Caridad Bermúdez, cubana, madre y mujer luchadora

Por Ivett de las Mercedes

HAVANA TIMES – Vencedora de adversidades y vicisitudes la mujer cubana es considerada una hacedora de milagros. Caridad Bermúdez (35 años) es una de esas mujeres que extraen con su pericia e inventiva el néctar a los días. Aquí nos cuenta qué hace para sobrevivir.

HT: ¿De dónde surge su habilidad para enfrentar la cotidianidad?

Caridad Bermudez: Tuve la suerte de tener una madre que se las ingenió, pese a todo pronóstico, para que nunca faltara la comida en casa. Mi padre se había vuelto a casar y ella se encontró sola con dos hijos pequeños. Vivíamos en un solar en Centro Habana, donde casi todas las tardes se jugaba dominó.

Mi madre comenzó a hacer frituras de malanga o maíz, según la estación, y se las vendía a los jugadores. Teníamos una tía que siempre nos daba el aceite que le sobraba, después de cocinar, y con eso comenzamos a ir tirando. Además, guardaba algo de picadillo, pellejos de pollo o de pescado y con el pan viejo hacía croquetas. En aquella época incluso hubo gente que comió hasta bistec de toronja y frazada de piso.

HT: ¿Esta destreza de tu madre para sacar a la familia adelante fue solamente en cuanto a la alimentación?

CB: Déjame aclarar que, aunque a la gente no le guste mencionarlo, la comida es la gasolina del cuerpo; en aquella época llegamos a comer incluso picadillo de cáscara de plátano.

Mi madre iba a Güira de Melena y a San José, para cambiar ropas por viandas. Ropas que ya estaban en malas condiciones, pero los campesinos estaban peor. Contestando tu pregunta te diré que mi madre se convirtió en zapatera y costurera, entre otras cosas.  Si se nos rompían los tenis ella se las ingeniaba poniendo en cada hueco un sello de esos que van en la parte trasera de los pullovers, y si era la suela, la remendaba con las etiquetas de cuero de los pantalones pitusas, lo mismo sucedía con las bolsas o mochilas.

HT: ¿Te daba vergüenza ir a la escuela en esas condiciones?

CB: No, había muchos niños como nosotros, mi madre siempre decía que lo importante era estar limpios. Recuerdo que nos lavaba el uniforme a diario, guardaba los restos del jabón para después derretirlos, en un molde ponerlos al sol y hacer uno nuevo. 

HT: ¿Crees que el periodo especial fortaleció el carácter de las mujeres?

CB: Por supuesto. Una mujer hace cualquier cosa por alimentar a sus hijos. Esa capacidad para sobrevivir nos las legó nuestras madres. En las mujeres recayó el peso del hogar, no es que los hombres no trabajaran, pero la mayoría de las veces eran ellas quienes hacían la maravilla de multiplicar el dinero. No recuerdo haber visto nunca a mi madre quejarse, trabajaba desde el amanecer procurando la comida de la noche.

HT: ¿Qué haces en tu día a día?

CB: Sobrevivir en Cuba se ha convertido en un arte. Yo también tengo dos hijos y soy madre soltera, dejé mi trabajo porque el salario no me alcanzaba para mantener a mis hijos. Vendo cualquier cosa, en temporada de playa salgo con dos jabas, en una cargo panes con croquetas y en la otra pomos de refrescos. Doy dos o tres viajes y con lo que gano tengo asegurado el almuerzo y la comida de mis hijos.

HT: Eso no es legal ¿No temes ser sorprendida por la policía?

CB: Todo en la vida es un riesgo, soy una gente muy positiva, no pienso que le esté haciendo daño a nadie. Me levanto de madrugada para comprar el pan y hacer las croquetas, el refresco es instantáneo. En otras ocasiones, cuando tengo algún desenvolvimiento hago cake o flan y enseguida me lo compran en el barrio. Ahora estoy vendiendo también agua en la terminal de ómnibus. Mira, no me va mal, pero no me alcanza para pagar una licencia.

HT: ¿Cómo es eso de vender agua?

CB: Muy simple, hay mucho calor y no hay donde tomar agua, no todo el mundo tiene dinero para comprarla en divisas. Si el Estado vende el agua ¿por qué yo no? Cuando la gente tiene sed toman agua de la llave, incluso de bebederos que no tienen ninguna higiene, como el de la terminal de ómnibus. Hervir el agua es imposible, mi gas es de balita, pero los pomos los lavo con detergente y el agua es la misma que toman mis hijos.

El que compra el agua sabe de dónde procede, los vendedores de duro fríos tampoco hierven el agua para hacer el hielo. En algunas zonas de la Habana es un lujo hervir el agua. Yo considero que le estoy haciendo un favor a la gente, además la idea no fue mía, cuando comencé a vender el agua ya hacía mucho tiempo que otros la ofertaban. Cuba es un país caluroso, y el agua y el refresco deberían estar al alcance de todos.

HT: ¿Qué otra actividad forma parte de tu cotidianidad?

CB: Algo fundamental en mi día es la llegada de mis hijos de la escuela, sentarme con ellos a hacerlas tareas, por suerte solo tienen un año de diferencia. Aquí también tengo que hacer magia, el dinero no me alcanza para pagar los repasos a los maestros particulares, por lo tanto, he vuelto a séptimo y sexto grado. En mi caso se encuentran muchas familias, que aunque trabajan para el Estado, no pueden darse el lujo de pagar, todo el mundo sabe que aquí o comes o te vistes o estudias, todo a la vez es casi imposible.

Parejo a esto está comprar las mochilas, es absurdo pensar que nuestros hijos puedan ir a la escuela con otra cosa que una enorme mochila pues tienen que llevar muchos libros, se imagina el sacrificio de algunas familias para comprarlas. He visto niños que asisten a la escuela como mismo lo hacíamos mi hermano y yo, con mochilas remendadas y tenis rotos. Algunos no pueden llevar ni meriendas.

HT: ¿Qué mensaje quieres hacer llegar a los lectores?

CB: Me gustaría que todo el que me lea sepa que las mujeres cubanas somos las más valientes del mundo.



2 comentarios sobre “Caridad Bermúdez, cubana, madre y mujer luchadora

  • La mujer cubana es sacrificada en todo sentido, pero debemos poner a la familia completa, es cierto que cundo hay un divorcio la mujer se queda con la custodia, y en cuba es un gran sacrificio tanto cuando son pequeños, como cresen y los problemas cresen con ellos, no hay una lux al final del pasillo, me da pena cuando dicen en la televisión se le pide un esfuerzo al pueblo cubano, y quien lo está diciendo parece que se revienta en cualquier momento de lo gordo y colorado.

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  • Hay un contraste agudo entre aquellos que viven en paises
    desarrollados y aquellos que viven en paises en via de desarrollo.

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