yo intento rescatar esa belleza femenina, el glamour, la forma de comunicarse con el público. No caer en la vulgaridad, ahora con el reguetón todo ha cambiado.

HT: Siempre me llama la atención que un hombre al que no le atraen las mujeres sienta esa fascinación por lo femenino.

Chantal: No me gustan sexualmente las mujeres; soy homosexual, pero admiro la belleza femenina. Mi trabajo, como estilista, es embellecer a las mujeres. Como transformista, tuve la suerte de que la naturaleza me diera esta cara. Por algo me dicen “la imagen del transformismo cubano”. Es un nombre que me ha dado el público, no me lo puse yo. Siempre intento hacerlo lo mejor posible, alcanzar la perfección, aunque por supuesto todos tenemos defectos.

Su cara también le permitió ser modelo de fotografía, como Leo, cuando rondaba los 17 años.

HT: ¿Qué es lo más difícil?

Chantal: Quizás, el público. Que en el momento de salir, el público no te acepte. Si cuando salgo, recibo un aplauso, de ahí para allá no hay más nada. Recibir el aplauso de la gente, que te quieran, es lo máximo. Para mí sería muy difícil salir y que el público no me aplauda.

HT: Nunca fui a la casa de la Güinera, en los noventa, pero pude ver transformismo en aquella época, y veía que imitaban a una artista determinada. Pero ahora me parece que son más repetitivos en los gestos y que doblan canciones de distintas artistas, sin que haya caracterización de ninguna.

Chantal: Aquello fue una época. Cuando yo comencé, me dije “tengo que buscar dentro de mí quién realmente soy”. Yo puedo caracterizar a una cantante en determinado momento, pero tengo mi personaje que es Chantal. Busco las canciones que me gusten y me lleguen, que yo pueda sentirlas y expresarlas. El transformista expresa con sus manos, sus gestos, sus ojos lo que dice la canción. Si no lo sientes, no pasa nada. Hubo una época en que imité a Talía, cuando comencé. Pero me he creado mi personaje, con mi imagen que no se parece a nadie. Muchos transformistas tenemos creados nuestros personajes. Está Imperio, Margot, Estrellita…

Llevar el arte en la sangre

Muchos lectores pueden sentir curiosidad por ver a Chantal, pero en realidad, ya lo hicieron. Fue uno de los dos transformistas que aparecieron en el programa “Vivir del cuento”, interpretando a dos travestis. El otro fue Jean Carlos conocido en el mundo del transformismo como Gala.

Chantal: Llegué al programa, porque me llamaron. Quizás, porque había trabajado en el programa “Sonando en Cuba” como estilista. Iba vestido como Leo, pero conocí a muchos artistas, supongo que se regó que además era transformista, y decidieron llamarme. Para mí fue una gran sorpresa, y todo fue muy espontáneo, una experiencia muy bonita.

HT: ¿Cómo te sentiste entre las personas de la televisión, hubo algún signo de homofobia?

Chantal: Por el contrario. Nos abrieron las puertas desde el primer momento. Estaban asombrados porque a pesar de que no somos artistas de escuela, no hubo necesidad de filmar las escenas por segunda vez. Yo les dije que eso lo llevamos en la sangre, aunque quizás en un momento no tuvimos la oportunidad de estudiarlo.

De niño, quise estudiar actuación, pero mi madre no me dejó por el qué dirán. Hoy se arrepiente. Dice que es lo único de lo que se arrepiente en la vida. Eran los tabúes de la época.

HT: ¿Y tu papá qué decía?

Chantal: Él enfermó desde que yo tenía quince años. Estaba enfermo ya cuando decidí mi vida, y realmente me apoyaba. Quizás, fue duro para él, pero como yo era su mano derecha… Teníamos muy buena relación. Le cuesta trabajo hablar de su padre que es fallecido.

Chantal: Mi madre es mi vida. Me quiere y me admira como lo que soy.

