Apuesta a la Diversidad Agrícola en Cuba

Patricia Grogg

Entrevista con el cubano Humberto Rios, premio “Nobel Verde” 2010

Ganadores del Goldman Environmental Prize. Atras (de izquierda a derecha): Lynn Henning (EE.UU.); Humberto Ríos Labrada (Cuba); Randall Arauz (Costa Rica) Delante: Thuli Makama (Swazilandia); Tuy Sereivathana (Cambodia); Malgorzata Górska (Polania). Foto: goldmanprize.org

HAVANA TIMES, 31 mayo (IPS) — El científico e investigador cubano en biodiversidad Humberto Ríos, ganador este año del estadounidense Premio Ambiental Goldman, probablemente no pueda cobrar los 150.000 dólares de la distinción, aunque el contratiempo ni le quita el sueño ni las ganas de cantar.

“Estoy preparando con mis hijos mi segundo disco”, cuenta.  En su viaje en abril a Estados Unidos a recibir el también conocido como Nobel Verde, visitó la Casa Blanca y el Congreso legislativo, dentro de la agenda preparada para los premiados, procedentes, además de Cuba, de Polonia, Costa Rica, Estados Unidos, Swazilandia, Camboya y Polonia.

El Premio Ambiental Goldman fue creado en 1990 por los líderes cívicos y filántropos Richard N. Goldman y su hoy fallecida esposa Rhoda H. Goldman, para reconocer a quienes dedican sus esfuerzos al cuidado de la ecología.

“Cuando saludé a Barack Obama (presidente de Estados Unidos), le dije que quizás por primera vez un cubano de la isla estrechaba su mano y que tenía tres cosas para él: mi tarjeta de presentación, mi música -le entregué mi primer disco– y mi corazón, para todo el pueblo de ese país”, recordó en entrevista con IPS.

Ríos comenzó en los años 90 a promover el fitomejoramiento participativo y las ferias de la agro biodiversidad como fórmula para rescatar y diseminar variedades genéticas y cultivos orgánicos de bajo costo, en un proceso en que los campesinos de pequeñas fincas juegan un papel protagónico.

El movimiento, encausado a través del “Programa de Innovación Agraria Local” (PIAL), involucró en sus comienzos a un puñado de científicos y tres comunidades campesinas. Hoy, más de 50.000 cultivadores y unos 100 hombres y mujeres de ciencia de nueve provincias cubanas ya asumieron que esa es la opción

En el proyecto confluyen varias instituciones locales y la colaboración de Suiza, Canadá, Holanda y Gran Bretaña, entre otros países. “El PIAL ha transformado los sistemas productivos hacia formas más sostenibles y también ha favorecido cambios en las relaciones entre hombres y mujeres del campo”, comentó.

IPS: ¿Cuál es la receta para lograr ese grado de aceptación en el campesinado?

HUMBERTO RIOS: La diversidad nos da opciones de escoger aquello que mejor puede crecer en el terreno disponible y con bajos insumos. Permite duplicar y triplicar rendimientos, multiplicar la variedad de cultivos y cada cual puede rediseñar su sistema productivo.

“Además, a la vez que se organiza una canasta de diversidad de semillas, se facilita el acceso y cada productor que viene y selecciona en una feria de diversidad se convierte en una micro estación experimental. Lo único que le pedimos es que luego él replique ese gesto con otras personas. Lo importante  es que esa diversidad se difunda entre muchos”.

IPS: ¿Como ha funcionado esa estrategia? Hay cierta creencia de que el campesino desconfía, que no comparte…

HR: No, no, hay demanda de reconocimiento entre los campesinos y campesinas, de que se sepa que lo hacen es importante para la sociedad. Quieren  que el gobierno local vea que ahí tiene la solución, no hay que buscarla fuera. Ellos tienen la clave de cómo diseñar una finca que pueda brindar alimentos sin insumos ni gastos energéticos.

IPS: ¿Desearían que fuera parte de la política económica del país?

HR: Exacto, pero primero hay que cambiar de mentalidad. Reformular un poco los conceptos de agricultura en Cuba, lo cual lleva tiempo, porque no se puede acelerar ante el riesgo de que aborte en el camino. Nuestro sistema agropecuario está concebido aún sobre la base de principios industriales.

“Aunque ya se ven algunos pasos como la agricultura urbana y suburbana que van ganando cada vez más espacios, lo mismo que los cultivos orgánicos.  Todo está en enriquecer y perfeccionar estas alternativas. A mediano y largo plazo tenemos que transformar nuestros paradigmas de producción de alimentos”.

IPS: ¿Existe el riesgo de que una mejoría de la situación económica lleve al abandono de prácticas ecológicas en la agricultura?

HR: Sería el error más grande que pudiéramos cometer. Pero dudo que Cuba pudiera usar nuevamente insumos químicos como se hizo en los años 80, por un problema de costos. Si eso ocurriera, sería contrayendo una gran deuda para poder pagarlos, poniendo en duda la soberanía alimentaría.

“Además, la diversidad se perdió con el modelo industrial de agricultura aplicado a ultranza en esa década. La vida nos demostró que el camino va por pequeñas áreas, la participación de la gente y una ciencia, que está en construcción, donde los científicos tienen que jugar otros roles”.

IPS: ¿Por qué rechaza la producción de alimentos transgénicos?

HR: Cuba puede generar muchas evidencias del modo en que se puede buscar soberanía alimentaría sin recurrir a los transgénicos.

Con la semilla transgénica se retrocede, tienes que depender de alguien para sembrar maíz y nosotros carecemos de capacidad para tener un sistema de semillas formal que pueda abastecer a los productores.

IPS: ¿En la variedad genética estaría además el secreto para afrontar el cambio climático?

HR: El acceso a la diversidad y el derecho a experimentar con ella es lo que nos ha permitido vencer los momentos difíciles y tener sistemas productivos resilentes. El reto es cómo convertir esto no sólo en una alternativa para salir de la crisis, sino en una genuina opción de desarrollo agrícola.

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