Mala suerte, el Celular, y la Chicha

Caridad

Celulares

Una amiga venezolana, que por desgracia vive muy lejos de Caracas, me envió un celular que no utilizaba, para que yo no anduviese más como soldado sin fusil.

El asunto era sencillo, ir a la oficina de Movilnet, pedir una línea (solo 25 bolívares), comprar la tarjeta y listo, Yordanka conectada con  Venezuela y Cuba.

Pero no. Quizá los cubanos tenemos detrás al clásico mala suerte perenne que siempre te lo dificulta o hace imposible lo que emprendas.  O quizá sea yo la del “chino atrás,” porque cuando creí que todo estaba resuelto (a pesar de mi eterno despiste para el más simple papeleo) la empleada me informó que no podía acceder al menú de mi celular para programarle el nuevo número. Probablemente no tuviera arreglo, pero podía ir a la oficina de Lido.

Antes de que pudiera preguntarle qué cosa era ese Lido la empleada recordó que en un centro comercial cercano a mi hotel también brindaban el mismo servicio.

Por supuesto que estuve el resto de ese día buscando la pequeña oficina, pero cuando la encontré ya estaba cerrada. Al día siguiente insistí, pero el vendedor me confirmó que debía visitar al Lido…y dale con el tal Lido, ¿dónde queda eso?

“Entre Chacao y Cacaito”, dijó.

El edifício Lido

Ja ja, eso es como decirle a un extranjero en Cuba que el Cementerio queda entre El Vedado y Nuevo Vedado. Pero como mi amiga ya me había aconsejado que insistiera -que suelen hacer trampas para obligar a comprar un móvil nuevo- tomé el metro en dirección Chacaíto. Y no sé ni cómo dí con un gigantesco edificio con el nombre de Lido.

Cuando hablé con el empleado que se encarga de ubicarnos en los distitnos puestos de servicio, dentro de la oficina de Movilnet, , me pidió el celular, apretó unas cuantas teclas y dijo: Listo, haga usted su llamada.

Pero, ¿cómo, asi de sencillo? Y él no quiso hablar mal de sus colegas, pero de su frase a medias entendí que ellos no sabían muy bien lo que hacían. Casi le caigo a besos, y lo mejor: gratis.

A la salida una empleada me preguntó: ¿tú eres cubana? Todos me han dicho que Chacao y Chacaíto no son zonas que se caractericen por el apoyo al gobierno y, por ende, por el amor a los cubanos; pero de todos modos contesté que sí.

Y la muchacha ha comenzado a decir que estaba “loca por ir a Cuba,” que si “¿el pasaje es muy caro?,” que sus amigas le decían que ella parecía cubana y bueno…toda una demostración de simpatía que nunca esperé en ese lugar.

Así que ahí mismo me despedí de la mala suerte que traía atrás y me fuí al otro extremo de la ciudad, menos ostentoso en sus edificaciones, con un bulevar donde se pueden encontrar zapatos ¡Oh, benditos zapatos! a precios que en Cuba nos matarían de la alegría.

Pero como no andaba en busca de compras me escabuyí hacia los callejones paralelos, donde existen ciertos comercios que me hacen recordar la tiendecita de los horrores. El pequeño comercio privado florece aquí y ayuda mucho a los menos agraciados económicamente.

Descubrí una tienda de mascotas, donde pude reencotrarme con patos, gallinas, conejos, algun perrito, aves, peces; hablé con una niñita que admiraba los ojos color cereza de uno de los conejos; el vendedor quería convencerme de llevarme un recuerdo peludo o lleno de plumas, que en la Aduana sacaba el permiso, y seguí encontrando sonrisas por donde quiera.

Al caer la tarde, antes de montar al metro – frío y rápido, sin tiempo para sufrir el viaje – encontré un vendedor de Chicha.

Nunca la había probado y, para ser sincera, no me parecía que el maíz sirviera para beber – nosotros solo lo preparamos como dulce o comida- así que compré la ración más pequeña…y me arrepentí.

Desde esa tarde, cada vez que encuentro un punto de venta de chicha, compro el vaso más grande, y a Cuba me llevo la receta.

Caridad

Caridad: Si tuviera la oportunidad de escoger cómo sería mi próxima vida, me gustaría ser agua. Si tuviera la oportunidad de eliminar algo de lo peor del mundo borraría el miedo y de todos los sentimientos humanos prefiero la amistad. Nací en el año del primer Congreso del PCC en Cuba, el día en que se celebra el orgullo gay en todo el mundo. Ya no vivo al este de la habana, intento hacerlo en Caracas y continúo defendido mi derecho a hacer lo que quiero y no lo que espera de mí la sociedad.

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