Nos convertimos en zombis

Caridad

HAVANA TIMES – El espíritu de la sociedad moderna es la corriente eléctrica. Sin ella, probémoslo, nos convertimos en zombis, al menos por un tiempo, el tiempo que tardemos en crear un nuevo espíritu. No se preocupen, no tienen que servir de conejillos de india para probar lo que digo, ya en Venezuela lo estamos demostrando.

El mes que recién terminó podría llevar, en lo adelante, el nombre de Apagón o, tal vez, tinieblas. Enero, febrero, tinieblas, abril. Pero al parecer abril está a punto de arrebatar su nombre a tinieblas. El primer apagón nos dejó 4 días a oscuras, el segundo no tiene fin.

El viernes 29 de marzo, por esta zona de la periferia de Barquisimeto hubo corte de luz desde la madrugada hasta las 3 de la tarde, apenas cuatro horas de luz y la volvieron a quitar hasta el martes 2 de abril, a las 8 de la noche. Un poco más pudimos disfrutar del invaluable servicio. Seis horas y otra vez a oscuras.

Mi sensación física anoche creo que se parecía un poco a la de los cosmonautas cuando regresan a la tierra. Sabía que la luz podría durar una, dos o tres horas, y aunque estaba cansada de la jornada del día, me senté a escribir a amigos y mi familia, a intentar trabajar un poco, pues mi economía depende casi totalmente de Internet. Lo que más me preocupaba era que hubiese electricidad en la mañana para salir a comprar comida.

Ya saben que en Venezuela conseguir efectivo es tan difícil como viajar sentado en una guagua en Cuba. La mayoría del comercio se hace con tarjeta electrónica. Sin electricidad en casi todos los estados del país es muy poco probable conseguir un negocio donde comprar sin efectivo. Los bancos cerrados. En algunos sitios, por esta zona, tienen una forma de pago: dejas tu tarjeta con la clave y tu cédula, ellos la llevan a algún otro negocio donde sí funciona el punto de venta, y 8 o 12 horas después puedes ir a recoger tu tarjeta y lo que compraste. Hay que estar totalmente desesperado para entregar todo tu dinero a un extraño.

En medio de las tinieblas informativas logramos escuchar un par de emisoras de radio, mientras el celular tuvo carga. Una era de una radio comercial, la otra era Radio Nacional de Venezuela.

En la radio comercial los locutores repetían, como un mantra, mantengan la calma, en cuanto tengamos alguna información se la haremos llegar, mantengan la calma.

Mantengan la calma.

Mantengan la calma.

En cada minuto, y no exagero, llamaban a la calma.

En la segunda noche de un apagón nacional al fin el ministro de Comunicaciones y de no sé cuántos ministerios más que tampoco funcionan, dio la cara. Perdón, no dio la cara, envió un mensaje de voz con un poema épico que mencionaba una bala de alto calibre, una bala fascista asesina había provocado este nuevo apagón. Un poema muy bonito leyó Jorge Rodríguez, pero no informó de nada.

Los locutores de la radio comercial quedaron tan anonadados como nosotras. Mantengan la calma.

Mientras, sus colegas de la radio estatal debatían sobre la bomba de neutrones.

Recordé algunas noches de mi infancia, cuando eventualmente se iba la luz, y mi tío nos divertía contando historias de terror. Estoy segura de que esa era la intención de los locutores pro Maduro, divertirnos al contar las amplias posibilidades de que el Imperio hubiera provocado este nuevo apagón para lanzar una bomba de neutrones. El momento era propicio, y describían graciosamente todos los efectos de la mencionada bombita.

Imagine que usted lleva dos días incomunicado, sin agua y el resto de las carencias habituales, que logre escuchar cinco minutos de radio y sea esa divertida historia lo que escuche. Me pregunto si hay alguna posibilidad de acusar a alguien de terrorismo comunicacional o algo así.

Al tercer día resucitó Maduro.

Su poema no fue tan bonito como el de Jorge Rodríguez. Se filtraba el ruido de la vajilla donde, seguramente, le servían el café. Las rimas de sus quejumbrosos versos solo hicieron sutil referencia a un presunto sabotaje, que ya ellos conocían que iba a repetirse.

No ofreció ningún dato real o técnico sobre lo que sucede. Repitió, un poco harto él mismo, la frase ataque electromagnético. Y finalizó con una frase al mejor estilo bíblico: estará sucediendo algo durante un mes. Claro que no dijo “algo”, pero la palabra que utilizó fue tan poco clara que toda Venezuela tendrá la oportunidad de crearle significados durante todo este mes.

Aconsejó, eso sí, que no perdiéramos la calma, que lucháramos por mantener la paz, bla bla bla, la paz, mientras sus tropas de FAES reprimen las protestas en las calles y caminan encapuchados por la ciudad de Barquisimeto a plena luz del día, en busca de sus presas.

El lunes pusieron la electricidad en Caracas. Con eso pensaron que ya todo el país la tenía y dieron inicio a clases. Al menos lo intentó Maduro. Lo último que supe fue que los maestros se negaron. Ni siquiera en toda Caracas hay servicio eléctrico, mucho menos en el resto de los estados, ni alumnos ni maestros tienen qué comer, ni agua, ni efectivo para el transporte.

En las últimas semanas han llegado aviones rusos a Venezuela. Los rusos, amantes del armamento estratégico, vienen a por los minerales de la amazonia. Desde hace varios años se habla de un importante yacimiento, justo en el territorio donde se haya El Guri. ¿Será esa una probable causa de estas tinieblas? O será solo la ineficacia y el robo de quienes administran el país.

Más allá de las causas, lo cierto es que los venezolanos están, sicológicamente, muy afectados. La crisis económica ha pasado a un segundo plano, cuando se logra comprar algo ya ni se protesta por el precio. La gente apenas logra comunicarse entre sí cuando los separan varios kilómetros, la desesperanza se va acomodando entre las costillas quitando los deseos de hablar, de respirar, de luchar. Esto solo hace bien al régimen, que golpea, amenaza y quita la libertad a los reporteros que intenten contar sobre todo esto. En Venezuela estamos secuestrados.

 

Caridad

Caridad: Si tuviera la oportunidad de escoger cómo sería mi próxima vida, me gustaría ser agua. Si tuviera la oportunidad de eliminar algo de lo peor del mundo borraría el miedo y de todos los sentimientos humanos prefiero la amistad. Nací en el año del primer Congreso del PCC en Cuba, el día en que se celebra el orgullo gay en todo el mundo. Ya no vivo al este de la habana, intento hacerlo en Caracas y continúo defendido mi derecho a hacer lo que quiero y no lo que espera de mí la sociedad.



Un comentario sobre “Nos convertimos en zombis

  • ¿Entonces el estado zombie es a partir de la carencia de electricidad? y supongo que lo es ante la falta de celular, de carencia de conexión a la internet, de la imposibilidad de acceder a las redes sociales… si las cosas fueran así entonces verdaderamente a esto ya se lo llevó el carajo totalmente.

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