La casa fea

Caridad

casa1HAVANA TIMES — La oportunidad de vivir solos es algo que, para muchos cubanos, se vuelve tan imposible como encontrar a Dios dentro de una iglesia.

Cuando llegué a Caracas estaba ansiosa porque sabía que no tenía un techo seguro. Aunque los padres de mi novia me habían visitado en La habana, no sabía por cuanto tiempo su paciencia venezolana, y ciertamente homofóbica, permitiría que ella y yo conviviéramos junto a ellos bajo el mismo techo.

Resulta que conseguir alquiler en Venezuela, sobre todo en el Distrito Capital, quizá sea más difícil que en Cuba.

¿Será que exagero? No sé, pero aquí hemos tardado 10 meses en conseguir uno con cierta decencia.

La mayoría de los alquileres en esta capital son anexos, es decir, habitaciones dentro de la casa de los arrendadores, generalmente sin mucha privacidad, con la condición de compartir el baño y la cocina.

¿Y qué de dos mujeres solas? Ya sabemos, tampoco es fácil que alguien deje entrar a su casa esta “clase de personas”.

Los pajaros que me despiertan.
Los pajaros que me despiertan.

Muchas veces piden carta de trabajo, referencias, hay que pagar varios meses de adelanto más otro de “regalo” para la legalización del Contrato.

Si se tiene hijos es más difícil. Aunque las nuevas leyes de Inquilinato multen a quienes pongan, a sus arrendatarios, la condición de no tener hijos.

Irse a vivir a un “Barrio” (un cerro) no es la mejor opción si no se conoce a nadie de la zona. El ser nuevo en el barrio no proporciona demasiada seguridad personal.

Y ni hablar de los precios, por supuesto, pero eso en Cuba es muy similar, con la diferencia de que, por acá, hay más libertad a la hora de “inventar” el dinero.

A pesar de todo eso, no tuvimos que salir corriendo de la casa de mis suegros, les agradezco que soportaran, pacientemente la mayor parte del tiempo, nuestra presencia.

Justo antes de finalizar el año recibimos una llamada que nos alegró la navidad, y gracias a los ahorros de varios meses de trabajo, tenemos una habitación en una casa antigua y descuidada.

Vista de la ventana.
Vista desde la ventana.

La Casa Fea, le dicen por aquí, porque no es como el resto de las de la zona, bien pintada y pulcra. Pero con un patio sombreado por una mata de mango, con unos inquilinos que nos han abierto sus brazos y su amistad. Un gato llamado Ramón y, sorpresa, una perra que lleva en el cuello su nombre: Habana.

Nuestra habitación tiene dos amplias ventanas por las que entra muchísima luz, una de ellas con vista a la montaña que casi podemos tocar con las manos.

Al amanecer, en vez de la intensidad de los autos, es la bulla de los pájaros la que nos despierta, incluyendo las gallinas de un vecino.

Todavía no comienza la época de lluvias, eso nos mantiene alegres, porque por ahora la gotera del techo no regala su incondicional estornudo.

Por ahora, no cambio la casa fea por ninguna otra.

Caridad

Caridad: Si tuviera la oportunidad de escoger cómo sería mi próxima vida, me gustaría ser agua. Si tuviera la oportunidad de eliminar algo de lo peor del mundo borraría el miedo y de todos los sentimientos humanos prefiero la amistad. Nací en el año del primer Congreso del PCC en Cuba, el día en que se celebra el orgullo gay en todo el mundo. Ya no vivo al este de la habana, intento hacerlo en Caracas y continúo defendido mi derecho a hacer lo que quiero y no lo que espera de mí la sociedad.

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4 thoughts on “La casa fea

  • disfrutala y de a poco la iras embelleciendo con pequeñeces para convertirla en tu hogar,,,te envidio la mata de mangos jajaja

  • ¡Gracias!…tienen razón…besos

  • Cary:

    Con frecuencia, la belleza de una casa se la proporciona el inquilino. Tener un techo ya es algo para agradecer. Disfrútalo y consérvalo.

  • Pero nena, la que tienes aquí no es muy linda y debes que compartirla, así que esa con privacidad es preciosa.

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