Descubriendo el otro Siboney

Osmel Almaguer

Carlos Cuello Guerra. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 14 junio — Entrevista a Carlos Cuello Guerra (28 años), hijo de Marlenys Guerra, vecina de la comunidad de Siboney, en el municipio de Cacocún, provincia de Holguín.

HT: Carlos, en La Habana existe un barrio que también se llama Siboney. Es conocido como uno de los mejores. En él viven muchas de las personas más importantes del país. ¿Podrías establecer sus semejanzas y diferencias con el barrio en el que te criaste?

Carlos Cuello Guerra: Compararlos sería muy difícil, primero porque nunca he estado en el Siboney capitalino, pero sobre todo porque, según lo que he escuchado, sería como querer poner a Haití al lado de Suecia.

Imagino que los vecinos del Siboney habanero no cuentan con solo cuatro horas de fluido eléctrico al día, y no se pasan una semana completa sin agua, y tienen calles que no se enfangan cuando llueve, que son de mampostería y techo de concreto, y tienen teléfono en casa, y pueden ir al teatro, al cine, a la playa, en fin, llevar una vida normal.

Pues bien, el Siboney holguinero es un pequeño barrio de unas 300 casas que se comenzó a formar por los años ochenta. Queda como a 9 kms de Cacocún y a 24 de Holguín. No tiene corriente eléctrica y raras veces cuenta con agua corriente suficiente. Solo la calle principal está pavimentada y queda en una extensa llanura. Te podría agregar que a pesar de la humildad es un lugar bonito, aunque solo de día, pues después de las 10 de la noche se apaga la planta eléctrica y comienzan a predominar la oscuridad y los mosquitos.

Mi Siboney, en el que viví hasta los catorce años, es un barrio de jóvenes que se entretienen jugando pelota o tomando alcohol de bodega con guarapo. Los niños fabrican tractores de juguete con los pedazos de tablas que encuentran y los ancianos se refugian en la sombra de sus casas, pues no hay parque ni lugar alguno donde conversar. Imagino que se diferencia en mucho del siboney de por acá, y no sé en qué se pueden parecer. Tal vez en que en ambos viven personas.

HT: Has resaltado las dificultades con el agua y la corriente. ¿A qué se deben tales limitaciones?

CCG: Por falta de reclamos no ha sido, pues no ha habido reunión del CDR ni del Poder Popular en las que no se hayan planteado estos problemas. Incluso tenemos un vecino que en una ocasión vino a La Habana a reclamar a las instancias correspondientes y regresó sin una respuesta concreta.

Las justificaciones más habituales son la falta de recursos y el bloqueo. Yo quisiera que quitaran el bloqueo a ver de qué nos íbamos a agarrar en lo adelante. La solución requiere de algunos recursos, es cierto, pero no es nada imposible para el gobierno de una provincia, pues yo no puede creer que unos cuantos cientos de metros de cable y un transformador sean tan difíciles de adquirir. En cuanto al agua, cuyo pozo queda a 8 kms y es robada por los agricultores, podría instalarse una turbina en el pozo más cercano que queda a tres kms de Siboney.

Lo que más risa provoca es que a ambos lados de nuestro barrio se ubican otros dos que sí cuentan con la instalación de la corriente eléctrica y gozan de la estabilidad en el servicio de agua. Claro, esto no quiere decir que seamos la cenicienta, pues conozco tres poblados más que están en iguales condiciones o peor.

HT: Un barrio de 300 casas es ya una concentración humana que requiere de atención, así como de una estructura urbana en la que se incluyan, al menos, una escuela, un policlínico, un centro de socialización que puede ser una plaza, un parque, un aérea deportiva, etc., servicios comunales, bomberos, policía, una tienda y otras entidades que garanticen el funcionamiento y garanticen un cierto nivel de vida a sus habitantes, sobre todo, teniendo en cuenta la distancia que les separa de Cacocún. ¿Con cuales de estas cosas cuentan en Siboney?

Tenemos una escuela, una sala de video con uso estrictamente educativo, un consultorio médico que pasa gran parte del tiempo sin doctor, un centro agente en donde hay un teléfono, una pequeña bodega y una cooperativa que es la principal fuente de ingresos del poblado.

HT: He notado que carecen, por ejemplo, de un policlínico, una farmacia, un lugar en el que divertirse, una estación de policía, una tienda, etc. ¿Cómo se resuelven las emergencias cuando algún vecino necesita de alguno de estos servicios?

CCG: Mi madre padece de asma. Cuando entra en crisis hay que llamar a un tractorista para que la lleve a Cacocún. En ocasiones ha llegado al policlínico sin asma, de tanto tiempo que se demora en llegar. Asimismo sucede cuando alguien necesita un artículo o servicio que se oferta lejos del barrio. Hay que pararse en la carretera y pagar 10 o 20 pesos a los carros que pasan. Así lo que necesites sea una aguja, porque simplemente no tenemos ninguna oferta.

Allí nadie vende meriendas, refrescos, nada. Es un barrio casi muerto. Los jóvenes de mi edad tienen los dientes picados. Si te fijas bien, a mi me sucede un poco.

Hay un policía que a veces está y a veces no. Pero cuando está quiere hacer cumplir la ley demasiado literalmente, y se olvida de que los que viven allí son gente que no tiene en qué entretenerse.

Como no tenemos servicios comunales, cuando se tupen las alcantarillas, son los mismos vecinos los que la destupen. Y se tupen con frecuencia, debido a la estrechez de las tuberías.

De diversión no hay mucho. La última fiesta que recuerdo fue hace 10 años, con motivo del fin de una zafra. Hubo cerveza y música.

HT: ¿Qué podrías agregar acerca del Siboney?

CCG: La gente es trabajadora. Se levanta a las cinco de la mañana y para cuando oscurece. Se acuestan temprano. Cotillean mucho, como en todo barrio pequeño. La delincuencia es casi nula. Yo crecí en él y no me arrepiento. Aunque es evidente que la gente del pueblo necesita una ayuda, es por eso que te concedo esta entrevista ¿no?

 

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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