HT: Cuando Gala habló del programa en el Café Amor, dijo que temieron en algún momento que no se pusiera el programa en la televisión.

Chantal: Hubo mucho desenchuche, primero estuvo el Papa de visita…

HT: ¿No era apropiado ponerlo cuando estaba el Papa?

Chantal: No sé y por eso no quiero especular.

El público gay es más exigente

HT: He visto que ustedes son las protagonistas de los centros nocturnos a donde acude el público gay. Donde hay show de transformistas, van los gays.

Chantal: Los shows han demostrado que podemos convocar al público. Y no solo gay, sino un público diverso, como lo que hemos logrado aquí en el Bar Esencia. Hay lunes que tengo más público heterosexual que gay.

HT: ¿Con cuál te sientes más cómodo?

Chantal: El público gay es más exigente. El público hetero tiene más curiosidad. Cuando nos ven, quedan atrapados por la fantasía de los vestuarios, de esa vedette que no existe. Tenemos mucho público heterosexual que nos sigue. Yo no establezco diferencias entre tipos de público, sino de personas. Las hay buenas y malas. No importa el género ni la preferencia. El público viene a ver arte y eso le brindamos.

HT: ¿Crees que sigue existiendo discriminación contra los homosexuales?

Chantal: Sí. Hemos logrado mucho y Mariela Castro nos ha ayudado muchísimo, pero sigue habiendo homofobia. En mi caso no la he sufrido, porque he hecho mi vida sin preocuparme de la sociedad y mi madre me acepta, pero aún hay homofobia en nuestro país. De todas formas, hemos avanzado. Tenemos la celebración del Día de la lucha contra el SIDA el primero de diciembre, la lucha contra la homofobia el 17 de mayo. ¿Quién iba a decir que un día nos pararíamos en un teatro?

Justo una semana más tarde me recibe, no en su casa precisamente, porque no tiene agua, sino en la de una vecina, donde atiende a una clienta. Habla conmigo mientras trabaja. Ahí me cuenta que la primera vez que actuó en un teatro fue en el Astral, y después en el Carlos Marx. “Todo eso ha sido posible gracias a Mariela Castro y a las jornadas contra la homofobia”. En el Carlos Marx, usó un vestido de espejos y el público se puso de pie. “La idea de un vestido así era un sueño mío; le pegamos fragmentos de espejos. Lo hicimos entre el diseñador y yo”. Justamente es un diseñador quien diseña todo su vestuario y lo elabora luego con las telas que Leo compra. “Antes yo mismo me hacía los vestidos, pero ya no tengo tiempo”. Cuando le pregunto por los senos postizos: “son traídos, me costaron 200 CUCs”.

Pero aunque se enorgullece de que los transformistas han llegado a los teatros, la realidad es que no les pagan por esas actuaciones. En los centros nocturnos sí cobran. No existe la figura de transformista en las plantillas de estos sitios, sino la de “excéntricos musicales”.

Además, pertenece a la Agencia Actuar como estilista. “Trabajo en todos los eventos de moda que se hacen, además he sido estilista de Rosa Fornés, como te dije, Beatriz Márquez, Laritza Bacallao… muchas figuras del arte”.

Cuando le pregunto qué prefiere, ser estilista o transformista, no vacila: “estilista. Disfruto mucho embellecer, transformar a otra persona”. Aunque trabaja también con hombres, prefiere el trabajo con las mujeres: “con el hombre te limitas a un corte de cabello y ya; con ellas tienes más oportunidad de trabajar, ves más la transformación”.

Pero ahora converso con Leo; Chantal está “metida en una maleta”. Leo nunca ha querido trasvestirse ni ser mujer. “Soy feliz como soy y si volviera a nacer quisiera ser exactamente lo mismo”.

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Compañeros, Varadero, Cuba. Por Cheril, LeBlanc (Nova Scotia, Canadá). Cámera: Nikon D 3400

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